lunes, 4 de febrero de 2013

Lincoln y la Nieta


Lesmes Andueza se entrevista con la Nieta una tarde del mes de enero. Hay una ciclogénesis explosiva, eso han dicho los meteorólogos de la tele empeñados en alargar cada vez mes sus programas de información; o sea que, como él ha preferido siempre, hace un frío del carajo. La Nieta recibe a Lesmes con todas sus armas de seducción desplegadas, abuelo, ¿sabes?, te he echado mucho de menos. Y a Lesmes le faltan palabras para corresponder a tanto cariño, yo también a ti, princesa. La Nieta, una vez cumplida la ceremonia de los afectos, se lleva a Lesmes a su habitación para presentarle las nuevas adquisiciones jurásicas: pequeños monstruos que velan sus sueños y de día pelean unos contra otros, los que vuelan contra los que caminan, en todo el espacio libre del suelo convertido en campo de batalla. Cada dinosaurio tiene su historia, su nombre y apellido. En caso de duda, la Nieta recurre a su libro-catálogo para registrar científicamente el descubrimiento de algún recién nacido. Algunos muñecos de los de siempre, pelo rubio de fibra, ojitos expresivos y mofletes imploran en vano cariño desde la estantería, esta niña no nos hace puñetero caso, parecen decir. Entra Mamá en el parque jurásico y propone, deberías merendar. Yo quiero un batido; no, un batido no, mejor un zumo; pero es que yo quiero un batido; te he dicho que no, que un zumo; bueno vale. Y la Nieta desaparece pasillo adelante, camino del frigorífico. Cuando minutos más tarde vuelve al parque jurásico, Lesmes sabe que algo ha ocurrido en la cocina. Mamá lo confirma minutos después, no me has hecho caso, has tomado un batido, ahora te vas a quedar un rato sola en la habitación pensando en lo que has hecho. Pasan unos minutos en los que los dinosaurios han debido de hibernar mientras vuelve el calor de la acción. Aparece la Nieta, ya he pensado; y ¿qué has pensado?; pues he pensado que yo quiero usar mi libertad y si prefiero un zumo pues cojo un zumo y no un batido. Lesmes Andueza pone cara de palo, a ver qué remedio. Improvisa un cuento ejemplar en el que una leoparda recomienda a sus leoparditos, empeñados en cazar ñúes, que se dediquen a jugar, que todavía no están preparados para la caza, que la libertad no está reñida con la obediencia. Pero la Nieta, que ha escuchado muy atenta, no está por la labor didáctica, vamos a jugar a otra cosa. Días más tarde Lesmes Andueza ve la película de Spielberg sobre los últimos días de Lincoln: un arrebato de patriotismo que causa envidia en estos tiempos, un tesoro de convicciones profundas que conmueven, y sobre todo un grito de libertad y modernidad que se impone sobre radicalismos arcaicos. Pero en la cabeza de Lesmes Andueza no dejan de sonar las palabras convencidas de la Nieta, yo quiero usar mi libertad. ¿Dónde las habrá oído? Cuando Lesmes Andueza llega a casa se sirve un ron, aunque sabe que ya no son horas, ¡por Lincoln, por la Nieta!

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupendo texto, Jesús.
Un abrazo anduecético.
Juan Gracia Armendáriz

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