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lunes, 1 de mayo de 2017

Carta a san Segundo, patrón de Ávila, en su festividad

Señor san Segundo:
Con la confianza que me permito por haberme pasado años estudiando la tradición de tu venida legendaria a Ávila para ser nuestro primer obispo, la invención de tus restos quince siglos más tarde, la imposición del bulto que esculpió Juní para tu sepulcro, las fiestas que promovió el obispo Manrique de Lara para solemnizar la traslación de tu cuerpo a la Catedral, el libro que te dedicó Antonio de Cianca, la comedia de Lope en la que sales de protagonista… En fin, que si no corto por lo sano, llevaría ocupándome de ti casi dos deácadas. Como te decía, con esa confianza, bajo hoy hasta tu primitivo sepulcro para cumplir con la tradición de introducir el pañuelo en el alabastro labrado y solicitar los tres deseos prescritos, con la seguridad de que uno me será concedido. Aquí te los dejo:

Primero. Haz que vuelva la vista hacía nosotros algún empresario tipo Amancio Ortega o Roig Alfonso (limpios de corrupción, eso sí) y nos monte aquí “ladediós”, que ya nos toca.

Segundo. Bórranos la mansedumbre y la resignación que nos hace pensar que no podemos hacer nada para salir de este puesto de cola. Me refiero a los ciudadanos corrientes, que de los políticos ya se ocupan ellos mismos en su misma mismidad.

Tercero. Tráenos un tren de este siglo. No te digo un AVE, pero al menos un RAVE (razonable velocidad) que nos coloque en la Capital en tres cuartos de hora. Que desde mediados del siglo XIX no hemos vuelto a comernos una rosca en cuanto a transporte ferroviario se refiere.

En fin, concédenos algo, a ver si se nos borran las miradas aviesas y el jetuño. Acabamos de arreglarte la ermita con nuestro dinero. Ya no sé qué más podemos hacer. Venga, estírate un poco, como cuando en las fiestas de 1594 salvaste a aquel caballero de que un cohete le volara la cabeza.

domingo, 4 de septiembre de 2016

la Baj(ísim)a Edad Media en Ávila

El mercado llamado de las Tres Culturas en Ávila (2, 3 y 4 de septiembre) consiste en que algunos artesanos con producción estimable (los menos), feriantes de los de toda la vida, cocineros de comistrajos especializados  en asar costillas rancias y cocer pulpo congelado, queseros y pasteleros vendedores de  productos de dudosa procedencia y hordas de tiñalpas guarrillos disfrazados de lo que son instalan sus puestos, jaimas y comederos en las calles y plazas principales de la ciudad histórica para recrear al personal poco o nada exigente y re-crear (dicen los municipales) el pasado medieval de convivencia entre judíos, moros y cristianos; olvidando,  a lo bobalicón, que “los buenos” expulsaron a “los malos” para convertir sus sinagogas en capillas y sus cementerios en huertas y urbanizaciones. Pero eso ya no importa. El turismo y la desfachatez de los ayuntamientos son una enorme goma de borrar el pasado y fieles intérpretes de lo que quieren, queremos y necesitamos los ciudadanos.


Mañana lunes, en el diario y la televisión locales se hará el balance del éxito sin precedentes de estas jornadas, estimado como siempre en la cifra de visitantes foráneos, asistentes al mercado y pernoctaciones. Este  último término —“pernoctaciones”— es nuestro I+D+i particular.

Esta noche, por fin, los nómadas levantaran sus cuarteles, recogerán en las furgonetas sus hierbas medicinales, embutidos, pasteles de nueces, cervezas “artesanas”, sus colgajos y escabeles y se dirigirán a otro pueblo donde hayan decidido que ahora toca ser vetón, romano o visigodo. 

sábado, 12 de abril de 2014

Cadáver exquisito


Esta ciudad nuestra o se pasa o no llega con los muertos, a veces tampoco con los vivos, no conoce el término medio. Estoy por escribir, si me quedara tiempo suficiente, un ensayo que podría titularse Algunas  bajezas de la ciudad, como réplica incorrecta de aquella novela histórica o historia novelesca que publicó en 1607 el fraile benito Luis Ariz con el título de Historia de las grandezas de la ciudad de Ávila.

Dedicaría un capítulo al jocundo hereje Priscialiano, quien, según el maestro Rodríguez Almeida, puede estar enterrado en la Soterraña de San Vicente; al cual los abulenses negaron durante siglos el mérito de haber sido el primer obispo de Ávila. Todavía hoy su nombre se oculta en beneficio de un tal san Segundo que se alzó con la primacía en 1519 a pesar de no haber pisado seguramente estas tierras jamás. Y conste que sé de lo que hablo.

Cómo no abrir un capítulo para la expulsión de los judíos en 1492. Y para la expiación reciente que ha tenido lugar con la inauguración del Jardín de Sefarad. Un niño, el de la Guardia, que seguramente tampoco existió nunca, sirvió para  que la Reina se decidiera a firmar el edicto. Y otro niño, mira por dónde, encuentra un día un hueso y ¡Anda, pues esto va a ser del antiguo cementerio judío, que debía de estar por aquí!, como si no se supiera de siempre que el antiguo cementerio de los hijos de Abraham había sido expoliado y entregado para construir sobre él la ciudad de las carmelitas.

Otro capítulo podría ser para Teresa de Ahumada, hoy queridísima por instituciones, patronatos, devotos y hosteleros, pero insultada y hostigada por sus vecinos cuando se le ocurrió fundar en San José. ¡Dónde se ha visto que una monja se escape del convento llevándose a unas cuantas hermanas para fundar en otro barrio!

Otro para Juan de Yepes (San Juan de la Cruz), encarcelado por sus hermanos del Carmen Calzado, envidiosos de su influencia y recelosos de su piedad, y entregado a los de Toledo por atreverse a ser más místico y asceta que nadie. Ni una palabra sobre él en los dos historiadores abulenses más próximos: Cianca y Ariz.

La Guerra Civil última y la consiguiente postguerra me habría dado para varios capítulos, sin necesidad de desenterrar muertos; solamente subrayando apellidos para desvelar el organigrama antiguo de la ciudad y rastrear la huella que han dejado en el tejido social actual. La lectura que he podido hacer recientemente de Yugo y Flechas, un periódico de combate inencontrable que se publicó en Ávila a partir de agosto de 1936, pone los pelos de punta. ¡Atentos, doctorandos de Historia en busca de tema!: pueden consultarlo en la la Biblioteca Nacional.

Y no dejaría de tratar el asunto de los dos cadáveres exquisitos de la Catedral, bueno, tres. El de Claudio Sánchez Albornoz, un rojo católico y de derechas (hubo más), al que los periodistas han recordado estos días como presidente de la Segunda República en el exilio, pero sin una palabra para su condición de historiador medievalista de primer orden (siempre prima la política), cuya casa fue expoliada por falangistas de Valladolid y de aquí.

Y el de Adolfo Suárez, que tuvo que estudiar Derecho por libre porque la madre no contaba con recursos para envirlo a Salamanca; militante de Acción Católica (mi amigo Luis Fernando acaba de pasarme una foto en la que aparece en unos ejercicios con su misal en la mano), pasante en el despacho del gobernador Herrero Tejedor, menospreciado por algunas de las familias de toda la vida porque era un chico de pueblo sin futuro; y mucho más tarde, cuando ya era presidente de Gobierno, traicionado de mala manera por los suyos, muchos de ellos de Ávila, aunque ya sabemos que en política no existen las traiciones, sino las tomas de postura; hoy, por fin, convertido en atractivo turístico en su tumba, junto a la esposa.

Los dos presidentes han sido enterrados en la Catedral, pero no dentro de la Catedral, según el matiz semántico explicado desde el Cabildo, no vaya a ser que ahora se le ocurra a cualquier impertinente invocar la prohibición canónica de convertir los recintos sagrados en cementerios.

Descansen en paz los tres si los dejamos.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Queridos Reyes

Todavía creo en los Reyes. Me refiero a los Magos, por supuesto; porque los otros, los de las monedas, los sellos y los mensajes que le llenan de orgullo y satisfacción, no dejan de ser el argumento contradictorio de la ley de igualdad de oportunidades. Pero los Magos, con sus pajes, el rey negro embetunado (no sé muy bien por qué, con la de negros de verdad que hay), sus camellos y cabalgatas, engatusando a los niños, son de lo más real que nos va quedando. Por ello, con tiempo suficiente, como deben hacerse estas peticiones, escribo hoy mi carta y la deposito aquí, en el buzón que atiende el paje de la SER, para que vayan apartando lo mío y luego no vengan con que se han terminado las existencias de esto o aquello, que yo me los conozco. Vamos a ello.


La foto de la Epifanía en el cenotafio de San Vicente de Ávila está tomada de http://viajarconelarte.blogspot.com.es
Queridos Reyes:
Lo primero deciros que he sido un niño, perdón, quería decir que he sido un señor mayor bueno y obediente, he pagado todos los impuestos y tasas sin rechistar, incluso las multas de la ORA; he soportado con paciencia cuantas impertinencias se les han ido ocurriendo a presidentes, alcaldes, concejales, consejeros, delegados, ministros y cargos en general; en fin, que he sido eso que siempre acaba siendo uno, aunque se le reconozca tarde: un ciudadano ejemplar. También tengo que recordaros que nunca he pretendido ser nombrado nada: ni premio Ajates de las letras, ni popular del año, ni presidente de honor de la mancomunidad del alto Adaja, nada de nada. Por eso, me considero con derecho a pediros hoy unos cuantos regalos a los que creo, por otra parte, que tengo derecho:
Quiero que traigáis turistas dormilones, que hagan noche en Ávila, a ver si así El Diario y los hosteleros dejan de dar el peñazo con lo de las pernoctaciones.
Trenes que tarden una hora, fíjate, Melchor, que digo una hora, en llegar a Madrid. Y que algunos, aunque tarden un poco más, paren en La Cañada, Navalperal y Las Navas, como cuando entonces.
Una autopista sin peaje, no importa si el peaje consiste en oír música de Rafael y sus coros en el túnel anunciando la lotería de Navidad, na na na na nanana, o Radio María, no importa, pero que sea gratis.
Colas en las oficinas de la antigua Caja para recoger el calendario de 2014, pero este año, acompañado con el dinero devuelto de las preferentes, tenga usted, señora, sus 4.000 euros y otros 400 de aguinaldo, y perdone, que fue sin querer.
Ejemplares de la Ética a Nicómaco de Aristóteles para repartirlos entre políticos y sindicalistas, en los que puedan aprender los conceptos de templanza, justicia y continencia; que los de amistad y felicidad ya los tienen bien sabidos.
Tres dedos de frente para quienes siguen pregonando que en Ávila se vive como en ninguna parte, que es la marca más conformista y cazurra de cuantas se pueden acuñar en un estudio de mercadotecnia.
Trabajo, trabajo, trabajo para los jóvenes y para los parados. Querido Gaspar, convence a algún alto empresario para que traiga aquí una factoría, un centro logístico, una cadena de montaje, algo para que esta ciudad respire aunque sea con un poco de contaminación.
Un santo que reconvenga a los lobos de La Paramera como san Francisco al lobo de Gubbio, pera que dejen de atacar a los terneros sin seguro, y que de paso se lleve a los topillos y a ser posible a los caciques que siguen considerando su pueblo como la dehesa particular.
Y alguna caridad, solidaridad o compasión (a elegir) con estos inmigrantes que hasta hace poco nos han servido en los trabajos y hoy no reciben más que nuestro recelo.
No digáis que es mucho. Es solo lo justo.
(Lo he dicho en la SER)

lunes, 18 de noviembre de 2013

¿Dónde está el "San Juan de la Cruz" de Pablo Sansegundo?


El pasado 5 de noviembre, la Asociación Nacional de Pintores y Escultores homenajeaba a los socios que habían cumplido más de venticinco años en la asociación en un acto que se celebró en el centro cultural del Barrio del Pilar-Vaguada de Madrid. Un acto sencillo al que acompañaba una muestra artística en la que se exponía obra de cada uno de los artistas homenajeados. Dos pintores abulenses recibían el homenaje y participaban en la muestra: Eugenio López Berrrón, que llevó una vista de la Gran Vía madrileña originalísima y Pablo Sansegundo Castañeda.
Algunos amigos nos proponíamos llevar y acompañar a Sansegundo –ochenta y nueve años− y a su esposa Esperanza, ilusionados con el reconocimiento. Pero una recaída en su débil estado de salud hizo que estuviéramos alli sin ellos y que el pintor Juan Antonio Piedrahíta, su discípulo, tuviera que recoger el título en su nombre. A la vuelta, el maestro esperaba ansioso noticias del acto en el hospital. Vio fotos, escuchó grabaciones, preguntó por la gente y, como otras veces, contó historias de unos y de otros. Para la exposición, Piedrahíta había llevado por encargo de Sansegundo un espléndido autorretrato que destacaba en la galería por la calidad de texturas y la atmósfera velazqueña de la composición: una obra maestra.
Estoy trabajando con Pablo en su autobiografía. Su vida es rica en experiencias: discípulo predilecto de Chicharro, retratista y maestro de pintores, diplomático en Colombia y Venezuela, gestor cultural en los tiempos difíciles en que la cultura era una  de las pocas puertas que España tenía abiertas en el extranjero. Sus historias son deslumbrantes. A veces, mientras dicta ante la grabadora, me mira como obligándome a creer lo que parecería inverosímil si no viniera de alguien con una memoria prodigiosa y una mente lúcida a pesar de la edad. Dejaré aquí uno de los recuerdos que nos afecta a los avileses.
A mediados de los años 70, Sansegundo dona al Ayuntamiento el óleo con el tema de Santa Teresa que se colgó en la exposición promovida por el Consistorio en 2009 y que puede verse en la casa sonsistorial; y a la Diputación Provincial, un San Juan de la Cruz. Este último es  una obra magnífica, ¿o tendremos que decir que era? porque no queda rastro de ella, después de haber salido de allí sin que nadie sepa con qué destino. Desapareció, a pesar de sus dimensiones, que no facilitaban precisamente el traslado. ¿Dónde está?, ¿algún chalé?, ¿un despacho particular? De él queda recuerdo en una estampita que los carmelitas han comercializado, por cierto, sin pagar un céntimo por derechos de reproducción. La Diputación, agradecida, nombró a Sansegundo miembro de honor del Instituto Gran Duque de Alba (entonces se llamaba así). Yo he visto el diploma, pero mira por dónde, la Institución actual también ha perdido la memoria de aquel nombramiento y no lo reconoce porque no está en las actas. Ahora que la Diputación cumple 200 años, podía ocuparse de reparar aquel entuerto cometido con un artista avilés que no merece ser tan mal tratado. Sansegundo es un pintor excelente, que ama sin condiciones a esta ciudad.
Una pifia para otro capítulo de un posible libro que podía llevar el título de la etiqueta que acoge este artículo: «Ávila para perplejos». Ya saben: el cementerio musulmán, la Fábrica, el Moneo, el Ferrocarril, la Caja, ahora el San Juan, etc.

¿Dónde está el San Juan de Pablo Sansegundo?

jueves, 8 de noviembre de 2012

Realminirrelato

La institución cumplía cincuenta años y el acto se suponía solemne. Fueron sucediéndose los discursos, unos más oscuros que otros, hasta que le llegó el turno a ELLA, que debía agradecer, en nombre de todos los que acababan de ser investidos, la gracia de la investidura. ELLA es muy suya, así que, saltándose toda cortesía, aprovechó la ocasión para exponer indecorosamente su currículo y hablar de sus cosas, de su chiringuito. No me quedé a los aplausos por no vomitar allí mismo, pero me han contado que fueron encendidos. Los recogió la prensa.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La Biblioteca de Los Serrano

La biblioteca es el lugar de los libros, aunque sea una pequeña habitación de la casa o una librería; pero los libros también son la biblioteca.


La biblioteca, con los años, absorbe los hábitos de su dueño, sus preferencias de lectura, si las tuvo y no se limitó a almacenar lomos en función del color o la encuadernación. Una biblioteca puede contar con miles de libros y valer muy poco; pero tal vez con treinta o cuarenta sea una librería exquisita. La Biblioteca Nacional de España, en Madrid, es un laberinto custodiado por un ejército de guardias de seguridad, sobre todo después de que Rosa Regás se dejara robar los ptolomeos y lo revolviera todo. Entra el investigador y se ve sometido a severos controles: bolsillos, ropa, cuadernos. El silencio es absoluto. Mientras lees, en la sala Cervantes, un guardia vigila que solo escribas con lápiz, que abras el libro con cuidado, que no te apoyes indebidamente en él, que tu mirada no le resulte sospechosa, así que estás deseando salir. En la biblioteca del Corralón, en Ávila, el panorama es distinto. Allí reina un bullicio familiar. Puedes pedir la vez a otros jubilados para leer el Diario, poner la oreja y escuchar un bonito discurso a favor o en contra del gobierno, tomar un cafelito de máquina con el libro a tu vera, pedir un préstamo (de libro, se entiende), sacar una peli de Pepe Isbert, y estudiar apuntes, muchos apuntes, todos los apuntes del curso porque llegan los exámenes y la biblioteca se convierte en sala de estudio. Que no se te ocurra entonces sentarte a consultar nada, porque los chicos te miran a ver si eres amigo de los padres o de los abuelos y has ido a espiarlos. En la biblioteca del Corralón se programan clubes de lectura, se pronuncian conferencias, algunos presentamos nuestros libros, otros exponen obra. Cumple muy bien con su función de biblioteca pública y abierta.
Entre el silencio envarado y venerable de la Nacional y el ambiente familiar y amigable del Corralón se sitúa un tipo de biblioteca universitaria y de consulta, más especializada: me vienen a la memoria las bibliotecas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, o la Biblioteca Regional de Madrid, o las Bibliotecas Hispánica e Islámica de la Agencia Española de Cooperación Internacional.
De lo macro a lo micro: viene a cuento esta iniciación casera a la bibliotecología porque corre la especie de que la biblioteca de la Obra Social de Caja de Ávila, en apuros y en trance de cerrar, puede terminar en los plúteos de la Universidad Católica. ¿Por qué en la UCAV y no en un centro de la Universidad de Salamanca de nuestra ciudad, o en una instalación de la Universidad a Distancia? Ya sabemos que cada cual hace con sus libros lo que mejor le parece; pero ¿cómo se ha formado el fondo de la biblioteca de la Caja?, ¿con qué dinero?, ¿solo con imposiciones a plazo fijo de los católicos?, ¿cuáles son los méritos de la UCAV para heredar un patrimonio bibliográfico que, aunque no sea de primer orden, sí fue formado con buen criterio para que las principales áreas del saber estuvieran bien representadas? ¿O se trata de una donación de aquellas que hacían las viejas marquesas cuando morían sin herederos: ¡hala, todo para los frailes!?
Aporto una sugerencia: crear una biblioteca universitaria de la que se beneficien estudiantes e investigadores de la UCAV, de la USAL, de la UNED, los investigadores de la Gran Duque de Alba y de todas la instituciones habidas y por haber más lo que van por libre, especializada también en temas regionales, como la Biblioteca Joaquín Leguina de Madrid. Y llevarla al Palacio Caprotti (yo prefiero llamarlo “de Ochoa de Aguirre”, ya explicaré por qué), para que conviva allí con otros espacios culturales y artísticos que llenen de contenido el restaurado caserón. Una biblioteca de referencia para la bibliografía de la ciudad,  la provincia y la región, que recoja fondos hoy dispersos y en trance de acabar perdidos. Las bibliotecas tienden a la atomización si no se cuidan, si no hay alguien que se empeñe en conservarlas. Recuérdese lo que pasó con la del Marqués de San Juan de Piedras Albas: una parte en la actual Biblioteca Pública del Corralón, después de haber pasado por la antigua Casa de la Cultura, otra en poder de herederos, y muchos libros en manos de particulares, me consta, aunque no pueda desvelarlo.

La Obra Social de la Caja ha sido de todos. De todos debería ser su biblioteca.

martes, 14 de agosto de 2012

No era Yoigo ni Movistar

Mi amigo Juan Martínez de las Rivas me dice que le gustaría colgar en este blog su artículo, a propósito de un 'sucedido' que parece argumento para otro relato de los suyos. Pero no, no es ficción. Para que luego le pregunten al escritor de dónde saca las historias. Pues de dónde vamos a sacarlas: "de los acontecimientos consuetudinarios que acontecen en la rúa", que decía Juan de Mairena. Con mucho gusto le cedo la página.


No era Yoigo ni Movistar

Tarde de julio de 2012. De una soñarrera postlaboral me despierta el teléfono fijo, un aparato que hoy sirve casi sólo para que te llamen los que tienen tu número sin que se lo hayas dado. Una voz de mujer imperiosa me pregunta si soy yo, es decir, el que se llama como el nombre que me dice, y rompe a interrogarme. Hasta aquí todo es habitual. Menos la pregunta: ¿Recuerda haber enviado una carta a Alemania y otra a Francia hace dos meses? Meditaba yo con qué broma de mi catálogo de consumidor escaldado defenderme del avasallamiento comercial cuando soltó esa pregunta verdaderamente personal. Una presentación ciertamente brusca la de esta mujer. ¿Quién es usted? Soy abogada. ¿Cuál es su nombre? Me llamo (lo omito  por el momento). ¿En un despacho, en la administración? Despacho. ¿Y porqué me llama y me interroga? No se preocupe, no es nada que tenga que preocuparle, es un asunto sin importancia. Eso lo decidiré yo si me explica por qué me llama. Yo sólo quiero saber (no se rinde) si envió usted esas cartas… ¿Recuerda si las envió por la mañana? ¿O fue por la tarde? Creo que es usted la que debe explicarme cómo posee información de mi correspondencia… Pero si es una cuestión muy sencilla… (insiste), por si no se acuerda tengo delante las carátulas (me asombra una vez más su atrevimiento), en una pone (pronuncia el apellido de un amigo de juventud y su ciudad de residencia en Alemania) y en la otra pone (pronuncia con la soltura de quien acostumbra a manejar personas a su antojo el apellido de otro amigo de juventud y su ciudad de residencia en Francia). Ambos amigos disponen en Google de cobertura amplia de sus vidas y reconocidas obras. ¿Lo recuerda ahora? Lo que recuerdo entonces y no digo a la entrometida es que les envié en la primavera pasada sobres grandes sin certificar con manuscritos literarios. ¿Le interesará la creación literaria? ¿Le cuesta esperar a que los textos se publiquen? ¿Son sospechosos los paquetes con escritos? A cada segundo que transcurre me parece más impropia la intromisión de esta mujer importuna e incapaz de percibir límites para sus indagaciones. Pero si sólo es una pregunta que no le cuesta nada responder… ¿se acuerda o no se acuerda? Imaginemos que mi testimonio podría librar de condena a un inocente defendido por ella. No cabe duda de que me lo diría. Pero por mucho que pregunto no menciona el motivo de su intromisión. Su modo de proceder le resulta de lo más normal y yo debo opinar lo mismo. Después de colgar el auricular compruebo que existe una abogada de su nombre y apellido. Me dicen que fue concejala en un periodo en el que denuncié ciertas actuaciones del Ayuntamiento. Es de esperar que no guarde relación con la llamada que al parecer su marido esté empleado en Correos. Ignoro si la abogada emprendió una corajuda indagación profesional contra una peligrosa trama mafiosa, maquinó una averiguación partidista o le urgía conocer un dato para resolver la apuesta de unas cañas. Es probable que prefiera seguir callando a despejar las imaginaciones que suscita pero quizá con esta nota al menos pueda alguien avisarse de estos torpes manejos.
 
Juan Martínez de las Rivas

jueves, 10 de mayo de 2012

Premio para Moneo



Rafael Moneo cumple 75 años el mismo día que recibe la noticia de que le ha sido otorgado el Premio Príncipe de Asturias 2012 de las Artes, porque su obra “serena y pulcra… enriquece los espacios urbanos” y porque “deja una huella propia en cada una de sus creaciones”, según el comunicado que se ha hecho llegar a los medios. Y luego la prensa pone de relieve obras muy señaladas como la ampliación del Museo del Prado y la Estación de Atocha en Madrid, el Kursaal en San Sebastián o el Museo de Arte Romano en Mérida. Busco con ansiedad entre sus realizaciones la remodelación del Mercado Grande en Ávila, pero nada, es inútil, lo dan por amortizado.
Me gusta la arquitectura de Moneo, no puedo negarlo. El Prado y, sobre todo, su libertad de envolver el Claustro de los Jerónimos en líneas clásicas impecables me parece un ejercicio brillante. La Estación de Atocha ha dejado de ser el escenario de la picaresca en blanco y negro de la posguerra. El Kursaal es un navío espléndido varado en el astillero urbano del paseo. Pero el Mercado Grande, con su edificio de terracota al que le sobran dos plantas, dos, es imperdonable. A cualquier artista se le puede ocurrir una parida, pero los arquitectos municipales y de la Junta, el alcalde y su concejal de Urbanismo, el baranda de Patrimonio, todos los responsables, en fin, de aquella actuación tienen nombre y apellidos. Se debería perpetuar su memoria grabando los nombres y los cargos en una placa que se colocara en la fachada o, al menos, en la parte trasera, la que presenta más dinamismo, para recordarlos siempre.
¡Enhorabuena a Rafael Moneo!, de verdad, por el premio; pero la visión a diario del edificio de El Grande, tan plano, tan vacío, tan inerte nos saca de quicio a muchos.

martes, 7 de febrero de 2012

Vamos a la plaza

Lo he dicho esta mañana en la SER 
 El turista llega a la ciudad con alguna información que ha obtenido en Internet o en aquella guía antigua que ha encontrado en casa revolviendo entre los libros. Hace unos meses, uno se me acercaba con la guía en la mano, oiga, podría decirme dónde queda la calle Estrada, que vamos a ir a comer a Piquío, que nos han dicho que se come muy bien. Cuando le expliqué que Piquío llevaba veinte o treinta años cerrado, le noté cierto propósito de tirar la guía, lo que no hizo, y bien que lo sentí porque yo las colecciono.
El turista, además de ir a las ciudades históricas a comer, también lleva (trae) programadas un par de visitas culturales: la catedral, tal o cual convento, este museo, aquella muralla.
El turista, en fin, suele llegar con un objetivo más, que es el de darse una vuelta por las pastelerías en busca de canillas de San Segundo, huesos de Santa Cristeta o ricitos de Santa Barbada. ¿Por qué los dulces tienen nombres de santo y las tapas otros más rufianescos como patatas bravas, alitas del diablo, huevos rotos, morro rebozado?
Luego el turista se marcha a última hora de la tarde a su lugar de origen o, rara vez, hace noche en la ciudad visitada para que diario local tenga la oportunidad de componer el enésimo titular sobre porcentajes de pernoctaciones y su deriva trimestral, semestral y anual, que es cosa que interesa casi tanto como lo del congreso del PSOE.
Pero ya saben, como recuerda cierta publicidad,  que una cosa es ser turista y otra bien distinta ser viajero. Al viajero le interesan además otros escenarios. Digamos que su cámara fotográfica busca otros registros distintos de la postal clásica. El buen viajero quiere salirse, aunque solo sea un rato, del circuito turístico y callejear por los barrios aledaños en busca de la gente para descubrir cómo anda la cosa de la convivencia, el comercio y los parques. Quiere visitar los lugares de paseo o de reunión para poner el oído y comprobar que a los indígenas de aquí nos interesa muchísimo quién se ha muerto y si la señora Paula ha salido ya del hospital.
Pero, sobre todo, el viajero está empeñado en visitar el mercado municipal o mercado de abastos, porque allí está el día a día de la mesa, alejado de los chuletones casi siempre medio fríos, los asados casi siempre recalentados y los cocidos casi siempre grasientos de los restaurantes para turistas. Es un gozo para los sentidos entrar en el mercado de Palencia y poder elegir entre cinco o seis puestos de quesos de Cerrato; o en El Campillo, en Valladolid, con sus galerías abiertas a varias calles; o el de Torrijos, en Madrid, con más de treinta establecimientos, entre los que hay  varias tiendas de gourmet, una al menos de vinos, tiendas de arreglo de ropa y zapatos, floristería y hasta un restaurante. ¿Cómo pasar de largo sin disfrutar de tanta riqueza de color y de olores, de tantas tentaciones?

(Foto de Ángel Redondo de Zúñiga)

Pero aquí, en mi ciudad, hemos echado a perder el mercado, la plaza, como se sigue diciendo en los barrios del centro… voy a la plaza a comprar algo de pescado. El Mercado de Abastos actual ocupa el lugar del antiguo mercado, la antigua Cárcel Quemada, al que íbamos a regañadientes acompañando a las madres o a la tata, que era la novia de Luis el pescadero. ¡Aquel mercado de estructura de hierro que era el estómago de la ciudad, ocupado en sus dos plantas por carnicerías, pescaderías, casquerías, verdulerías! Hoy es un ámbito de dependencias municipales de dudosa o nula utilidad en su planta alta y, en la planta baja, un vestigio pobre de lo que fue. Un lugar mortecino, mal iluminado, incluso maloliente a veces, en el que los clientes (yo lo soy y quiero seguir siéndolo) entramos con desgana y prisa cierta por salir.
Así que cuando veo a algún viajero que se las promete felices porque ha descubierto que… mira, aquí está el mercado, vamos a entrar…, me asalta un sentimiento de contrariedad: es la vergüenza que deberían sentir otros, más responsables que yo de esta decadencia, por la excepción que el mercado de Ávila marca respecto de las ciudades de su entorno. Seguro que el viajero se vuelve a su ciudad preguntándose ¿y estos dónde compran? Pues en cualquier gran superficie, donde se empeñan en que les seas fiel expidiendo a tu favor tarjetas cargadas de descuentos ridículos. En las demás ciudades, los mercados municipales han resistido el embate de los macros con carro. Aquí no, aquí somos más modernos.

martes, 10 de enero de 2012

La Caja de Ávila

Lo he dicho esta mañana en SER-Ávila:

Lo suyo en esta segunda semana de enero es preguntar ¿y a ti que te han traído los Reyes? Los Reyes (podemos hablar aprovechando que los niños a estas horas están, por fin, en el colegio) los Reyes este año no traen más que disgustos. Ellos se han largado a sus palacios de Oriente, donde corren fuentes de hidromiel y cuelgan jardines con mil especies de plantas aromáticas, y nos han dejado aquí a los pajes (Soraya, De Guindos y Montoro ) para recordarnos que no debemos ser unos nenazas lloricas, que ha llegado la hora de la verdad, no de la fantasía, y que se ha acabado lo de volver a dejar los zapatos en la ventana porque se los llevarán, advierten.
A ver si, al menos, alguien me regala un calendario de 2012, me dije. Y salí, como otros años, camino de la Caja a buscarlo. Hacía sol por El Grande y atravesé la explanada evitando la pista de patinaje, que uno no está ya para proezas ni contoneos;  pero ufano, como si fuera el presidente del Consejo con sus doscientos veintitantos mil euros en el buchaco. Yo solo llevaba cincuenta, que es la cantidad prudencial con que se debe salir de casa (cuando la peseta, eran cinco mil: efectos del redondeo). Pasé por el hall. Ya no está allí María Jesús, que me recibía siempre como si llevara doscientos veintitantos mil en vez de cincuenta. Una cola ante la ventanilla  maldibujaba el eje de simetría en el salón. Se veía que la mayoría no íbamos a imponer, es decir, a meter dinero, sino a reintegrar, es decir, a sacar; o bien a la cosa del calendario. A la señora que estaba tres puestos por delante de mí se le ocurrió abordar a un empleado que cruzaba en aquel momento, por favor, suplicó, ¿no podría usted darme el calendario y así no tengo esperar? El empleado miró a la señora con cara de evaluador, ¿se trataría de una impositora, de una derrochadora que vendría a hacer algún reintegro, se le podría cobrar comisión por algo? De las palabras el bancario pasó a los hechos, ¿en que oficina tiene usted la cuenta, señora? A la señora se le puso gesto de desolación, como si la hubieran pillado in fraganti, pues es que yo, verá usted, ya no tengo cuenta en la Caja porque mi hijo me ha dicho que en su banco no cobran comisiones y me ha sacado de aquí, pero el calendario sí me gustaría tenerlo. Lo que siguió no quiero contarlo, para no desacreditar aún más a una entidad que pasaba por ser hasta hace poco una de las instituciones más respetadas desde su creación en 1878.
¿Cuánto cobraba al año su primer presidente, el insigne Tomás Pérez González?, al que, dicho sea de paso, no estaría de más devolverle la calle que le arrebataron para dedicársela a Alemania, la de Hitler. ¿Cuánto cobraría el obispo Moro Briz, cuya foto tengo delante mientras escribo, en la que se le ve acompañado de la Junta Directiva de la Caja Central de Ahorros y Préstamos ? Me consta que nada en ninguno de los dos casos.


La historia de la Caja, con su nacimiento fomentado por gentes benefactoras, la fusión de las dos entidades, su crecimiento, el desarrollo de su obra social y cultural, está escrita y puede consultarse. Mis amigos Maxi Fernández y Adolfo Yáñez más extensamente la han contado con pelos y señales. Sonroja contrastar esa historia con los datos aparecidos en los medios de comunicación en las últimas jornadas sobre remuneraciones, dietas, planes de pensiones y demás mamandurrias, momios y sinecuras de los políticos enquistados en su Consejo.
Pero yo estaba hablando del calendario, ahora que recuerdo. Cuando vi lo que no he querido contar, rompí la fila y me fui a Medrano a comprar dos calendarios Zaragozanos, que allí te pone cuándo hay que plantar los ajos, cómo va a hacer en julio y dónde debes colocar las conservas; total: diez euros. Así que volví a casa con cuarenta y un poco compungido. Entre la correspondencia, tenía una carta de Bankia en la que me comunicaban que me habían pasado un cargo de sesenta euros por un curso de fotografía en Los Serrano. Hasta aquí bien. Pero que la comisión por el servicio, ¡no sé cuál!, era de seis euros. O sea, el 10 por ciento. Es decir, que no solo tengo que ser cliente de Caja de Ávila para poder inscribirme en un curso en Los Serrano, sino que además debo pagar una comisión por pagar puntualmente. Así que ya pueden imaginarse cuál es mi decisión respecto de mis comedidos euros en relación con los desmedidos doscientos veintitantos mil al año. Con los seis euros de la comisión, tengo para regalar otro Zaragozano y me sobra un euro para dárselo a la artista callejera que me seduce en la calle de Tomás Pérez con su marioneta.

domingo, 18 de diciembre de 2011

De estorninos y palomas

He vuelto a San Antonio para comprobar si es verdad que sobre los estorninos ha caído por fin orden de desahucio tras una larga okupación con K en la que se han aplicado a engorrinarlo todo. Y sí. Ya se puede respirar por los paseos sin miedo a asfixiarse con la fetidez ácida de sus excrementos. Puede uno sentarse en los bancos sin riesgo de arruinar el pantalón (por cierto, ¿dónde habrán ido a parar los viejos bancos de piedra con inscripciones de la antigua Alhóndiga que jalonaban el paseo central?). Ya se puede, en fin, disfrutrar de un jardín histórico que data nada menos que de 1583.
San Antonio podría ser el salón de Ávila, como lo es en Palencia el de Isabel II, en Valladolid el Campo Grande, San Francisco en Oviedo o la Alameda de Cervantes en Soria. Un salón más pequeño, sí, pero al fin y al cabo un salón, es decir, un paseo arbolado en medio de la ciudad, un locus amoenus donde juegan los niños y cuentan la mili los viejos, un lugar sin estorninos, botellones ni otras plagas. Eso se consigue amando los lugares y apreciando su valor histórico y social. Así que enhorabuena al Ayuntamiento si es para siempre y si los estorninos no cambian de barrio, que ya empiezo a verlos probando, probando por la Catedral y algunos otros lugares.

Y ya puestos, vamos ahora con las palomas.

Quienes vivimos dentro del casco histórico, intramuros, cumplimos una misión: demostrar a los turistas que esto todavía no está muerto, que vivimos en las mismas calles donde nació Victoria, creció Teresa de Ahumada y murió ajusticiado Bracamonte. Pero queremos vivir limpios y sanos, ya que no ricos. Ávila centro (estoy oyendo ya decir a algunos: ¡huy, si solo fuera el centro!), Ávila centro, repito, está invadida por palomas. Ya sé que la paloma es un animal con buena prensa desde lo de Noé y el ramito de olivo. También ayudó mucho el soporte simbólico de la Tercera Persona en el misterio de la Trinidad. Y no digamos la Paloma de la Paz de Picasso y el bellísimo poema de Alberti Se equivocó la paloma. Pero lo cierto es que las palomas que conviven con nosotros, en nuestros balcones, en calles, plazas y tejados son una plaga de aves guarras, ratas con alas que transmiten enfermedades como la ornitosis,  neumonía, endocarditis, hepatitis e incluso encefalopatía y alveolitis alérgica. Y sobre todo, asco, mucho asco, asco extrínseco y esencial cuando cada mañana vemos nuestros balcones adornados con sus excrementos, cuando tenemos que descastar los nidos que hacen delante de nuestras propias narices, cuando tenemos que contratar servicios de limpieza extraordinarios para limpiar tejados, canalones y bajantes. Patios interiores convertidos en corrales inmundos, balcones que son estercoleros (uno en la misma entrada de la casa consistorial, amenazando a quien esté tomándose una copa en los barriles de los soportales); conjuntos escultóricos, como el de la capilla de Las Nieves, guarreados y repugnantes. Cuando llueve, el hedor es insufrible. No vale con pasar la maquinita a las siete de la mañana por las calles para limpiar lo que ve la suegra. No vale con instalar jaulones y “controlar” la población. No se controla la población de ratas, se las extermina simplemente. Ecologistas, viejecitas bienintencionadas que las alimentan con amor, defensores de los animales, protéjannos a nosotros, los herederos de las casas de Jimena Blázquez, el judío Andrín, Ochoa de Aguirre y Eusebio Pérez. Nosotros somos animales inofensivos, amables, no transmitimos bubas ni tercianas. Solo queremos vivir en paz sin palomas de la paz. Prometemos seguir informando con amabilidad a los visitantes de cómo llegar a La Santa, dónde se puede tapear antes del chuletón y en qué pastelerías se compran las mejores yemas; pero protejan la salud de esta especie a extinguir que somos, que se resiste a marcharse a vivir al quinto carajo.

Señor concejal de palomas y medio ambiente, ya sé que no es fácil acabar con la plaga porque habría que empezar por obligar a los propietarios de casas abandonadas a que mantengan conservados sus edificios, ¡con lo que eso resta! Ya sé que corren malos tiempos, que no hay dinero para nada que no sea imprescindible. Pero como me dé una encefalopatía de esas o una alveolitis alérgica, le advierto de que cogeré la escopeta y voy a organizar una tirada de pichón de las que no han vuelto a verse desde cuando entonces.
El único palomar que visito voluntariamente, con agrado,  es el de Gotarrendura porque allí no queda una sola paloma. Se han venido todas a mi barrio.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Ávila la casa

Sobre el concurso convocado por el Ayuntamiento de Ávila para encontrar una marca y un imagotipo que representen a la ciudad, he dicho en la SER:

jueves, 13 de octubre de 2011

Marchando otra de churros

Fiestas de la Santa en Ávila. Aquí no hay más santa que Teresa de Ahumada, la hija del Toledano, el que vivía a la entrada de la judería. Las otras santas abulenses ─Sabina, Cristeta, Barbada y alguna otra que no pasó el oral para beata─ son eso, santas abulenses con plaza de interina al lado de la Santa de Ávila, numeraria. No fue patrona de España gracias a las malas artes de Francisco de Quevedo y otros gamberros cultos que prefirieron aprobar en la oposición a Santiago Matamoros, que vaya usted a saber si llegó a España alguna vez, a pesar de Clavijo, la tumba compostelana, los Caminos de peregrinación y el Códice Calixtino. A mí, de esta Santa lo que me gusta es que es como de la familia. Gracias a sus manuscritos y a sus numerosas cartas, se la puede seguir casi día a día, desde que la trajeron de Gotarrendura hasta que partió para su última fundación. Conocemos sus aficiones, las enfermedades, las manías, sus rebotes con los poderosos, todo. A Teresa se la puede admirar por sí misma, como mujer emprendedora, sin necesidad de más novenas ni homenajes. Me gustan las semblanzas de ella que escribieron algunos historiadores antes de que la proclamaran beata: el padre Ribera y Antonio de Cianca, entre otros. Hay en ellas la naturalidad que falta en historias posteriores.

                                                                                                  Foto de David Castro (Diario de Ávila)

¿Y cómo celebra Ávila sus fiestas de la Santa? Pues muy bien. El otro día en San Antonio, aprovechando que los estorninos aún no habían vuelto de la excursión para cagarlo todo, el Ayuntamiento empapuzo de churros ─”ese manjar tan español”, en opinión de Belén Ortega (excelente su crónica en Diario de Ávila)─ , repito, empapuzó de churros a los miembros de la tercera edad, o sea a los viejos, con la oposición de hijos, yernos y nueras. Y por la noche… mira que se lo tengo dicho, que no coma usted tantos churros, que son dañinos y producen gases. Y es que el concejal de Fiestas, que antes lo fue de Empleo (lógico), debió de disfrutar más que ellos repartiendo… tome, abuela, otra media docena.
Y el día 15, el día de la Santa, después de la procesión, de la “manifa” y de los fuegos artificiales, ¿quién dirán ustedes que cierra la jornada en Ávila de los Caballeros, de los Leales, del Rey Niño, de La Santa, de Victoria? ¡Falete! Sí señores, ni más ni menos que ¡FA-LE-TE en concierto!, la regente de la copla. Creo que voy a irme de la ciudad hasta el 16, que es cuando empiezan las clases. Si acaso, me acerco a Gotarrendura, que hay un viejo que se sabe una historia de la Santa en verso y hace tiempo que estoy en grabarla.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Tarjeta de guardasitio

Suele tratarse señoras pertenecientes al “club de la laca”, aunque no falta algún varón con ademanes de sacristán antiguo, que los de ahora, los pocos que quedan, parecen altos funcionarios. Llegan a los conciertos o a los lunes literarios con media hora de antelación para “coger sitio”, pero no para sí mismos o mismas mismamente, sino para Pepita, que está en las gregorianas de Fidel, mira que haberse muerto tan joven, y va a llegar con el tiempo justo; para Conchi, que me ha dicho que sí que viene, que se lo guardemos; para Robus, que tenía consulta hoy, que le han salido como unas ronchas en los brazos, yo creo que va a ser un herpes, quita mujer, cómo va a ser un herpes, bueno, ojala no lo sea, pero ya verás; para Benita y su marido, que como viven tan abajo van a llegar algo tarde los pobres, qué mal anda el marido, con lo que ha sido; para Mimo y su hermana, ya sabes, bonita, que ellas nunca se molestan, que siempre hay que dárselo hecho. Y todo esto se lo cuentan unas a otras y unos a otros mientras tú tratas de concentrarte en la lectura del programa: director Carlos Aransay, Cuarteto de sacabuches Il nuovo Chiaroscuro. La madre que las parió, no podrían callarse, a qué habrán venido. Las guardasitio despliegan armas de ocupación: aquí pongo una pañuelo, aquí la rebequita, aquí el monedero, aquí un zapato y en la otra silla el otro, allí el programa y acullá el móvil. Y llegas tú pronto, porque has querido coger un buen sitio para disfrutar de los sacabuches, y te dicen que está ocupado, que aunque tú veas que la nave central de la catedral está casi vacía, todos han ido al servicio, ¿al servicio en la catedral?, pues sí señor, al servicio. De buena gana te irías a casa a ver Sálvame, pero ¿vas a quedarte sin oír los sacabuches? Así que decides quedarte. A todo esto, la primera fila está reservada para autoridades. Como solo van el obispo, un canónigo y Gonzalo, que patrocina, queda un banco libre. Yo, que estoy en una esquina, observo que alguien está recogiendo las tarjetas de “reservado” y me lanzo sobre el banco para quedarme en el mejor lugar. Oigo un “mira qué listo” ¡Corre, corre y coge sitio para las tres! Y las tres, que ya estaban bien en el banco tercero se precipitan sobre el banco primero como furias desparramando pañuelos, móviles y chales hasta dejarme prensado como un arenque. Gruño, protesto, me han destrozado el concierto, los sacabuches me parecen cornetas de pregonero y los tres coros, las murgas del carnaval de Cádiz. No me pregunten cómo sonaban Victoria, Vivanco y Cabezón, porque las guardasitio consiguieron que no pudiera disfrutar del concierto. Así que cuando llegué a casa, me puse un disco de Victoria para borrar el ruido y conmemorar su aniversario.
Esa es la causa de que no asista a ningún evento donde sospeche que pueda haber guardasitios. No disfruto, no me concentro y se me despierta una mala leche, un qué pintas tú aquí. Cualquier día de estos voy a dar un manotazo sobre los asientos de los que han ido al servicio y, cuando todo esté embarullado, a mitad del concierto o de lo que sea, me voy a marchar yo también al servicio, que debe de estar por el claustro. Llamo a la cruzada contra las guardasitio: ni una concesión. A los conciertos se llega ya meado.

martes, 21 de junio de 2011

La calle Estrada. Aprender a mirar los suelos

Mi amigo el escritor Juan Martínez de las Rivas me envía un artículo, ejemplo de buen gusto y prosa excelente. Un ejercicio de descripción comprometida mediante la selección del léxico y la imaginería imprescindible. Le ofrezco publicarlo en mi bitácora y accede. La circunstancia de haber coincidido hace décadas en el mismo colegio, él como alumno y yo como profesor, me autoriza ahora a leérselo al resto de la clase. Para que aprendan. Pongan atención, también los que prefieren sentarse atrás: arquitectos, conservadores del patrimonio, concejales, contratistas... Dice así:



Hay una calle en Ávila que serviría para iniciarse en el aprecio de los pavimentos tradicionales. Por su centro discurre una ristra de lajas rectangulares que, por una concavidad suave excavada en el granito, conduce el agua a los sumideros. A los lados de ese eje se alternan, en un logrado contraste, el granito labrado y rectángulos de adoquines dispuestos en espiga y de color rojizo. El conjunto del solado tiene la ligereza de lo compuesto con buen gusto y crea una atmósfera muy particular, única ya en Ávila. Cuando se pasea sobre este empedrado, en la distribución de la luz o del agua de lluvia se percibe la vibración y diversidad de matices de lo que no es obra rápida de radial y máquina pulidora. Es una de esas calles que los directores de cine encargan buscar como escenario. Es probable que la esmerada composición del pavimento se deba a su uso peatonal antiguo, sin aceras, por su acceso difícil a coches y carros. En cualquier caso, sería una suerte contar hoy en el Ayuntamiento de Ávila con alguien de capacidad y gusto semejante al de su autor.
Los pavimentos tradicionales como el de la calle Estrada escasean en Ávila. Se eliminan sin la menor consideración y se sustituyen por piedra pulimentada a menudo, quebradiza, de mala calidad y desentonada con los edificios. Y cuando no se sabe qué hacer, se da rienda suelta a la cursilería y a composiciones grotescas. Supongo que no es necesario poner ejemplos de plazas y rotondas chuscas. Si comparamos los suelos de Ávila con los de ciudades históricas europeas encontraremos muchos motivos de vergüenza. Esperaba que, al menos, esta pequeña calle peatonal que une el Grande y la plaza de Italia sería respetada, como muestra de lo que ya no podemos disfrutar, pero desde ayer se puede observar que las obras de repavimentación nos están privando de su solado antiguo. El cursillo para aprender a mirar suelos que Ávila necesita llegará tarde y tendrá que dictarse con fotografías. Me pregunto si no es posible conciliar mejor en nuestra ciudad (otras lo consiguen) la comodidad y el patrimonio, sin la desaforada afición por las obras estilo Leroy Merlin con que arrasan piezas de la historia ciudadana los que debían mantenerla. No me pregunto por el destino de las lajas de granito labrado extraídas del suelo, porque eso sería suponer que alguien entre los destructores sabe valorar esas piedras.


Juan Martínez de las Rivas

martes, 24 de mayo de 2011

Movimiento 15M en Ávila



Al pie del monumento a las glorias de Ávila y con en fondo privilegiado del edificio de Moneo, abarrotado de gente en las ventanas para participar activamente en la protesta de los jóvenes de la ciudad, van sucediéndose los días en el campamento de El Grande. Desde esas ventanas, los propietarios anónimos (esos sí que son los verdaderos anónimos), les arrojan ofertas de trabajo, becas para universidades extranjeras, contratos de alquiler ventajosos y hasta planes de pensiones para cuando sean viejecitos: cualquier cosa que pueda hacerles volver a casa, al calorcito de la cama revuelta y las tostadas. Pero ellos, erre que erre, empeñados en tocar las pelotas para que los medios de comunicación los saquen (no saben ellos lo que cuesta eso en Ávila) con algún titular digno y fotos expresivas.
El día que se organizó el movimiento frente a la puerta del Alcázar, algunos viejos nos unimos al arranque de su protesta, un poco emocionados y nostálgicos de otros tiempos. Algún partido andaba por allí buscando réditos. Pero daba lo mismo, lo importante era que nuestros chicos (también las chicas, claro) por fin se habían decidido a manifestar que ellos no quieren ser el futuro, sino que son presente. Y que ya está bien de peloteo, “son la generación mejor preparada de la historia de España”, cosa que, por otra parte, habría que discutir porque hay de todo. Si lo sabremos quienes nos hemos dedicado durante años a enseñarles algo.
Mi simpatía, mi solidaridad con sus preocupaciones, mi preocupación porque sus aspiraciones se vean disueltas en la indiferencia del resto de la sociedad, mi miedo de que salgan algunos queriendo dirigir el pelotón de rescate para convertirlo en cruzada salvadora al servivio de cualquier partido. Se admiten ensayos y tesis doctorales sobre el Movimiento 15M, pero que periodistas, sociólogos, tertulianos furiosos y especies de opinión en general nos dejen disfrutar un poco más, lo que haga falta, con este aire fresco que hacía décadas que no soplaba.

viernes, 4 de marzo de 2011

Pasión viviente en Ávila

Hace ya mucho tiempo que Lesmes Andueza ha dejado de rezar, desconcertado con la indeferencia que Dios y el ser humano se profesan mutuamente, Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?, les leyó en clase el maestro Dámaso Alonso, una mañana que al profesor se le veía aburrido de tanto darle vueltas a la fragmentación lingüística de la Romania, que era con lo que se ganaba el sueldo, y desde entonces. Pero a Lesmes Andueza le ha quedado el formato y de vez en cuando dialoga consigo mismo convirtiendo a Dios en interlocutor para que le resulte más fácil y también porque sigue siendo cristiano, aunque erasmista de pensamiento y a la vez partidario de la antigua liturgia, un lío, vaya.
El caso es que hace dos semanas se enteró por la prensa de que en Ávila estaban planeando una pasión viviente que se iba a representar el Jueves y Viernes santos en el Rastro y algún escenario más. Y aprovechando que pasaba por el humilladero, charló un rato con el Cristo de los Ajusticiados, que es una de sus tallas favoritas porque siempre piensa ¿qué no habrá visto esta imagen?: No te dejes hacer eso, le recomendó, no dejes que te utilicen de reclamo turístico, que te pongan en el programa al lado de Ávila en tapas, las cazuelitas, las rondas de leyendas, las jornadas de las judías y el mercado medieval de Áureo, no permitas que cualquier actor aficionado pronuncie tus siete palabras colgado de una cruz que huela a barniz recién dado, ante turistas que acaban de zamparse un chuletón y avileses comiendo pipas, un poco de dignidad, Señor, que mira que esto del turismo religioso tiene sus límites y a la Junta de Semana Santa no se le pone nada por delante y al Ayuntamiento menos, ya has visto lo que hicieron el año pasado con el jardincito y las palmeras del cimorro, que los hosteleros con tal de servir cuatro cañas más y marchando cuatro de revolconas son capaces de todo, están buscando 40.000 euros para trajes y atrezo, que no los reúnan, Señor, recuerda lo bien que te salió cuando arreaste del templo a los mercaderes, y además ya ves cómo está la ciudad con su pasión viviente de parados, tiendas cerradas, empresas en fuga y bustamantes haciendo el chorra en el Carrefour y en el Lienzo Norte, mira a ver si das ya por abonado el huerto y haz algo para que esta primavera broten rosales de esperanza.
Lesmes Andueza se alegra de que los pasionarios no hayan encontrado los 40.000 euros, es así de insolidario, y de que Ávila se haya librado, ya veremos si por un año o por más tiempo, de una memez que no tiene la menor raíz y que hace buena la definición irreverente que daba Valle-Inclán de la religión de los españoles en Luces de bohemia, cuando le hacía decir a Max Estrella: Su religión es una chochez de viejas que disecan al gato cuando se les muere. Lesmes Andueza tiene un concepto más alto de la religión, pero para esta ocasión le vale así.

martes, 4 de enero de 2011

Jacinto Herrero y Muñoz Quirós

Estábamos al final de la presentación del libro de Adolfo Yáñez, Heterodoxos y olvidados, del cual escribiré en breve, cuando José Luis Gutiérrez Robledo pidió la palabra no para hablar del libro, como era de esperar, sino para proponernos que firmáramos folios solicitando el Premio de las Letras de Castilla y León para el poeta Jacinto Herrero. El manifiesto que precedió al reparto de los folios parecía convincente, de hecho lo era, sobre todo para quien ignorara que la petición se ponía en marcha versus otra poeta al que pocos días antes el Pleno de la Junta de Gobierno Local había respaldado unánimente para el mismo premio: José María Muñoz Quirós. Estaba yo en Cuba por esos días en que saltó la noticia; así que interpreté la propuesta de Gutiérrez Robledo como un deseo de llegar a tiempo de un reconocimiento en vida, por supuesto relacionado con la calidad de la obra literaria, que reconozco. No retireré, pues, mi firma de aquella petición del pasado día 29. A la vista del manejo que unos y otros están haciendo de esta controversia inventada, en la que ninguno de los escritores toma parte, advierto de que no me gusta que me manipulen. En los foros, el que más y el que menos está echando su cuarto a espadas inclinándose por uno o por otro; pero nadie escribe un solo argumento de línea y media que tenga que ver con la literatura. Los del Diocesano, la mayoría, recuerdan a Jacinto como un buen profesor (¡menudo argumento!), y pienso en don Antonio Machado, buen poeta y catedrático mediocre: lo de profesor y poeta no entra necesiaramente en el mismo lote, aunque en el caso de Jacinto se haya cumplido. Y los miembros de la Junta de Gobierno evocan en Muñoz Quirós "su larga y fructífera trayectoria" en la gestión cultural y "su voz autorizada a la cabeza de las letras de Castilla y León": puro politiqués. Comprendo que no es fácil construir razonamientos que, en este caso, deberían haber pertenecido al campo de la crítica para sustentar las propuestas, tanto la una como la otra, pero es cuestión de trabajar un poco y de asesorarse; en cualquier caso, de algo más que echar a volar las campanas sin saberse los toques.

Hay un fondo de caciqueo y miseria en todo este asunto que me desagrada profundamente.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Rotondas de Ávila

Amigo jmrwinthuysen:
¿Por qué cuando me pongo a escribir sobre La Celestina me sales con la rotonda del cementerio? ¿Me estás provocando para que escriba sobre la ruta de las rotondas? Pues te prometo que lo haré cuando las haya visto todas, porque por ahora descubro que cada día que salgo fuera de la cerca me encuentro con una nueva. O tal vez ocurre que no reparo en ellas más que cuando voy en el coche y tengo que pelearme con los demás conductores para interpretar si la preferencia es mía o es de este otro señor que pone las luces de la izquierda para girar a la derecha. Seguro que lo hace para protestar contra le estética urbanística. Por ahora puedo decirte que me obsesiona una que he visto en El Recreo con una cremallera medio bajada, no sé muy bien si de falda de tubo o de pantalón de exhibicionista. Y ahí está el problema: que, según la interiorices puedes resultar homo, hetero, un pervertido o todo a la vez. Hasta que no lo resuelva, prefiero salir se la ciudad por otras rutas.
En fin, ya te contaré. Pero no me provoques, que ya sabes que a mí no me gusta meterme en líos.