sábado, 20 de marzo de 2010

Mujer leyendo una carta

Mi problema con la poesía es severo, lo ha sido siempre, mayor cuanto más me he zambullido en su lectura. Lo achaco a una formación adquirida en el análisis de métodos estilísticos que reinó hace cinco o seis décadas -de casi todo hace ya sesenta años, Dios- en la escuela de Dámaso Alonso y Carlos Bousoño. Así que, cuando leo a un poeta, parto de la deconfianza y tiendo a subrayar aquello que no entiendo o no es de mi agrado. Con frecuencia me vence el desánimo al descubrir que este o aquel poeta es solo un experto en juntar palabras para dejar una atmósfera de tibia evanescencia sin una pizca de significado que degustar.
Tal vez por eso nunca me animé a publicar poesía propia, temeroso de que alguien diagnosticara: "Claro, ya se entiende lo tuyo con la poesía, lo que te pasa a ti es que eres un vulgar prosaico". Pues sí, mire usted, pero no importa. Ahora pienso que hice mal quedándome en la trastienda. Por eso, muy de vez en cuando, colgaré cuadros de mi Colección privada para quitarme de encima el complejo.


"Mujer leyendo una carta"



Los campos inundados y el fragor de esta guerra
no me impiden, señora, imaginar las manos
perdiéndose en tus rizos y separando holandas
en busca del fulgor de la piel deseada.

Ya se están enfriando los besos encendidos
de aquella última noche de naufragio en tus labios.
Ya se borra la estela de tu mirada mansa.

Te veo cada tarde, tras la ventana abierta,
buscándome en la raya sinuosa del camino,
la tez iluminada por el sol que se esconde.

Que Vermeer de Delft pinte el perfil de tu rostro
y dibuje en el lienzo tu redondez de encinta
para que, cuando vuelva, pueda yo hallar completo
el tiempo que he perdido por no estar a tu lado

1 comentarios:

Una que piensa dijo...

La poesía lo es de veras más por lo que calla que por lo que dice. Como la pintura. Como este cuadro de Vermeer que descubrí de otra mano hace ya mucho. Cuánto calla este perfil, qué dice esa carta, qué podría ver a través de la ventana por donde entra esa luz a la izquierda. A veces quisiéramos vivir en un óleo. O en unos versos...
Es que este primer domingo de primavera me hace pensar en la eternidad.

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