miércoles, 7 de septiembre de 2011

Tarjeta de guardasitio

Suele tratarse señoras pertenecientes al “club de la laca”, aunque no falta algún varón con ademanes de sacristán antiguo, que los de ahora, los pocos que quedan, parecen altos funcionarios. Llegan a los conciertos o a los lunes literarios con media hora de antelación para “coger sitio”, pero no para sí mismos o mismas mismamente, sino para Pepita, que está en las gregorianas de Fidel, mira que haberse muerto tan joven, y va a llegar con el tiempo justo; para Conchi, que me ha dicho que sí que viene, que se lo guardemos; para Robus, que tenía consulta hoy, que le han salido como unas ronchas en los brazos, yo creo que va a ser un herpes, quita mujer, cómo va a ser un herpes, bueno, ojala no lo sea, pero ya verás; para Benita y su marido, que como viven tan abajo van a llegar algo tarde los pobres, qué mal anda el marido, con lo que ha sido; para Mimo y su hermana, ya sabes, bonita, que ellas nunca se molestan, que siempre hay que dárselo hecho. Y todo esto se lo cuentan unas a otras y unos a otros mientras tú tratas de concentrarte en la lectura del programa: director Carlos Aransay, Cuarteto de sacabuches Il nuovo Chiaroscuro. La madre que las parió, no podrían callarse, a qué habrán venido. Las guardasitio despliegan armas de ocupación: aquí pongo una pañuelo, aquí la rebequita, aquí el monedero, aquí un zapato y en la otra silla el otro, allí el programa y acullá el móvil. Y llegas tú pronto, porque has querido coger un buen sitio para disfrutar de los sacabuches, y te dicen que está ocupado, que aunque tú veas que la nave central de la catedral está casi vacía, todos han ido al servicio, ¿al servicio en la catedral?, pues sí señor, al servicio. De buena gana te irías a casa a ver Sálvame, pero ¿vas a quedarte sin oír los sacabuches? Así que decides quedarte. A todo esto, la primera fila está reservada para autoridades. Como solo van el obispo, un canónigo y Gonzalo, que patrocina, queda un banco libre. Yo, que estoy en una esquina, observo que alguien está recogiendo las tarjetas de “reservado” y me lanzo sobre el banco para quedarme en el mejor lugar. Oigo un “mira qué listo” ¡Corre, corre y coge sitio para las tres! Y las tres, que ya estaban bien en el banco tercero se precipitan sobre el banco primero como furias desparramando pañuelos, móviles y chales hasta dejarme prensado como un arenque. Gruño, protesto, me han destrozado el concierto, los sacabuches me parecen cornetas de pregonero y los tres coros, las murgas del carnaval de Cádiz. No me pregunten cómo sonaban Victoria, Vivanco y Cabezón, porque las guardasitio consiguieron que no pudiera disfrutar del concierto. Así que cuando llegué a casa, me puse un disco de Victoria para borrar el ruido y conmemorar su aniversario.
Esa es la causa de que no asista a ningún evento donde sospeche que pueda haber guardasitios. No disfruto, no me concentro y se me despierta una mala leche, un qué pintas tú aquí. Cualquier día de estos voy a dar un manotazo sobre los asientos de los que han ido al servicio y, cuando todo esté embarullado, a mitad del concierto o de lo que sea, me voy a marchar yo también al servicio, que debe de estar por el claustro. Llamo a la cruzada contra las guardasitio: ni una concesión. A los conciertos se llega ya meado.

2 comentarios:

La Flaca dijo...

¿Y qué me dices si quien quiere sentarse, solo sentarse, es una mujer más joven y encima de p'allá? Entiéndeme, del otro lado del mar, inmigrante, como catalogan sin más ni más, vaya. Yo he optado por sentarme directamente y despejar el mecanismo de ruidos a mi alrededor. ¿Por qué no pruebas con eso?
A lo mejor aquí te dejan más sugerencias.

kika... dijo...

Yo llego pronto a los sitios. Pero no le guardo a nadie. Que hubieran venido puntuales, leñe.

Me ha encantado este post... (y sé que te debo algo, he tenido un rentrée un poco complicada... espero poder mandártelo enseguida).

¡besos!
K

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