martes, 4 de octubre de 2016

Diario de PATRIA, de Fernando Aramburu / 3

Lectura lenta y pausada. Invita a ello que los capítulos sean tan cortos y permitan dejarlo para luego, sin el pesar de abandonar la historia en medio de (como podría escribir Aramburu, para que tú, lector, pongas algo de tu parte).
Sigo impresionado por la historia y admirador de la trama. Están apareciendo personajes que no describiré con detalle, pero que definiré sin más explicaciones. Miren y Bitori: amigas y luego enemigas, dos mujeres de tragedia. Sus maridos, Joxian y el Txato: cobarde sentimental / práctico y tozudo. Joxe Mari y Xavier: ideologizado y asesino / el buen hijo. Gorka y Nerea: fugitivos de su destino. Y Arantxa. Hasta aquí los personajes de las dos familias, antes amigas, enfrentadas después. De los otros: don Serapio, el párroco miserable, es por ahora el que más me repugna; Arantxa, en su silla de ruedas, es por ahora, el personaje más libre y atractivo. Al fondo el ambiente opresor que se respira(ba) en el País Vasco, sobre todo en los pueblos: “Porque en una ciudad, pase; pero en el pueblo, donde todos nos conocemos, tú no puedes tener trato con un  señalado” (pág. 332). Tuve ocasión de respirar este aire en alguna ocasión, aunque siempre protegido por amigos, en Oyarzun, Rentería, Fuenterrabía, Astigarraga, cuando andaba editando libros en Bilbao.

Esto por ahora. Solo he llegado al final del capítulo 69, página 336. Me queda mucha travesía aún y algo puede cambiar. ¿Que contada así no parece una gran historia? Es mi forma aburrida de resumir. Pero podría jurar que hace mucho tiempo que no me emocionaba tanto una historia: quizá desde aquellos apuntes de la ignominia que fueron Los peces de la amargura, hace ya diez años. (Continuará)

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