domingo, 17 de abril de 2011

José Antonio Carmona "Charmo"

Mi querido Charmo: Todavía me asalta la idea imposible de que va volver a sonar el teléfono, como aquel día de hace dos meses, y en vez del anuncio de que ya no podré volver a hablar contigo, vas a a ser tú mismo quien me dices que estás un poco mejor, que te han hecho nuevas pruebas, que tienes ganas de venir a Ávila a seguir buscando casa, que vas a enviarme más versos. No pude despedirme de ti como hubiera querido (Por aquellos días casi me voy contigo, aunque no sé a dónde y a qué. Yo tampoco quería morirme). Es ahora cuando lo hago, apenas repuesto del ahogo que me produjo la llamada. En mi memoria quedan viñetas de tu vida pegada a la mía desde que nos conocimos en el Insti de Vallespín: los partidos de fútbol en el coso de San Vicente, las clases con Mari Pepa. La vida de estudiantes en Madrid, cuando no había manera de llegar a fin de mes comiendo decentemente. Versos leídos en la Semana Santa de Ávila, los mejores de la velada siempre los tuyos. Los vinos, demasiados, en Teodorillo con Zamorano y el Pistolero. Las risas y la mirada crítica hacia cuanto se movía en nuestro entorno, tú siempre más a la izquierda de mi izquierda, que nunca te pareció suficiente. Más tarde, siempre "amigos y residentes en Madrid", nos veíamos de tarde en tarde (¡qué ciudad tan difícil para cultivar la amistad!), pero en cada ocasión renovábamos con gozo el voto de complicidad que habíamos sellado de adolescentes. Los libros, siempre los libros que ya no sabíamos dónde colocar. La escritura intercambiada: tú a mí los poemas y yo a ti los relatos. Y aquellos planes siempre aplazados de fundar una revista, de editar por nuestra cuenta para no depender de nadie. Tu estudio de pintura -qué buena pintura- en el corazón del Rastro.


Apunte de Charmo para un cartel



Ya ves, mi querido Charmo, que si ahora que no puedes oírme te digo que te echo de menos, es por muchos motivos vitales, “de vida” compartida. Te pedí permiso para colgar en la página de Caldeandrín un poema tuyo y ahora invito a los amigos y seguidores de mi blog, en el que llegaste a escribir algún comentario, a que disfruten de una poesía excelente que no contó con la suerte que se merecía (algún día contaré con menos amabilidad mi papel de agente tuyo en Ávila).


http://www.caldeandrin.es/extramuros3.html http://www.caldeandrin.es/extramuros4.html


No caeré en el tópico de decirte que me esperes. Me ocurre lo que a ti: que yo tampoco quisiera morirme por ahora. Y además, tú y yo sabíamos, sabemos que, puestos en el trance, no hay a donde ir. Pero me declaro uno de los tuyos para tenerte vivo en el recuerdo.

1 comentarios:

La Flaca dijo...

Solo nos adaptamos a la ausencia, convivimos con ella, pero nunca terminamos por aceptarla. La evocación es el homenaje silencioso y diario. Quedémonos con eso, amigo mío, mientras dure la nada.

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