sábado, 22 de marzo de 2014

Fulgencio Argüelles en Ávila




El pasado día 4 de marzo pasó por Ávila el novelista Fulgencio Argüelles, invitado a participar en el Club de Lectura que dirige María José Bruña en la Escuela Universitaria de Educación y Turismo de Ávila. Me lo había anunciado dos meses antes El Jardinero, viene a hablar de “El palacio azul de los ingenieros belgas” [Acantilado, 2003] por si quieres leértelo. Sus sugerencias de lectura son más bien prescripciones y, por mi cuenta, sumé “Los clamores de la tierra” [Alfaguara, 1996]. Para “El palacio…”, Argüelles ha buscado la voz narradora de un niño, aprendiz de jardinero, que cuenta la historia desde su perspectiva y solo desde su visión, dejando zonas de sobrentendido al lector, con un estricto cuidado de la estructura narrativa y una riqueza de vocabulario deslumbrante.
He vuelto al Mieres de las visitas de infancia que recreé en un capítulo de “El cuento de todos los días”, cuando el Caudal bajaba negro por su cauce y los geranios de Alberto, el maestro de párvulos, amanecían cada día con las hojas vestidas con el polvo del carbón que todo lo invadía, y a la lectura de los “libros mineros” de Ciges en su etapa socialista (“Los vencedores” y “Los vencidos”) y he buceado en el recuerdo de una de mis lecturas de infancia: “La aldea perdida” de Palacio Valdés. Pero nada comparable con el diseño de este niño, Nalo, que nos introduce en las Asturias minera de 1920-1934, y de personajes femeninos que parecen extraídos de las páginas en offset de un Blanco y Negro de aquellos años.
Asturias es una ensoñación histórica en “Los clamores de la tierra”. Lo que uno leyó sobre el reinado de Ramiro I en el Padre Mariana o en Sánchez Albornoz se ha convertido aquí en una novela con mucho más que el puro argumento: el relato sobre un tiempo altomedieval que deja ver al trasluz un proceso de investigación histórica y antropológica poco frecuente en estos tiempos, en que el género de la novela histórica  se ha convertido en la mayor tomadura de pelo del mercado editorial.
Volver a Oviedo ya no será lo mismo desde ahora, subir al monte Naranco para ver la ciudad en construcción desde Santa María no será posible sin oír los gritos de dolor del traidor Nepociano, las profecías del sabio Magilo y los proyectos de Arbidel.
Ahora soy yo quien recomienda. Busquen los libros de Fulgencio Argüelles y déjense de leer historietas adobadas con mercadotecnia. Recuperen el antiguo gusto por la mejor literatura y abandonen la novela de ketchup y pepinillo.


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