jueves, 16 de junio de 2011

Indignaos / Indignás

Lesmes Andueza lleva tiempo haciéndose un lío con las palabras: ¿indignaos o indignaros, como se ha dicho toda la vida?, ¿o es que indignaos es para el masculino y si se trata de las chorbas debe decirse indignás? Ha consultado el Manuel Seco y allí no dice nada. Ha preguntado a sus antiguos colegas filólogos y le han respondido con un yo qué sé, mira yo estoy en otras cosas. Así que el otro día, aprovechando que se le habían terminado las cápsulas de la cafetera (otra nueva sevidumbre), el té negro desteinado y el muesli malteado para los yogures, se acercó a Madrid, a ver si en la Puerta del Sol se lo aclaraban. Todavía no se había levantado oficialmente el campamento de refugiados del 15M, así que Lesmes Andueza pudo recorrer el solar y pasear entre las jaimas: cultura, con los carros del súper atestados de libros; medios de comunicación, con dos o tres ordenadores y muchos papeles y una tribuna desde la que disparaban y rodaban algunas cámaras; dos cabinas sanitarias, o sea, dos retretes de cuya base escurrían sendos hilillos pestíferos. Una pareja, en el interior de un cobertizo a medias entre lo que viene siendo una tienda de campaña y un puesto de melones, dormitaba en un sofá tapizado en azul abuela. En todo el zoco olía a mierda, como en los viejos tiempos. En la asamblea diaria, que Lesmes Andueza no podía perderse, la joven indigná pedía “no aplaudáis, mejor que mostréis vuestro acuerdo como venimos haciendo”, y todos se pusieron a hacer los cinco lobitos con las dos manos. Y cuando dio por terminada la asamblea, agradeció con su tono más pijo y encantador “gracias por indignaros”. O sea, “por indignaros” y no “por indignarse”, pensó, no vale decir “si me queréis, indignarsus” ni “se indignen, coño”. Y Lesmes Andueza entró en un estado de espiral gramatical con lo de la indignación que solo pudo superar en el Callejón del Gato con una de bravas y otra de boquerones fritos.
Al día siguiente, asistío a la toma de posesión de los concejales en Ávila, cuatro de ellos sus amigos. A la salida los indignaos locales lo abuchearon porque iba con corbata y debieron de pensar que era un baranda más, a él, que había mostrado sus simpatías con el movimiento desde el primer día. Y se le vino el pronto de decirles “irsus, versus”, como se espantaba a los muchachos revoltosos en su pueblo; pero no lo dijo, porque se acordó de hace muchos años, cuando también él estaba harto del sistema, y aquello sí que era un sistema, y no se podía abrir la boca sin que te la cerraran de un sopapo.
En los días posteriores el 15M ha emprendido otros derroteros y ya Lesmes Andueza está en otros asuntos. Ha recuperado el orden de la gramática y el lexicón y vuelve a sentirse seguro.

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