martes, 21 de junio de 2011

La calle Estrada. Aprender a mirar los suelos

Mi amigo el escritor Juan Martínez de las Rivas me envía un artículo, ejemplo de buen gusto y prosa excelente. Un ejercicio de descripción comprometida mediante la selección del léxico y la imaginería imprescindible. Le ofrezco publicarlo en mi bitácora y accede. La circunstancia de haber coincidido hace décadas en el mismo colegio, él como alumno y yo como profesor, me autoriza ahora a leérselo al resto de la clase. Para que aprendan. Pongan atención, también los que prefieren sentarse atrás: arquitectos, conservadores del patrimonio, concejales, contratistas... Dice así:



Hay una calle en Ávila que serviría para iniciarse en el aprecio de los pavimentos tradicionales. Por su centro discurre una ristra de lajas rectangulares que, por una concavidad suave excavada en el granito, conduce el agua a los sumideros. A los lados de ese eje se alternan, en un logrado contraste, el granito labrado y rectángulos de adoquines dispuestos en espiga y de color rojizo. El conjunto del solado tiene la ligereza de lo compuesto con buen gusto y crea una atmósfera muy particular, única ya en Ávila. Cuando se pasea sobre este empedrado, en la distribución de la luz o del agua de lluvia se percibe la vibración y diversidad de matices de lo que no es obra rápida de radial y máquina pulidora. Es una de esas calles que los directores de cine encargan buscar como escenario. Es probable que la esmerada composición del pavimento se deba a su uso peatonal antiguo, sin aceras, por su acceso difícil a coches y carros. En cualquier caso, sería una suerte contar hoy en el Ayuntamiento de Ávila con alguien de capacidad y gusto semejante al de su autor.
Los pavimentos tradicionales como el de la calle Estrada escasean en Ávila. Se eliminan sin la menor consideración y se sustituyen por piedra pulimentada a menudo, quebradiza, de mala calidad y desentonada con los edificios. Y cuando no se sabe qué hacer, se da rienda suelta a la cursilería y a composiciones grotescas. Supongo que no es necesario poner ejemplos de plazas y rotondas chuscas. Si comparamos los suelos de Ávila con los de ciudades históricas europeas encontraremos muchos motivos de vergüenza. Esperaba que, al menos, esta pequeña calle peatonal que une el Grande y la plaza de Italia sería respetada, como muestra de lo que ya no podemos disfrutar, pero desde ayer se puede observar que las obras de repavimentación nos están privando de su solado antiguo. El cursillo para aprender a mirar suelos que Ávila necesita llegará tarde y tendrá que dictarse con fotografías. Me pregunto si no es posible conciliar mejor en nuestra ciudad (otras lo consiguen) la comodidad y el patrimonio, sin la desaforada afición por las obras estilo Leroy Merlin con que arrasan piezas de la historia ciudadana los que debían mantenerla. No me pregunto por el destino de las lajas de granito labrado extraídas del suelo, porque eso sería suponer que alguien entre los destructores sabe valorar esas piedras.


Juan Martínez de las Rivas

2 comentarios:

Mayda dijo...

Amigo Juan Martínez de las Rivas, tu artículo, convertido en post, y la imagen que lo acompaña bien podrían ser el preámbulo de ese cursillo al que se apuntarán los de los Serrano, donde seguramente a la Caja se le ocurre alguna cosa cuando pase el tiempo (un buen tiempo, quiero decir). Opino lo mismo que tú y es lamentable que una ciudad que admiro cada vez que camino por sus calles (por suerte quedan los edificios, para no tener que mirar esas lajas colocadas ya en tantos sitios)deba ser estudiada en un aula equipada con tecnología punta, con lo fácil que es dar una vuelta y ver, palpar y comentar.

Anónimo dijo...

Me ha encantado, Jesús y Juan.
Yo soy abulense pero ahora vivo en Burgos y aquí también se han cometido múltiples barbaridades con el enlosado a discreción. Sinceramente, nunca me había fijado en el pavimento de la calle Estrada, pero ciertamente es un gran ejemplo.
Gracias y un saludo
Héctor

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