martes, 14 de agosto de 2012

No era Yoigo ni Movistar

Mi amigo Juan Martínez de las Rivas me dice que le gustaría colgar en este blog su artículo, a propósito de un 'sucedido' que parece argumento para otro relato de los suyos. Pero no, no es ficción. Para que luego le pregunten al escritor de dónde saca las historias. Pues de dónde vamos a sacarlas: "de los acontecimientos consuetudinarios que acontecen en la rúa", que decía Juan de Mairena. Con mucho gusto le cedo la página.


No era Yoigo ni Movistar

Tarde de julio de 2012. De una soñarrera postlaboral me despierta el teléfono fijo, un aparato que hoy sirve casi sólo para que te llamen los que tienen tu número sin que se lo hayas dado. Una voz de mujer imperiosa me pregunta si soy yo, es decir, el que se llama como el nombre que me dice, y rompe a interrogarme. Hasta aquí todo es habitual. Menos la pregunta: ¿Recuerda haber enviado una carta a Alemania y otra a Francia hace dos meses? Meditaba yo con qué broma de mi catálogo de consumidor escaldado defenderme del avasallamiento comercial cuando soltó esa pregunta verdaderamente personal. Una presentación ciertamente brusca la de esta mujer. ¿Quién es usted? Soy abogada. ¿Cuál es su nombre? Me llamo (lo omito  por el momento). ¿En un despacho, en la administración? Despacho. ¿Y porqué me llama y me interroga? No se preocupe, no es nada que tenga que preocuparle, es un asunto sin importancia. Eso lo decidiré yo si me explica por qué me llama. Yo sólo quiero saber (no se rinde) si envió usted esas cartas… ¿Recuerda si las envió por la mañana? ¿O fue por la tarde? Creo que es usted la que debe explicarme cómo posee información de mi correspondencia… Pero si es una cuestión muy sencilla… (insiste), por si no se acuerda tengo delante las carátulas (me asombra una vez más su atrevimiento), en una pone (pronuncia el apellido de un amigo de juventud y su ciudad de residencia en Alemania) y en la otra pone (pronuncia con la soltura de quien acostumbra a manejar personas a su antojo el apellido de otro amigo de juventud y su ciudad de residencia en Francia). Ambos amigos disponen en Google de cobertura amplia de sus vidas y reconocidas obras. ¿Lo recuerda ahora? Lo que recuerdo entonces y no digo a la entrometida es que les envié en la primavera pasada sobres grandes sin certificar con manuscritos literarios. ¿Le interesará la creación literaria? ¿Le cuesta esperar a que los textos se publiquen? ¿Son sospechosos los paquetes con escritos? A cada segundo que transcurre me parece más impropia la intromisión de esta mujer importuna e incapaz de percibir límites para sus indagaciones. Pero si sólo es una pregunta que no le cuesta nada responder… ¿se acuerda o no se acuerda? Imaginemos que mi testimonio podría librar de condena a un inocente defendido por ella. No cabe duda de que me lo diría. Pero por mucho que pregunto no menciona el motivo de su intromisión. Su modo de proceder le resulta de lo más normal y yo debo opinar lo mismo. Después de colgar el auricular compruebo que existe una abogada de su nombre y apellido. Me dicen que fue concejala en un periodo en el que denuncié ciertas actuaciones del Ayuntamiento. Es de esperar que no guarde relación con la llamada que al parecer su marido esté empleado en Correos. Ignoro si la abogada emprendió una corajuda indagación profesional contra una peligrosa trama mafiosa, maquinó una averiguación partidista o le urgía conocer un dato para resolver la apuesta de unas cañas. Es probable que prefiera seguir callando a despejar las imaginaciones que suscita pero quizá con esta nota al menos pueda alguien avisarse de estos torpes manejos.
 
Juan Martínez de las Rivas

3 comentarios:

kika... dijo...

¡Grande Juan!

(Y qué miedo da Correos en estos tiempos que corren...)

besos a los dos,
K

mensajes movistar gratis dijo...

Grande juan

web dijo...

K grande es juan

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