jueves, 12 de julio de 2012

Tarjeta de cronista

Todavía alguien me para en la calle, oye, ¿ya no escribes en Diario de Ávila la columna? Siempre he procurado no hacer sangre de aquello, no, es que verás, el director nuevo, la nueva etapa, ha decidido, en fin… El caso es que han transcurrido tres años desde mi último artículo. El caso es que fui apeado de la columna en la que llevaba encaramado seis años (con muchos lectores, lo sé) porque el director consideró inaceptable un artículo que ahora reproduzco. El caso es que me quedó un buen recuerdo de los redactores del periódico, buenos periodistas, amigos algunos a pesar de vetos personales impuestos, me consta aunque no lo confiesen. El caso es que nunca he soportado la censura, así que he decidido publicar aquí aquel artículo, que formaba parte de una serie de ‘tarjetas’ que estaba preparando para la posible aparición posterior de un libro que iba a titularse, a la antigua, Los avileses pintados por sí mismos. A lo mejor, todavía me animo.

Tarjeta de cronista

López de Ayala, Gonzalo de Ayora, Mesonero Romanos, Foronda, Ruiz Ayúcar, Teófanes Egido… Durante años estos nombres le habían perseguido en sueños. Él deseaba ser cronista, cronista de lo que fuera: del reino, del régimen, de la ciudad; en cualquier caso, de sí mismo. Para eso llevaba años guardando recortes de prensa en los que se le citaba, subrayando en ellos su nombre como si tuviera miedo de perderse a sí mismo entre tantas palabras, almacenando información en torno a su persona para tirar de ella cuando llegara la ocasión.
Se preparó a conciencia. Buscó un estilo de redacción barroco, fundamentado en la acumulación, que respondiera al caos precipitado de un pensamiento, el suyo, ansioso por no perder nada, por decirlo todo aunque no viniera a cuento. Llegó a batir marcas construyendo oraciones cada vez más extensas, plagadas de aposiciones, gerundios mostrencos y expresiones ditirámbicas, porque había interpretado que ser un buen cronista, más que ser un historiador de lo presente, consistía en ser un halagador eficaz. Si hubiera llegado a saber que en Andalucía existe la figura del ‘agradador’ de señoritos, se habría presentado a alguna vacante.
Asignatura fundamental de su currículum fue el zascandileo, el dejarse ver allá donde hubiera un grupo de paisanos en trance de reunión: demostración sindical, feria del campo, recital, ofrenda floral, recepción, presentación de libro, congreso, simposio. A fuerza de dejarse ver, hacerse oír, repartir tarjetas y prodigar abrazos, llegó a ser imprescindible. La gente lo echaba de menos si faltaba. Y si alguien no le conocía, los demás lo ponían enseguida en pista: “Sí, hombre, es Fulano, que ahora está de… bueno, está de algo”. Porque Fulano nunca había sido nada ni nadie, pero siempre había estado de algo.
Así que cuando le llegó ese tiempo en que algunos sienten que empiezan a faltarles las fuerzas para seguir asidos a la cornisa de su propia arquitectura, los convenció a todos de que él podía ser el cronista que andaban buscando, el que podía dar brillo y esplendor a los cuarteles del escudo, el factor de renovación de la cultura, de la poesía, de las bellas artes. Y ellos, de pocas luces pero listos para olfatear la voluntad de servidumbre de los demás, lo nombraron cronista sin advertir que habían caído en la trampa dejándose envolver en la tela de araña pegajosa de su palabrería y haciendo realidad el sueño de toda una vida.
Así fue como consiguió el cargazo de cronista tu tío, que lo sepas, así que vete aplicando desde ahora, que se trata de una carrera larga que exige paciencia y mucha preparación. Comienza por la redacción y abandona de una vez ese estilo medio ascético, pásate a Ricardo León. Adopta el papel de saberlo todo, de haber estado allí aquel año, de poseer el control sobre personajes y acontecimientos. Si es necesario, invéntate las anécdotas, que nadie va a ir a comprobarlas. Y practica el halago, no te dé reparo, no te quedes corto en eso. Ah, y muy importante: déjate ver, hazte presente en cualquier parte y siempre, identifícate con el cronografiado hasta que consigas que te identifiquen con él, hasta que te confundan con el rey niño en su cimorro.

4 comentarios:

kika... dijo...

Mítica columna, Jesús.

Un beso,
K

Anónimo dijo...

Estupendo articulo Jesús. ¿Que tiene de peligroso? Es una pena que el director de ese medio sea tan mediocre para no aceptar un buen articulo que daba a su medio la desconocida pluralidad que le hace falta.

Aprovecho para proponer a tus lectores que firmen unas peticiones públicas justas para animar a la ciudadanía a que sea critica y participativa contra los abusos de los pésimos gobernantes que tenemos en nuestra tierra:

http://www.change.org/es/peticiones/contra-los-macroconciertos-y-en-favor-del-parque-natural-de-gredos-espa%C3%B1a

http://www.change.org/es/peticiones/no-al-transformador-en-calzada-vieja


Muchas gracias por anticipado y animo con tu gran labor.

Luis del Monte.

La Flaca dijo...

Debería llegar el momento en que muchos de aquí y de allá te pidamos que publiques la tarjeta de..., con la de ellos que han arraigado y los que están retoñando en estos tiempos. ¡Es que las crisis dan para mucho! Ya lo dijo Vargas Llosa hace poco: Estos son tiempos para ponerse a escribir. ¡Mira que son inspiradores estos tiempos!

Anónimo dijo...

¿La censura no vendría impuesta porque es un retrato perfecto de un cronista que, a la vez que colabora con columna en ese diario, deja su rastro servil y presencia continua y bobalicona en todo acto que se suceda, allá por tierras de la moraña?

Tal vez si o tal vez no, porque retrata a tantos....

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