miércoles, 20 de enero de 2016

De ortografía. 1 / des(h)echado

METRO de Madrid. Línea 2. GOYA. 

Una exposición permanente recuerda la figura del maestro que ha dado nombre a la estación. Se trata de los treinta y tres grabados de la Tauromaquia, la serie en la que Goya decidió prescindir de cualquier asomo de lo artístico que puede ofrecer la fiesta en beneficio de lo horroroso y lo zafio: moros desjarretando una res, la cogida del alcalde de Torrejón, Martincho en una suerte que después evolucionó hacia el «dontancredo», sabuesos acosando al toro, en fin, la tragedia protagonizada por la chusma. El resultado es (¡qué le vamos a hacer!) una atractiva  visión espeluznante de la fiesta que no pudo superar ni el mismo Eugenio Noel, nuestro más radical antitaurino.
Y sumándose a tanto horror, el escribiente del texto que acompaña a la serie se hace un lío entre ‘deshacer’ y ‘desechar’ y explica que Goya había…
deshechado, así con H,
no sé que grabados…



Ya no he podido seguir atendiendo a las imágenes ni al texto. El escribiente de METRO de Madrid me ha estropeado la reflexión: que la Comunidad de Madrid vela por la cultura de los madrileños, la calidad de la educación, la enseñanza del inglés y hasta por la catequesis. Que conste que esto (esto al menos) no es culpa de Carmena, que el «desecho» lleva años en el andén sin que nadie lo haya desechado ni deshecho. Claro que el admirable Goya también escribía muy mal (léase su epistolario) y ha llegado a colgar sus cuadros en El Prado. Pero de esto que no se enteren nuestros escolares, porque entonces estamos perdidos.

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