sábado, 19 de mayo de 2012

Medrano centenario


Los Medrano son una familia de libreros e impresores-editores. He conocido a cuatro de las cinco generaciones y guardo recuerdos de infancia y adolescencia que tienen como paisaje de fondo la vieja librería de Reyes Católicos. Mi padre me mandaba allí a comprar los impresos de compraventa de fincas y pegujales que a él le habían encargado los familiares o amigos del pueblo. Allí me compraron el misal de la primera comunión con pastas nacaradas, broche e impresión a dos tintas. En Medrano comprábamos el material escolar al comienzo de curso: los libros, la regla y el cartabón, los cuadernos de apuntes, el bloc de dibujo y la tinta china. Los primeros libros que compraron mis padres recién terminada la guerra fueron adquiridos en Medrano: un Quijote de Águilar-Joya en 8º que todavía conservo y que me ha acompañado en enfermedades y alifafes como lectura de convalecencia, es mi Quijote preferido para la cama; y el volumen primero de las Novelas de Pérez Galdós, también de Aguilar en 4º menor, que mi madre leyó casi hasta el final de sus días.
Años más tarde, ya casi terminado el bachillerato o en los primeros años de carrera, íbamos los amigos del insti a la librería a visitar la trastienda. Nicasio Medrano (2ª generación) nos permitía entrar allí para rebuscar viejos títulos de la Austral y rarezas a precios asequibles. Fue uno de los santuarios iniciáticos de esta adición incurable por los libros antiguos, raros y curiosos que nunca ya me ha abandonado.
Con el tiempo Pedro y Rafael Medrano (3ª generación), en sus librerías de Reyes Católicos y Santa Ana, han pasado a ser vendedores de mis libros y de los títulos de nuestra joven editorial Caldeandrín, siempre atentos y comprensivos, contradiciendo la vieja tradición que dice que autores, editores y libreros andan permanentemente a la greña, lo que suele ser cierto.
Ayer en Los Velada, después de otorgar un premio de reconocimiento al historiador José Belmonte y al dibujante José Luis Serna, brindábamos por el futuro con los Medrano de 3ª y 4ª generación, mientras la 5ª correteaba ya por el salón.
Hace unas semanas he visitado el museo Plantin Moretus en Amberes, uno de los templos del libro, regentado por una familia durante siglos. Ojalá que los Medrano tengan tan larga vida.

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