martes, 30 de octubre de 2012

Yo era humano y tú pasabas de largo


Lesmes Andueza conversa con su nieta, sabes, abuelo, te he echado mucho de menos, yo a ti también, nieta. La mira investigando si se trata de una frase de compromiso y comprueba que no, que le sale del corazón, lo sabe por la mirada directa que acompaña al gesto de entrega. La nieta no ha cumplido aún los cinco años y ya lee los cuentos que Lesmes le lleva. Abuelo, vamos a jugar, yo era un gato y tu eras humano. Este pretérito que Lesmes –pura deformación profesional y pelín pedante− denomina “imperfecto lúdico” le obliga a retroceder a su infancia, cuando jugaba a guardias y ladrones con los amigos por la plazuela de La Fruta y Pedro Lagasca, nosotros éramos del FBI (pronúnciese ‘febeí’) y vosotros erais los malos (entonces no se sabía nada de las tropelías de la agencia). Y ahí está la nieta lanzando maulliditos, moviendo los bigotes y relamiéndose después de haberse zampado una sardina que tiene forma de galleta, o una galleta que parece una sardina porque Lesmes ya no distingue bien entre nieta y gato. Lesmes explora hasta dónde llegan las fronteras del juego, mira, gato, ha entrado el perro y pregunta si puede subirse al sofá, sí, sí, que se suba, consiente la nieta-gato, pero que se esté quieto, él no juega. Esta exclusión tranquiliza a Lesmes, que no tendrá que incluir en la historia un actante más, ya bastante tiene con los cuatro, sí cuatro, abuelo, humano, nieta y gato.
 

Cuando llevan media hora de persecución de ratones, visitas al veterinario, caza incruenta de gorriones y otras actividades, Lesmes, agotado, propone ahora tú eras pintora y yo visitaba tu exposición. Entonces nieta se acuerda, espera, abuelo, que voy a traerte el cuadro que te dejaste aquí el otro día, desaparece corriendo y vuelve de su habitación con el regalo generoso de una aguada en la que flores y otras formas compiten en desorden, no es así, abuelo, eso es para abajo, pone orden la pintora, lo de arriba abajo y lo de abajo arriba, con cara de estar pensando tú no entiendes de arte.

Lesmes Andueza sigue jugando al yo era tal y tú eras cual para ahuyentar el mal pensamiento del tiempo que se le escapa dejándole las manos con frío de otoño. Pasados unos días, con noviembre llamando a las puertas y el Mercado Chico repleto de flores cortadas, Lesmes juega con sus obsesiones, yo era humano y tú pasabas de largo.

 

1 comentarios:

La Flaca dijo...

No hay nada como estos juegos en los que cada uno se mete en su papel y a veces no quisiera salir... Nunca.

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