martes, 17 de julio de 2012

Con Hopper en el Thyssen

El domingo me encontré con Hopper en el Thyssen. Claro que no estaba solo, me rodeaba una multitud de turistas culturetas y también de amantes al arte: los primeros hablando a gritos, ponte más allá, más, más, para tirar la foto permitida ante la performance de Sol de mañana y participar en no sé que concurso, o buscando La casa junto a la vía del tren para recordar la película de Hitchcock, mira, es mismamente la casa del Tonicurtis; y estos otros (me incluyo) procurando encontrar un resquicio entre grito y grito o codo y cadera para admirar el atrevimiento de esta composición, estremecerse con la soledad que supuran los personajes, deslumbrarnos con los colores cálidos  de los planos vibrando en el claroscuro. Una celadora bisbisea y ordena guardar silencio, pero es inútil, crece el griterio porque los visitantes barruntan la hora del almuerzo mientras la mujer que lee en La habitación de hotel  continúa sumergida en la desolación de la lectura. Hopper me mira un momento refugiado en la sombra leve que le proporciona el ala del sombrero, por qué has venido si ya sabes cómo es esto, con el catálogo habrías disfrutado más. No, le digo, tenía que verte aquí a la entrada, invitándonos a contemplar la poesía cotidiana -esta si que es una 'poesía de la experiencia'- de paisajes desolados, surtidores de gasolina para coches que nunca se detienen a repostar, mujeres solas, hombres corroídos por el tedio, he venido por verte a ti, podría declararte mi admiración desde que te descubrí no hace tantos años, aunque prefiero que sepas que tu pintura puede emocionarme pero también me deja el ánimo hecho un trapo.
De cualquier forma, gracias, tengo que volver otro día que no tengas tantas visitas.

1 comentarios:

kika... dijo...

Yo odié la exposición. O casi. Mucha gente, poco cuadro, casi ninguno interesante. Además, el más bonito ya está en la Thyssen...

Mucho cabestro que se pone a escuchar la audioguía de espaldas al cuadro y te lo tapa mientras ni lo mira.

Vamos, que no, que no, que nada.

Quizá yo tenga que volver otro día también.

(beso)
K

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