jueves, 3 de junio de 2010

La Caja: ¿de Ávila o de Madrid?

¡De quién es esta caja! Parece la pregunta de una madre de familia que ha entrado en el dormitorio de los niños a poner orden. Pero se trata de otro orden de cosas. Convendría que Caja de Ávila les dijera a los impositores que le confían los ahorros, a los colaboradores de la Obra Social y Cultural, a los beneficiarios de préstamos que hay que devolver, a las instituciones que cuentan a menudo con su mecenazgo; en fin, a la sociedad abulense de la que forma parte, convendría que nos dijera, repito, de quién es esta Caja de Ávila.
El tratamiento que los medios de comunicación locales y regionales están prestando al asunto de la fallida integración de la entidad en Banca Cívica, y de la más probable en el SIP liderado por Caja Madrid (léase Rodrigo Rato), le deja a uno con la mosca en la oreja de si Caja de Ávila no será cosa exclusivamente de quienes se sientan en la mesa del consejo; o tal vez del “presidente de todo”, Agustín González, del Alcalde-vicepresidente y un poquito del director general. ¿Hay alguien más ahí?
Deberían hacer un ejercicio pedagógico de información y pasar de la prosa evanescente para explicar lo que está pasando, a un discurso que se pueda seguir con papel, lápiz y calculadora. ¿Por qué es preferible engancharse al camión-escoba de Caja Madrid (“el SIP-escoba” lo denomina José Luis Marco en el diario Negocio) y abandonar Banca Cívica? ¿Qué mínimos son esos que no se conseguían con Banca Cívica y ahora pueden conseguirse con Rato? ¿Se trata de puestos de trabajo en peligro, de peso específico contabilizado en capacidad de gestión? ¿De cuánto dinero estamos hablando? ¿No estaremos hablando de poltronas perdidas con sus correspondientes dietas, verdad?, con lo que duele eso. ¿Cuál era el final que se esperaba de la fusión con Banca Cívica y cuál se espera del SIP? Pero expresado en cifras, aunque sean aproximadas; como si estuviéramos en la junta de vecinos del 12, que tiene que decidir si se fusiona con el 14 para instalar la piscina y contratar vigilancia las veinticuatro horas.
Hagan un esfuerzo informativo, verán cómo no somos tan lerdos y acabamos entendiendo lo que nos expliquen. No nos dejen con la impresión de que ustedes organizan nuestras vidas porque nosotros no contamos. Ya sabemos que lo hacen todo por nuestro bien, como insinúan algunos articulistas, pero póngannos a prueba. Quítense la chaqueta y coloquen sobre la mesa los números, balances, tasas de morosidad, pasivos que en este momento soportan… Y dígannos por qué este SIP es mejor que lo otro. Eviten ustedes que crezca la sospecha, que ya ha nacido, de que “tenemos caja para rato”. Es un decir, por Dios, no me malinterpreten.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

una reflexion acertada y directa. felicidades

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