lunes, 1 de mayo de 2017

Carta a san Segundo, patrón de Ávila, en su festividad

Señor san Segundo:
Con la confianza que me permito por haberme pasado años estudiando la tradición de tu venida legendaria a Ávila para ser nuestro primer obispo, la invención de tus restos quince siglos más tarde, la imposición del bulto que esculpió Juní para tu sepulcro, las fiestas que promovió el obispo Manrique de Lara para solemnizar la traslación de tu cuerpo a la Catedral, el libro que te dedicó Antonio de Cianca, la comedia de Lope en la que sales de protagonista… En fin, que si no corto por lo sano, llevaría ocupándome de ti casi dos deácadas. Como te decía, con esa confianza, bajo hoy hasta tu primitivo sepulcro para cumplir con la tradición de introducir el pañuelo en el alabastro labrado y solicitar los tres deseos prescritos, con la seguridad de que uno me será concedido. Aquí te los dejo:

Primero. Haz que vuelva la vista hacía nosotros algún empresario tipo Amancio Ortega o Roig Alfonso (limpios de corrupción, eso sí) y nos monte aquí “ladediós”, que ya nos toca.

Segundo. Bórranos la mansedumbre y la resignación que nos hace pensar que no podemos hacer nada para salir de este puesto de cola. Me refiero a los ciudadanos corrientes, que de los políticos ya se ocupan ellos mismos en su misma mismidad.

Tercero. Tráenos un tren de este siglo. No te digo un AVE, pero al menos un RAVE (razonable velocidad) que nos coloque en la Capital en tres cuartos de hora. Que desde mediados del siglo XIX no hemos vuelto a comernos una rosca en cuanto a transporte ferroviario se refiere.

En fin, concédenos algo, a ver si se nos borran las miradas aviesas y el jetuño. Acabamos de arreglarte la ermita con nuestro dinero. Ya no sé qué más podemos hacer. Venga, estírate un poco, como cuando en las fiestas de 1594 salvaste a aquel caballero de que un cohete le volara la cabeza.

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