martes, 22 de junio de 2010

Vivíamos en un palacio 7 / Dormitorio con vistas


Los de Primero y Segundo teníamos el dormitorio en el último piso. Desde las ventanas se divisaba el esplendor de las estribaciones de Gredos, verdes y azules, alguna vez nevadas. Sabíamos que era primavera porque llegaba hasta nuestras ventanas el chirrido de las cigarras y los grillos, la blandura de los granados en flor y el olor pegajoso de las jaras: daba pena acostarse tan temprano. Cada vez que subíamos o bajábamos, la escalera se convertía en una larga hilera de sotanillas. Estaba prohibido hablar, correr y empujarse en la ascensión y el descenso, pero si el prefecto se distraía y perdía de vista algún punto de aquella escala de Jacob, las ánimas nos las arreglábamos para contravenir las reglas y ejercer de niños indisciplinados y sin vocación, sobre todo cuando se trataba de bajar acicalados para el paseo. Lo de subir a dormir cada noche era un acto de mayor sumisión y menos regocijo: había que desnudarse con un pudor que no entendíamos, quitando y poniendo prendas por un precedimiento complicado de ocultación que no tardamos en aprender. Algunos no tenían pijama y se metían en la cama con el guardapolvos o como Dios quisiera: el caso era meterse entre las sábanas vestido, aunque fuera de inclusero. Un cuarto de hora después de haber llegado al dormitorio, llegaba don Celedonio, rezaba con nosotros y ordenaba silencio.
La cama se convertía cada noche en el útero al que necesitaba volver, recogido en un ovillo sobre mí mismo como la crisálida que espera su metamorfosis.
Se oían a lo lejos las esquilas de las cabras que volvían del ramoneo, las voces con acento llamando “¡Niñaaa, que te he dicho vengah ya!” que tanto nos gustaban, las palmadas llamando al silencio en el dormitorio vecino y los primeros ronquidos de los más dormilones.
Una mañana me desperté húmedo y con frío. Mis sábanas eran el mapa dibujado de una gran isla amarilla en medio de un mar de amoniaco.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Quién pudiera tener aquel niño!

jmrwinthuysen dijo...

Hombre, Jesús, ya nos has hecho la pirula: empiezas a gastar letra con lo del "esplendor de las estribaciones", y cuando al niño se le viene encima un problema que interesa, es decir, que se orina el pobre protagonista, cortas... ¿Y ahora qué? Tú lo dejas ahí mojado y nosotros a esperar a que te dé por sacar la siguiente entrega, ¿no? ¡Valiente folletinista estás hecho!
J.

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