martes, 16 de febrero de 2010

Cucurrumachos


Lo de Navalosa el domingo de Carnaval no se parece a nada. Es como entrar en un episodio oscuro del pasado, tan lejano que resulta difícil relacionarlo con algo de lo que uno sabe o ha estudiado. Mi amigo el Adjetivero se hubiera puesto las botas allí la otra tarde: ancestral, misterioso, inquietante, aterrador, primitivo, espeluznante... Se me olvidaba uno que le habría encantado: tribal. Eso es lo que le gusta al Adjetivero: atascar la prosa y el discurso con toda clase de residuos que hay que ir despejando para encontrar la idea. Prefiero quedarme con los sustantivos y los verbos. Para vestirse, mantas pingueras, de las que han acabado con los años sirviendo de cubresomieres en las casas. Sacos de heno o paja para hacerlos llover con prudencia sobre los asistentes. Cuernas de carnero, huesas, quijadas, caretos de vacuno para asustar, aunque los niños ya nacen aquí curados de espanto. Crines, cabellos, greñas para ocultar el rostro. Tocones, raíces, troncos de parra para llevar en la mano. Y cencerros, muchos cencerros, que suenan como si la manada de lobos hubiera irrumpido en la majada. La estética, si la hay, consiste en retorcer lo cotidiano.
Serranas y serranos hacen corro alrededor del mayo a estas alturas seco, custodiado por otro corro menor en el que un mocito serio, "la vaquilla", espera la muerte. La gente asiste al ceremonial con poca bulla, casi lo mismo que a un oficio de pasión. Cuando suena el disparo que derriba a la vaquilla, todo se vuelve fiesta: suenan la dulzaina y los parches, los cucurrumachos se hacen amables y se dan a conocer despojándose de sus máscaras, las mozas reparten chocolate y bizcochos y todos se muestran satisfechos por haber participado en un rito, el suyo, cuyo origen desconocen. Estos cucurrumachos ya no son ganaderos que entienden de vaca implada y vaca con paralís. Son ingenieros, empleados de banca, profesores que vienen al pueblo desde la capital para encontrarse con la tradición. Pero vuelven, que eso es lo importante.
Mañana es Miércoles de Ceniza. Don Carnal cederá el paso a doña Cuaresma y se terminarán los adefesios por unas semanas, hasta que lleguen los otros, los de estación y penitencia.







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