lunes, 29 de noviembre de 2010

Rotondas de Ávila

Amigo jmrwinthuysen:
¿Por qué cuando me pongo a escribir sobre La Celestina me sales con la rotonda del cementerio? ¿Me estás provocando para que escriba sobre la ruta de las rotondas? Pues te prometo que lo haré cuando las haya visto todas, porque por ahora descubro que cada día que salgo fuera de la cerca me encuentro con una nueva. O tal vez ocurre que no reparo en ellas más que cuando voy en el coche y tengo que pelearme con los demás conductores para interpretar si la preferencia es mía o es de este otro señor que pone las luces de la izquierda para girar a la derecha. Seguro que lo hace para protestar contra le estética urbanística. Por ahora puedo decirte que me obsesiona una que he visto en El Recreo con una cremallera medio bajada, no sé muy bien si de falda de tubo o de pantalón de exhibicionista. Y ahí está el problema: que, según la interiorices puedes resultar homo, hetero, un pervertido o todo a la vez. Hasta que no lo resuelva, prefiero salir se la ciudad por otras rutas.
En fin, ya te contaré. Pero no me provoques, que ya sabes que a mí no me gusta meterme en líos.

3 comentarios:

Elena Lechuga dijo...

Jopetas, qué rotondas más interesantes en su tierra. Las de por aquí son más aburridas

kika... dijo...

lí-o lí-ooooo

quiero lío...

¡besos!
K

jmrwinthuysen dijo...

Entonces hablemos de asuntos sin espinas: ¿qué tal el conciertito de Pablo Milanés, con su sonido crispante de agudos e ininteligible de cantables, sus cuarenta minutos de teloneros que vociferaban naderías como si fueran los últimos mensajes de salvación para la humanidad corrompida, sus Yolandas que no tarareaban tan encandiladas desde que iban a misa y los hooligans del altavoz derecho reclamando sus 33 euritos? Infórmame un poco, anda... (sin meterte en líos, por supuesto). Yo reconozco que, como había convencido a Monika para ir tuve que mantener el tipo y fingir que habíamos hecho bien en ir. Eso me costó luego unas buenas burlas de vuelta a casa.
J.

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