martes, 18 de octubre de 2011

La Conferencia de Paz


Aquel año el Comité Nobel Noruego lo tuvo más bien crudo para decidir quién iba a recibir el Nobel de la Paz en el Ayuntamiento de Oslo. La Conferencia de Paz de San Sebastián había sido un éxito, un hito decisivo en el camino emprendido para solucionar el conflicto vasco, según algunos; y según otros, una traición humillante para las víctimas. Para hacer más fácil la comprensión de lo que ocurrió aquel año en la reunión calificadora del Comité, nos referiremos a sus componentes como Uno, Dos, Tres, etc. Pues bien, Tres propuso que el premio le fuera concedido a Bertie Ahern, antiguo primer ministro irlandés por la confianza que había infundido en que la Comunidad Internacional y Europa mediarían entre los dos enemigos irreconciliables: España y Euskadi. A Dos le parecía mejor que el Nobel lo recibiera Koffi Annan, exsecretario de la ONU, porque al ser negro se podían matar dos pájaros de un tiro (lo de “matar de un tiro” después se corrigió en el acta y lo de “negro” también, por aquello de no volver a dar pistas a ETA, al Ku Klus Klan y a otras varias organizaciones amantes de la paz y de la cohesión social a lo largo de la reciente historia. Pero Tres, que era el más documentado del Comité les hizo reparar en que Koffi ya lo había recibido en 2001, así que nada. Uno subrayó el papel moderador del dirigente del Sinn Feinn, Gerry Adams, enemigo de imponer nada y que, además, debería haber recibido el Nobel de la Paz ya hace años, para entrar en la nómina de los “espúreos”: Kissinger, Arafat, Begin, Shimon Peres y Obama (lo de “espúreos” lo pensó, pero no lo dijo). Cuatro era partidario de dárselo a Patxi López, por su contribución a la creación de eufemismos, tales como “concordia de la ciudadanía vasca”, “ ciclo terrorista”, “consolidación de la convivencia democrática” y otras perlas del politiqués; pero Tres, que estaba interviniendo en plan mosca cojonera, protestó diciendo que eso era cosa de academias de la lengua, no del Nobel de la Paz. Cinco presentó la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero, que había venido trabajándoselo desde hacía años y, como ya no era presidente, estaba buscando algún brillo postrero. Pero Seis llevaba la candidatura de Rubalcaba, auténtico artífice de todo el conglomerado de políticas antiterroristas de los últimos años. Por fin entró en el Comité Siete, un antiguo miembro de ETA, recolocado en el Comité y dijo: “En nombre de la Organización, les digo que los merecedores del Premio Nobel de la Paz de este año son las víctimas de nuestros asesinatos: 313 civiles, 209 guardias civiles, 154 agentes del Cuerpo Nacional de Policía, 106 militares, 32 políticos, 26 policías locales, 13 ertaintzas, 11 jueces, más cientos de mutilados y miles de familiares y amigos que no han podido superar el recuerdo de nuestras acciones”. Todos los del Comité se sumaron a la propuesta y aquel sí fue un Nobel de la Paz sonado.

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