domingo, 4 de febrero de 2018

QUATERNIONES de Emilio Rodríguez Almeida

Quaterniones es un libro póstumo del profesor Emilio Rodríguez Almeida, cuya publicación por CALDEANDRÍN EDICIONES ha sido posible gracias a Juliana Wilhelmsen, su esposa y documentalista. Buscábamos honrar nuestro catálogo editorial con algún inédito del profesor; pero cuando Juliana nos mostró los cuadernos de campo de Emilio, descubrimos como una revelación que el material para un posible libro debía salir de aquellos cuadernos.
Quaterniones es el diario de su actividad docente e investigadora durante la etapa final de residencia en Ávila: notas de clase para los cursos que impartió en Los Serrano desde 2004 hasta 2015, revisiones parciales y puesta al día de publicaciones anteriores, apuntes personales llenos de lirismo estoico, advertencias sobre conservación del Patrimonio, noticias sobre descubrimientos arqueológicos, crónicas de encuentros y desencuentros con autoridades y responsables de Cultura; incluso, algunas páginas literarias que parecen haber sido escritas como paréntesis emocionales abiertos entra las otras, las científicas. La costumbre de fechar sus escritos, por cierto, casi siempre en latín y siguiendo el calendario romano, permite seguir el día a día de su escritura. Hay en los Cuadernos materia de estudio abundante y, sobre todo, la constancia de un trabajo ordenado y continuo.
A la vista de aquel tesoro manuscrito, tan rico en imágenes y tan sugerente en su confección, decidimos plantear la posibilidad de editar un facsímil que mostrara la espontaneidad y riqueza de los textos en su estado primario y más próximo a la circunstancia de su creación. Podía servir, además, de recuerdo personal para sus amigos y para cuantos fuimos sus alumnos y en su día habíamos disfrutado con alguna fotocopia que sirvió de guía para sus clases. La decisión implicaba tener que desencuadernar aquellas páginas que fueran a servir para el conjunto. Mayda Anias, la editora, se lo propuso a Juliana. Hicimos algunas pruebas de separar las páginas de los cuadernos e integrarlas después en su lugar. Podía hacerse.
Nos propusimos que el libro tuviera forma de cuaderno para ser lo más fieles que fuera posible al original; también, ir a un formato mayor que el habitual en nuestras ediciones. Debíamos realizar una selección de contenidos que interesara sobre todo a los lectores de Ávila, a los cuales estaba destinada la edición. Poco a poco fue revelándosenos la idea de que debía ser un libro-homenaje y de reconocimiento del humanista que tanto amó a esta tierra. Así pues, tendría que contener temas sobre la historia de la Ciudad, pero también otros sobre su Tierra, sobre todo de los lugares más amados por él, como Madrigal, el castillo roquero de Aunqueospese, los puentes históricos de la Provincia… y sus clases en  Los Serrano.
Los Cuadernos nos dejan la imagen del intelectual interesado en muchos saberes: historia, arquitectura y materiales, arqueología, epigrafía, geografía del territorio, toponimia, filología clásica. A todo ello hay que añadir habilidades que convierte en disciplinas auxiliares para la edición de sus libros, como el dibujo y la fotografía.


CONTENIDO

Presentación.
Un muro heterodoxo y una epígrafe «anticipada».- El primer romano documentado en Ávila y otra inscripción vecina (muro Este).- Inscripciones romanas de Ávila correspondientes a la antigua trashumancia.
Los Extrema Durii en Ávila.
Los lares viales.- Piedras trashumantes y piedras “emigrantes”.
Dos provincias y una sola ambición.- Mons Herminius = Mons Hervasius = Gredos .
¿El sepulcro de Prisciliano?
Epígrafes romanos abulenses en la Muralla et alibi.
Insolita quaedam. De arqueología romana.
Juvenal entre rubores y exaltaciones cínicas. El Castillo Roquero de Ávila.
El Castillo Roquero de Ávila, llamado vulgarmente “Aunque os pese” (Sotalbo).
Ávila Oeste. Valle Amblés. VII Relación.- Una introducción necesaria.- El valle Amblés, refugio y fortaleza de Viriato.
Puente de Campo Azálvaro (Cañada Leonesa oriental). Sobre las directrices de las grandes cañadas.
Tardomudejarismo en Madrigal (Ávila). Los tableros del coro de S. Nicolás de Bari.
Los desastres de la Dirección General de Bellas Artes en Madrigal. Un botón de muestra de 1952-1954.
El desconocido retrato de Miguel de Molinos.
Ya no estoy para pejigueras.

Que disfruten con la lectura cuanto hemos disfrutado nosotros con su edición.

sábado, 20 de enero de 2018

El escribano de Muñotello (I)

En el medio siglo largo que va de los años 1741 a 1808 se documentan en Muñotello (Ávila) al menos tres escribanos reales y del Número de los cuales nos han  llegado noticias: Julián Jiménez (1741 – 1742), Marcelo Hernández de Martín (1753 – 1761) y Cayetano Alonso Pacheco (1794 – 1808). Los escribanos eran los notarios de ahora. Ante ellos pasaban escrituras de compraventa, de arrendamiento, testamentos, contratos de todo tipo que escribían en papel sellado y a final del año encuadernaban en sus voluminosos legajos. A nuestra librería de CALDEANDRÍN han llegado cinco de estos protocolos. Su examen me ha proporcionado muchas referencias de lugares y personajes de los pueblos de la comarca: no solo Muñotello, sino también de Pradosegar, Amavida, Muñana, Poveda, Cepeda de la Mora, La Hija de Dios, Mengamuñoz, etc.; y de despoblados y lugares como El Risco e Izquierdos. Me ha interesado especialmente Pradosegar para comprobar que los topónimos de los siglos XVIII y XIX siguen vivos, más que los apellidos, algunos de los cuales han ido desapareciendo. Me propongo dar noticia en este artículo y otros que vendrán después  de quienes nos han precedido en el dominio de prados, tierras de siembra, huertos y casas. Tal vez algún lector encuentre en ellos a un antepasado o alguien relacionado con su familia.

Allá vamos. Es la mañana del 16 de marzo de 1795, reinando en España Carlos IV, aficionado a la caza y a hacer calceta. Todavía hace frío para andar por los caminos tan temprano. Domingo, que vive en Poveda, ha bajado montando su burro hasta Pradosegar para buscar a Antonio. Van a ir juntos a Muñotello porque han acordado el pasado septiembre la compraventa de dos “cachejos” (habría dicho Antonio para restarle importancia a la operación) que quiere comprar con los ahorros del "estajo" de los tres años pasados. Saben que a don Cayetano, el escribano, no le gusta escriturar después de las once, así que habrá que madrugar. Vedlos ahí, en sendos borricos, por el camino de Muñotello, dispuestos a confirmar la compraventa. Después, a la vuelta, han acordado convidarse en la taberna.

 Escritura de venta real que otorga Domingo Gómez, vecino de Poveda, en favor de Antonio Hernández Vaquero, vecino de Pradosegar.

… media huebra de tierra al sitio del Zerbunal, término de Pradosegar, que linda por solano [Este] con tierra de Manuel Rosado, vecino de Pradosegar; por cierzo [Norte]  con tierra de Gerónimo Ximénez, vecino de Poveda; por ábrego [Sur] cerrada de la Capellanía, que agora goza don Ignacio Hernández Lago; y por gallego [Oeste]  con tierra de la iglesia de dicho Pradosegar. Y otra media huebra de tierra al sitio del Toscal [sic], término del prenotado Pradosegar, que linda por solano con tierra de Andrea Ximénez, vecina de dicho Pradosegar; por cierzo con tierra de Félix Rejón, de la misma vecindad; por Gallego con tierra de Santos Barroso, vecino de Amavida; y por ábrego con tierra de Bartolomé Sánchez, vecino del lugar de Poveda… las aseguro y vendo en precio y cuantía de 200 reales de vellón y siete fanegas de centeno, que cada fanega estimo en 30 reales de vellón… [No firman por no saber]

Don Cayetano tiene siempre dispuestos a dos testigos para el caso frecuente de que los sujetos no sepan firmar; así que Antonio y Domingo han puesto una cruz al pie del documento y se han dado la mano en señal de acuerdo. Antonio Vaquero ha pagado los veinte maravedises del papel sellado más los dos reales del asiento con una parte de lo que le han pagado por la venta de una carga de patatas que llevó a Villascastín el pasado otoño; porque los doscientos reales ya se los había pagado en Poveda  a Domingo Gómez un mes antes por San Blas.

¿Alguien identifica hoy estas dos tierras? ¿De quién son ahora? ¿Este Antonio Hernández Vaquero de los últimos años del siglo XVIII habrá dejado descendencia en Pradosegar hasta hoy mismo? He aquí algo de que hablar, sentados al solecito de estas tardes de enero. Espero respuestas.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Las Estampas de Carlos Sánchez Pinto

La afirmación tan repetida de que “una imagen vale más que mil palabras” se estrella ante una realidad verbal tan viva como la de Estampas color sepia de Carlos Sánchez Pinto (Caldeandrín, 2017), un narrador “castellano” excepcional, como acreditan los más de treinta premios literarios conseguidos en las tres décadas que van de 1976 a 2006, algunos tan relevantes como el Ateneo Ciudad de Valladolid (1978) con la novela Nonato, música de rabel, o el Ciudad de Badajoz (2005) con la novela Maderas de Oriente. ¿Dónde estriba la clave de tanto éxito, en un mundo tan difícil como el literario y en el caso de un autor que no se considera escritor profesional, como él mismo ha señalado en ocasiones? La respuesta es: en su rara habilidad para encontrar en los temas etnográficos, preferentemente rurales, la fórmula para hacer que trasciendan hacia el discurso literario con naturalidad, sin la afectación que es frecuente encontrar en intentos de esta clase.

El autor nos presenta en sus Estampas algunos oficios  (el zapatero, el hojalatero, el trillero entre otros muchos), como lo hacen todavía los azulejeros de Manises, Talavera o Sevilla, perpetuadores del trabajo de los gremios; o aquellos almanaques, aleluyas y “aucas” de oficios que se regalaban por Navidad o Pascua Florida. Pero en este costumbrismo de las Estampas, siempre hay un personaje detrás del oficio, que convierte su quehacer de maestro en gesta cotidiana, contemplada por el narrador con la admiración que procede de la mirada infantil adoptada como punto de vista, más la compasión aportada por el sentimiento de nostalgia. El lema que abre el libro ya advierte sobre el poder destructivo del tiempo y sobre el peligro de que pueda acabar, incluso, con la memoria. Quiero imaginar a Carlos recitando, en alguna de las clases de latín que compartimos un día, aquel texto del poeta Ovidio: “Tempus edax rerum” (el tiempo que todo lo destruye). Y procurando ahora, con su escritura que no se nos caiga encima el mundo en que crecimos.
Otras veces no son oficios, sino paisajes de infancia (la barbería, la casa de David o el huerto de don Hipo y otros muchos) los escenarios que suben el telón para que lector (espectador)  asista a historias en las que puede encontrarse con comedia, con drama o con ambas cosas a la vez.
Ámbitos, oficios, personajes, faenas de temporada, costumbres quedan iluminados con la luz de una prosa que nos reconcilia con el mejor castellano clásico moderno, gracias, también a un caudal léxico que se nos antoja inagotable.

El lector (es mi caso) no se conforma con la recreación de este mundo vuelto a poner en pie por Carlos Sánchez Pinto. Quiere saber más e indaga en la toponimia que va dejando en sus páginas. Y descubre que el autor ha ido armando en el libro algo así como unas memorias de su infancia en el pueblo de Salvadiós (Ávila); así que, para lectores que nunca hemos podido prescindir de interesarnos por lo que hay de ficción y de realidad en el relato, que perseguimos la literatura de la memoria por adicción insuperable, estas Estampas color sepia son un regalo impagable.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Presos políticos en Cataluña

“Cataluña, cuatro: Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona”. Así lo recitábamos en la escuela de la Casa Social Católica, recién apagados lo fuegos de la guerra y con las calles repletas de ¡Franco, Franco, Franco! (tres), ¡Arriba España! (una), ¡Viva la Virgen de Fátima! (otra) y qué se yo que más. Así que lo de /lléida/ y /yiróna/ no acaba de entrarme. Luego, cuando el insti, íbamos los domingos al Teatro Principal o al Cine Gredos a ver películas en las que salían  Estiguartgranjer, Alanlad y  Maurenojara. Éramos todos de francés, no estábamos obligados a tirarnos el moco pronunciando bien cualquier otra lengua. Siempre hemos tenido nuestros desencuentros con la pronunciación correcta. Más tarde, ya en la carrera de Románicas, estudiando catalán, seguíamos pronunciando /lérida/ y /jeróna/ recalcitrantemente y no nos suspendían.

Pero sí aprendimos pronto en las clases de redacción, con Pepita Sánchez Reyes, que había que tener cuidado con los adjetivos porque no siempre daba igual ponerlos delante que detrás del sustantivo: un pobre hombre no era lo mismo que un hombre pobre, porque era mejor ser pobre en un caso que en otro. Ella lo explicaba mejor.

Dedicado a Pepita, que, además, vive en Barcelona, me consta; para que vea que seguimos recordándola: no es lo mismo PRESOS POLÍTICOS que POLÍTICOS PRESOS. Lo digo por los de Soto del Real y Estremera. También se lo dedico a mis parientes catalanes, que algunos tengo y a toda la patulea que clama en las calles de Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona.