domingo, 27 de diciembre de 2009

Olmo seco

En Soria, junto a El Espino, un olmo seco simboliza el recuerdo de Leonor para el viajero que ha decidido cumplir con el rito de visitar la tumba de la esposa-niña del poeta. Cosa del turismo cultural. Pero en Ávila, ¿qué pintan estos olmos secos frente al atrio de San Vicente, en la plaza de la Santa, por ahí? ¿Qué significan? El de San Vicente es un adefesio desnudo que no hace más que distraer la visión de las arcadas protectoras de la fachada sur. Es posible que los avileses puedan colgar de él algún recuerdo de infancia, pero a los muertos se los entierra, no se los deja expuestos para que anden asustando a los vivos. El olmo ha cumplido su ciclo con dignidad. Ha visto de todo en su larga vida. Por su lado han pasado jefes de estado, historiadores, artistas, políticos, mendigos con nombre propio, asesinados y asesinos... Una galería de personajes que haría las delicias de cualquier memorión. Pero a este olmo no va a poderle anotar ningún poeta la gracia de su rama verdecida. Ya no es más que un tronco incapaz de evocar nada especialmente relevante. En Ávila se han perdido conventos, cementerios musulmanes y cristianos, ermitas, acueductos. Si estos tres o cuatro olmos van a ser el símbolo de cuanto la ignorancia o la fiebre especuladora han arrasado en la ciudad, déjense en pie unos siglos más. Pero si es cosa de no saber qué hacer con ellos, sugiero, como ya programó Antonio Machado con el suyo, convertirlos en leña que arda en el hogar de cualquier mísera caseta al borde del camino. Que don Antonio me perdone por el expolio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Si te leen los ecologistas, te van a empapelar. Aquí no se cortan árboles aunque estén muertos o destrocen las redes de saneamiento con el cosiguiente perjucio para los humanos. Me pregunto qué tipo de sociedad es ésta que cuida un árbol que ya ha cumplido su ciclo vital y parece despreciar otras cosas importantes. Véanse los atropellos urbanísticos de ciudades históricas como Ávila donde no duelen edificios como el de Moneo. Nena

Anónimo dijo...

No entiendo por qué los de Ávila dicen que el turismo, aparte de las murallas, no tiene nada más que exhibir. ¿Y esos troncos (o como se llame el árbol en cuestión) que no deberían estar? Quiero decir: sí hay qué mostrar: lo que se debe quitar... En fin..., que me he hecho un lío

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