miércoles, 21 de noviembre de 2012

Dos escuelas para Piedrahíta (1851)

Repaso dos impresos rarísimos que publicó en 1851 la Imprenta de la Viuda de Estelles, en la Bajada de Gracia, aquí en Ávila. Dan cuenta del acontecimiento ocurrido en Piedrahíta el 26 de diciembre de aquel año: (cito textualmente) “la solemne apertura de las dos escuelas públicas que, para la enseñanza de la juventud de ambos sexos, se han establecido en la misma villa”.
Se trata de dos discursos pronunciados por Francisco Ortiz Orrero, alcalde constitucional de Piedrahíta y por Pantaleón Prieto, maestro. Es poco probable que entre las autoridades presentes en el acto estuviera el ilustre poeta y político José Somoza, caído en desgracia tras haber sido diputado en las Constituyentes y haber presidido la Diputación de Ávila. Un año antes de la apertura de las escuelas, en 1850, se las había tenido tiesas con el arcipreste de la villa y el obispo a propósito de sus escritos, lo que acabaría costándole, a su muerte en 1852, ser enterrado sin sacramentos.
Ha llegado a la villa para la inauguración “el inspector del ramo en la provincia”, D. Valentín María Mediero. Podemos imaginarlo atravesando el valle Amblés, subiendo Villatoro y entrando en el valle del Corneja en pleno diciembre por el camino que hoy es la N-110, ¿a lomos de caballería, en un coche o diligencia? El alcalde Ortiz reconoce que Mediero “sin arredrarle la intemperie de la cruel estación ni el peligro de los caminos, cumple tan dignamente con su delicado cuan honorífico destino”. Y recomienda a los alumnos, que asisten al acto: “En vosotros, apreciables niños, hoy se aumentan vuestras respectivas obligaciones, y desde hoy mismo deben comenzarse a cumplir. Lo haréis asistiendo puntualmente a esta escuela destinada para conduciros por el camino de la ciencia y de la virtud, escuchando con atención las explicaciones y consejos de vuestro Director y obedeciendo ciegamente sus mandatos. Así os lo encargo, espero que lo cumpláis, y de este modo lograréis que vuestros padres os amen, vuestros amigos os quieran y vuestros semejantes todos os aprecien”.


Por su parte, el maestro Prieto, que se va por las ramas en el discurso seguramente porque quiere lucirse delante del inspector, se dirige a los padres de familia, campesinos la mayoría: “Por consiguiente, padres de familia, estimulad a vuestros hijos; aconsejadles por cuantos medios os conceda vuestra paternal autoridad a que vengan aquí a recibir la instrucción que tantos bienes ha de producirles, no les entretengáis con excusa de faenas agrícolas, porque la mejor herencia que podéis dejarles es la ciencia y la virtud”.
Hace de aquello ciento sesenta y un años. La escuela pública da bandazos en manos de los turnos políticos que se empeñan en dejar su impronta en el sistema. Los recortes la empobrecen hasta dejarla en los mínimos. La calle la utiliza como pancarta. Y hasta los párvulos acaban en las manifestaciones. Yo me quedo con la imagen del inspector Mediero, promotor voluntarioso y aterido, que se empeñó contra viento y marea en abrir aquellas dos escuelas en Piedrahíta y acabó consiguiéndolo con la colaboración de las autoridades de la villa.
Años más tarde, el poeta Gabriel y Galán fue maestro en aquellas mismas escuelas. «El Solitario», como firmaba sus cartas por entonces, se aburrió allí hasta el infinito, víctima seguramente de lo que hoy llamaríamos un “síndrome depresivo”, y entonces solo era pura melancolía. Pero esa es historia para otra ocasión.
Asistencia a clase, puntualidad, obediencia al maestro, padres estimulando el aprendizaje, afán de saber… todos hoy, valores en desuso, pura arqueología. Que al menos nos quede la fecunda cabezonería de Mediero.
(Lo he dicho en SER-ÁVILA.- 20-XI-2012)

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