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viernes, 31 de agosto de 2018

Premio LIBER 2018 para la más grande

Almudena Grandes, premio Líber al autor hispanoamericano más destacado

El premio reconoce la capacidad de la autora para “crear una obra literaria centrada en la mujer y en la historia reciente de España”


Hasta aquí, el titular y la entradilla (El País, 31 de agosto de 2018, el periódico de Almudena).

Me llega un wasap indignado por lo que se trasluce detrás de la concesión del premio otorgado por la Junta Directiva de la Asociación de Gremios de Editores de España. Corrijo y añado: 1.-No es el Instituto Cervantes la entidad que concede el premio (faltaría más). Así que nada que sospechar del nepotismo del marido. 2. Sí sería curioso investigar qué ha movido en realidad al "cojogremio" (Caldeandrín Ediciones no está en ninguna de sus asociaciones) para la concesión del premio a la autora de ´Las edades de Lulú´ (la mejor de sus novelas "centrada en la mujer", ¿o no?). 3. Hay un tufillo de querer arrimarse al poder, cuanto más cerca mejor: Cojogremio -- Instituto Cervantes -- Ministerio de Cultura  -- Gobierno (Guerra Civil, Memoria Histórica, Mujeres al poder, etc.) -- Negocio. 3. Echo en falta un poco de pudor por parte de los Gremios, que han elegido apostar a caballo ganador: ¿se imaginan el premio concedido a un escritor (sexo H) "por crear una obra literaria centrada en el varón"?
Pues eso. ¡Qué hartazgo!

domingo, 22 de abril de 2018

Son de abril los libros mil...


Como todos los años, llega abril “lleno todo de flores amarillas” (siempre en nuestra memoria Juan Ramón); pero, además, repleto de recomendaciones sobre qué leer, qué títulos buscar en  librerías, qué elegir. La prensa se viste de amante de la lectura más o menos literaria (¡ay, la publicidad!) y cualquiera echa su cuarto a espadas sobre preferencias, autores favoritos, tendencias descubiertas… Mis recomendaciones personales se guían por criterios de oportunidad muy subjetivos; o sea, por lo que me ha gustado o está conmoviéndome en estos días todavía fríos de la primavera, que se resiste a consagrarse en Ávila, “pero es tan dulce cuando llega…”, ¿verdad, don Antonio…?

Uno. Me las he visto y deseado para terminar el primer tomo de Los enemigos del comercio (Espasa), de Antonio Escohotado, por lo denso y la carga de erudición que acompaña a su redacción; pero me propongo seguir con los tomos II y III. Admirable e digna de seguimiento su libertad para alejarse de lo manido y políticamente correcto.

Dos. Un libro para leer en pequeñas dosis, a capítulo por jornada, para degustar la delicia del ejercicio de estilo y disciplina que el autor se ha impuesto: noventa y cinco textos de ciento noventa palabras, ni una más ni una menos, para crear un universo alternativo a la realidad que nos imponen noticiarios y tertulias. 
Hay otra vida posible. Hablo de Ciento noventa espejos (Hiperión),de Francisco Javier Irazoki : otra forma de hacer poesía (en prosa) de la experiencia. Se aconseja leer un capítulo por noche, preferiblemente ya en la cama; y luego, no poner la radio.

Y tres. Una lectura que comenzó siendo de trabajo y se ha transformado en seducción. Mayda me da a leer el original de su última obra, Cuando salí de Cuba (Caldeandrín Ediciones), que está imprimiéndose estos días y va a aparecer antes de que llegue mayo. Adelanto aquí el texto que he escrito para la contracubierta:
«El alejamiento de la patria produce efectos de muy diversa índole en el escritor que lo sobrelleva: desde la nostalgia insufrible hasta el ajuste de cuentas, pasando por todos los grados imaginables que puede afrontar la escritura autobiográfica. Mayda Anias (Amancio-Las Tunas, 1965) ha elegido para los veintidós relatos que componen Cuando salí de Cuba otras tantas historias en las que predomina el sentimiento de desarraigo y frustración provocado por el exilio, más o menos voluntario, al que se ven conducidos los protagonistas. Y todo ello narrado en el estilo sorprendente que el lector ya conoce por sus obras anteriores: Tulipa, Narraciones de la Carretera y Un país para la Flaca. La tragedia cotidiana de quienes deciden abandonar la Isla constituye el motivo principal de las historias de esta última entrega de la escritora cubana».

Los deseos del librero escribidor: ¡Feliz Día del Libro! ¡Años felices  con libros! ¡Vida feliz, de libro!

sábado, 5 de noviembre de 2016

Diario de PATRIA, de Fernando Aramburu /4

He debido interrumpir la lectura de PATRIA durante dos semanas. Cuando he vuelto a encontrarme con Miren, Bitori y los demás personajes, he tenido que hacer un esfuerzo para seguir tomando algunas notas sobre aspectos formales y de estructura (pura deformación profesional). Me lo había propuesto desde el principio, como escudo para protegerme de la intensa emoción que la historia despertaba. He aquí algunas notas, las que más me han sorprendido, las que habría explicado de haber seguido en clase.
La libertad para crear “participios de presente”, casi siempre con un matiz de humorismo o distanciamiento: Te envuelve agresiva, azotante, porque te sabe sin defensa (p. 362). La calificó gritante, agresivo, de porquería (p.385). Buscó tranquila, fotografiante, el río y se encontró con la casa natal de Goethe (p. 404).
Frases colgadas: Aránzazu guiaba: cuidado con, tira un poco hacia, no vayas tan (p. 361). A veces, para pasar de estilo indirecto a directo: Y, a la vista de la placa, le dijo a Joxian que no se prepocupase, que: —Lo que está prohibido es andar en bici entre las tumbas, pero no llevarla agarrada (P. 574).
Uso de la barra ortográfica para crear series semánticas: De forma que, si él los masajea / aprieta / besa con delicadeza, con minucioso cariño, no es raro que ella dé un respingo de gusto y quiera más (p. 364). (…) y levantaban brindadores / simpáticos / bromistas las jarras  y vasos, y trataron varias veces de envolverla en una conversación (p. 405).
Injertos de diálogo en la narración: Le indicaron a Miren que se le estaba acabando el tiempo, señora (p. 457). (…) oyó a su espalda las palabras de Joxe Mari rogándole con novedosa, en él nunca conocida humildad, que volviera, que no te vayas ahora, que tenemos que dialo… (p. 583).
Estos y otros recursos obligan a volver sobre lo aprendido en las incursiones de narratología. Pero la  prevención que buscaba de una lectura que podía llevarme a la emoción sin yo quererlo se ha venido abajo en los últimos capítulos. La carga de humanidad y compasión que ha vertido Fernando Aramburu en los personajes me ha obligado a contener las lágrimas, lo confieso. Tendría que remontarme a la confesión desesperada de Carmen Sotillo en Cinco horas con Mario de Delibes, hace cincuenta años, para decir que he sentido algo parecido.

Me sobra la lectura interesada y política que muchos están haciendo. Me basta con el humano compromiso.

martes, 4 de octubre de 2016

Diario de PATRIA, de Fernando Aramburu / 3

Lectura lenta y pausada. Invita a ello que los capítulos sean tan cortos y permitan dejarlo para luego, sin el pesar de abandonar la historia en medio de (como podría escribir Aramburu, para que tú, lector, pongas algo de tu parte).
Sigo impresionado por la historia y admirador de la trama. Están apareciendo personajes que no describiré con detalle, pero que definiré sin más explicaciones. Miren y Bitori: amigas y luego enemigas, dos mujeres de tragedia. Sus maridos, Joxian y el Txato: cobarde sentimental / práctico y tozudo. Joxe Mari y Xavier: ideologizado y asesino / el buen hijo. Gorka y Nerea: fugitivos de su destino. Y Arantxa. Hasta aquí los personajes de las dos familias, antes amigas, enfrentadas después. De los otros: don Serapio, el párroco miserable, es por ahora el que más me repugna; Arantxa, en su silla de ruedas, es por ahora, el personaje más libre y atractivo. Al fondo el ambiente opresor que se respira(ba) en el País Vasco, sobre todo en los pueblos: “Porque en una ciudad, pase; pero en el pueblo, donde todos nos conocemos, tú no puedes tener trato con un  señalado” (pág. 332). Tuve ocasión de respirar este aire en alguna ocasión, aunque siempre protegido por amigos, en Oyarzun, Rentería, Fuenterrabía, Astigarraga, cuando andaba editando libros en Bilbao.

Esto por ahora. Solo he llegado al final del capítulo 69, página 336. Me queda mucha travesía aún y algo puede cambiar. ¿Que contada así no parece una gran historia? Es mi forma aburrida de resumir. Pero podría jurar que hace mucho tiempo que no me emocionaba tanto una historia: quizá desde aquellos apuntes de la ignominia que fueron Los peces de la amargura, hace ya diez años. (Continuará)

viernes, 23 de septiembre de 2016

Diario de PATRIA, de Fernando Aramburu / 2

22 de septiembre. Esta tarde ha entrado el otoño a las cuatro, dicen. En El Soto (Ávila), cobijado a la sombra de un álamo que comienza a amarillear, he llegado hasta la página 102, al final del capítulo 21. Son breves los capítulos, para impedir que el lector parpadee. De arranque, se me ocurre decir que no tengo palabras, pero sería una frase hecha, pura retórica, porque ¡vaya si las tengo!
Escritor comprometido. El tema —el País Vasco, las víctimas de ETA— podía haber hecho escorar la historia hacia la política (tolerancia / intolerancia, condena / justificación, nacionalismo / fidelidad constitucional); o hacia lo social-antropológico (asesinos y asesinados hemos sido víctimas, la sangre y el duelo, las cárceles suyas / nuestras). Pero ésta es otra manera de “compromiso”: con el factor humano que irradia de la contemplación de los personajes.
La estructura episódica, contrapuntística, alejada de cualquier plan cronológico, produce la impresión de que el autor va montando la historia con las piezas del puzle que guarda en su cabeza, ahora por esta esquina, ahora por el centro, después vuelvo sobre las nubes: dueño absoluto de una trama muy trabajada: la historia casi me la han dado hecha los acontecimientos y está ya escrita, pero la trama es cosa mía. ¡Brillante!
Confieso que la historia, lo que cuenta Aramburu, está afectándome con tal fuerza, que dejaría de leer (lo he hecho con tantas novelas…), si no fuera porque en este punto me declaro dependiente de la trama, de su forma comprometida y comprometedora de enfrentarse al pasado más reciente de Euzkadi; y seducido por su lección sobre el arte de narrar, que me hace volver sobre lo que tantas veces he explicado en mis clases a propósito del punto de vista y las técnicas del narrador.
Pero sobre esto escribiré en otro momento.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Diario de PATRIA, de Fernando Aramburu

Hace ya algunos meses que El Jardinero me presentó en la Finca Güell a su amigo Fernando Aramburu. Almorzamos algo improvisado en la cocina y lo acompañamos al tren, de vuelta para Madrid. Me impresionó su contención, rara en cualquier escritor que ya haya sido consagrado por el reconocimiento de la crítica y los lectores de literatura.
14 de septiembre.- Juan Martínez de las Rivas (El Jardinero), uno de mis dos asesores fiables de lectura, me impone: "Imprescindible. Tienes que leer PATRIA, la novela que acaba de publicar Aramburu en Tusquets. Todavía estoy con ella".
16 de septiembre.- Aeropuerto de Barajas. Busco en la librería. Apenas han tenido ocasión de colocarlo en en la mesa de novedades y me lo sacan del almacén.
18 de septiembre.- Oigo, como todos los domingos, a Javier del Pino en "A vivir, que son dos días", el programa de la SER. Entrevistan a Aramburu, que deja un manojo de reflexiones sobre el sufrimiento de las víctimas en el País Vasco, el valor que hay que derrochar para pedir perdón, el papel que la novela debe jugar en la visión de la realidad... Nunca me han gustado los prólogos, que suelo convertir en epílogos dejándolos para el final; pero éste de la radio era necesario, aunque forme parte de la promoción. Búsquen en Internet.

Esta misma tarde comenzaré a leer. Ya les contaré algo más cuando llegue al final.

martes, 20 de octubre de 2015

Orquesta de desaparecidos

Francisco Javier Irazoki acaba de publicar (septiembre de 2015) Orquesta de desaparecidos en Hiperión. Desde aquella tarde en que el autor nos puso en las manos el libro en su casa, a dos pasos de La Bastilla, como remate pudoroso de una velada inolvidable para que ya no cupiera un minuto de elogio, Orquesta de desaparecidos ocupa lugar de honor entre la docena de libros no más—  de la biblioteca íntima cada vez más expurgada que me acompaña en este tramo. He tenido el privilegio de recibirlo —me he vuelto muy fetichista en esto de la literatura— en el espacio donde ha sido escrito, repasado, ordenado, en el “Portal 2” que da título a uno de los textos.

Estuve a punto de rebuscar en la papelera por ver si encontraba algún borrador que diera cuenta de alguna redacción provisional, de un texto corregido, de una primera versión. Habría planchado el folio arrugado y lo habría puesto en mi caja de documentos sagrados. Y he disfrutado de su primera lectura en París, durante los viajes en autocar o en el RER hasta el hotel ¡ya casi en Normandía! Hasta aquí la ficha sentimental, en la que incluyo como nota imprescindible la conversación de Bárbara interesándose por lo que la Flaca contaba sobre Cuba.
Orquesta de desaparecidos es un libro de poesía aunque la prosa de los textos pueda descolocar en principio al lector que necesite del género y la talla antes de enfundarse en él. Casi ninguno de los poemas sobrepasa las dos páginas, lo que invita a la morosidad. Textos que se muestran con apariencia de narrativos van adelgazando párrafo a párrafo hasta acabar convertidos casi en aforismos. En algunos palpita la experiencia, la nostalgia luminosa del recuerdo infantil o de juventud; en otros se siente la tentación de trocear la prosa —si acaso dejando algún encabalgamiento— para convertir la frase en verso libre. En realidad, ya lo es. Los textos (poemas) se integran en la unidad del libro transcurriendo armónicamente desde lo más anecdótico de las primeras páginas a lo esencial, como si el poemario estuviera siendo sometido en su progresión a un proceso de depuración radical.
La foto es de Barbara Loyer
Su lectura me reconcilia con la poesía, que tantos desalientos me produce desde hace años. No sé si habrá más de media docena de adjetivos literarios en todo el libro. Aquí el pensamiento y la emoción se han construido con lo esencial, prescindiendo de cualquier artificio. El poema “Orquesta de desaparecidos”, que presta el título al libro, despierta la emoción motivada por el repaso de las edades. “La casa de mi padre” es un himno de lectura imprescindible para cuantos se sientan infectados por el virus nacionalista. “Oración laica” enseña a orar al margen de cualquier creencia, a solas con el humanismo universal y particular.

Hay en las páginas de este libro sinceridad y compromiso íntimo con lo que de verdad importa. Gracias, Zoki.

martes, 28 de julio de 2015

La pecera de Juan Gracia Armendáriz

Tengo en nómina a dos asesores de lectura a los que no pago para evitarme gastos más la cuotas de la SS, el IVA y todo eso. El Jardinero casi nunca me defrauda con sus “prescripciones”, aunque no siempre nos gustan las mismas literaturas. La Flaca está atenta a lo que me conviene dependiendo de mi estado de ánimo, la estación del año y las fobias cíclicas que me asaltan. Los consejos de ambos son impagables, como he dicho. ¿Qué me llevo a la playa, Flaca? Toma, La pecera de Juan Gracia Armendáriz, esto es lo que vas a leer y después me dices. ¿De qué va? De un profesor de literatura. Pienso si será una trampa corporativa: yo lo he sido y ella también. Y así es como frente al mar, mientras ella le lee a Rosa su última novela como le había prometido en la dedicatoria, me sumerjo en el piélago profundo de La pecera. Entro en las treinta primeras páginas con todas las precauciones, como el niño ordenado que se moja la nuca, los brazos, el pecho y la espalda antes de zambullirse en el agua (cada vez me tomo mayores precauciones, los libros vienen muy peligrosos). No aparece el profesor por ninguna parte. El comienzo es prometedor:
«Soy malo y sentimental. Respiro bajo la cota de malla del alcohol. En vano, el aire cristalizado trata de morderme las mejillas. En la radio del coche suena Ride Like The Wind.»

Desde hace tiempo, ya no soy capaz de leer «de seguido», como recomendaba un profesor un poco paleto de mi colegio. Así que, sobre todo en los arranques, me pierdo en paréntesis que nada aportan a la historia, pero que no puedo evitar: malo y sentimental, como Alioscha, el personaje de Dostoyevsky… el alcohol es una cota de malla, o sea que protege, en contra de lo que predica la DGT… qué emisora va oyendo, debe de ser Radio 3 porque Cristopher Cross no se programa en las radio fórmula. Está claro que la historia me interesa desde las cuatro primeras líneas, porque me permite curiosear en el contexto. Te imaginas que hubiera empezado: «Me llamo Fulano, soy malo, sentimental, alcohólico y profesor de literatura en la Autónoma». No puedo desprenderme de la puta didáctica, ni siquiera cuando estoy leyendo una historia, siempre poniendo ejemplos.
Ya en la tercera página, desaparecen los fantasmas del contexto y me dejo llevar por el narrador en su larga confesión de adicto impenitente al alcohol, una confesión que conduce al abismo a través de un paisaje terrible construido sin misericordia con imágenes que golpean al lector: «el hollín de la conciencia», «la casa muerta de la memoria», «el sopor de cenizas volanderas», «la bombilla sucia del sol», una estética de lo terrible que se extiende a la narración en primera persona del viaje a los infiernos de Miguel Quer y de sus alucinaciones, sin las cuales ya no es capaz de sentirse libre. Al final, en la última página, cuando todavía no sabe si va a ser capaz de construir un discurso para el círculo de alcohólicos que esperan su «testimonio», lo que se le ocurre que va a decir y no dirá es: «Ojalá mi memoria fuera una laguna. Me gustaría tener tantos agujeros de olvido como algunos de vosotros, pero yo me acuerdo de todo». Es la tregedia del alcohólico que ha asumido su papel de «malo y sentimental» y ha elegido seguir acompañado de sus fantasmas: «Sentados a la mesa, están Jhonny, el hombre invisible, el pez eléctrico». Ellos son la garantía de la continuidad.
No busquen en La pecera un libro de autoyuda y menos aún una lectura de verano. Sepan que van a ser absorbidos sin remedio por la dura historia que Gracia Armendáriz ha creado para su personaje Miguel, poderosa, morbosamente atractiva (me atrevo a decir), con una construcción narrativa eficacísima. Comparto con el profesor Miguel Quer, si no la adicción al whisky, aunque acaba de regalarme mi hijo una botella de Cardhu 12 años, ¡exquisito!, sí la visión desmitificada de la literatura.
Piélago, abismo, laberinto, infierno, pecera.

Léanla.

jueves, 12 de junio de 2014

Diamela Eltit, ¿cuántos?, ¿doscientos años?

Me recomienda El Jardinero la lectura de Impuesto a la carne, la novela de Diamela Eltit. Cometo el error de leer la contracubierta lo primero, aunque tengo instaurado como hábito comenzar siempre por la primera línea del primer capítulo, saltando sobre solapas, prólogos y otros aparatos bibliográficos y comerciales. Eso queda para el final, cuando ya han transcurrido dos o tres días desde el acto de la lectura y uno se encuentra repuesto, fuera ya de peligro. Pero esta vez no, esta vez he caído en la trampa aviesa del editor, que pretende convencerte a pie de expositor de que no puedes vivir un día más sin leer mi libro. Cuando llevo leídos cuatro o cinco de los breves capítulos de Impuesto a la carne, descubro la maniobra del editor/vendedor, que ha querido colocar el producto como “una sórdida y lúcida metáfora de los años de represión en Chile y el resto de Latinoamérica”. Ya me había llamado la atención lo de “sórdida” + metáfora… Así que decido comenzar de nuevo, borrarlo todo y ponerme a leer como si Eltit −qué más quisiera yo− me hubiera hecho llegar el original en un sobre, sin mayor advertencia. Ha sido un descubrimiento. Madre e hija, los dos personajes protagonistas ¿o solo es uno? se mueven en un espacio –hospital, nación, patria− ofreciendo su sangre y sus cuerpos para que los médicos operen, trasplanten, injerten, extirpen durante “¿cuántos?, ¿doscientos años?”, se pregunta recurrentemente la hija, a la que Eltit ha cargado con el peso de la voz narradora. Porque la narración, poética (hay muchas maneras de poesía, también la elegiaca) y obsesiva va imponiéndose en una historia que no conduce a ninguna parte, lo sabes cuando llevas leído un tercio de la novela. Pero ya no puedes abandonar. Cada vez me siento más a gusto con estas historias que prescinden de la anécdota y me regalan el oído con un caudal de lenguaje rico en sí mismo. ¡Ah, la seducción de la forma! Comento con El Jardinero a posteriori la extrañeza de que Diamela Eltit no haya sido más promocionada, más editada en España, pero la literatura, ya se sabe, no siempre tiene que ver con el consumo. Voy a seguir el rastro de Diamela Eltit.

domingo, 20 de abril de 2014

Muchos años después...



Muchos años después, ante el pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
Muchos años después, cuando se extendió la noticia de que García Márquez había muerto, el viejo profesor recordaría aquella clase en que invitó a sus estudiantes a oír el arranque de una novela que acababa de ser publicada en España: «Muchos años después…». ¿Lo recuerdas, Tulio?
Aquel Bachillerato recien estrenado, todavía experimental en nuestro colegio, el SEK de Arturo Soria, nos permitía presentar a la Inspección programas alternativos. El de Literatura, con el visto bueno de la autoridad competente, más competente que la de estos tiempos, propuso un programa de lecturas en el que se incluía a García Márquez y Vargas Llosa entre otros autores. Era el comienzo de la década de los 70 y la Ley Villar estaba abriéndose paso año a año, sin precipitaciones. La lectura de Cien años de soledad, aparecida en edición española dos o tres años antes, nos descubrió a los lectores, estudiantes y profesor, que había vida más allá del realismo naturalista de Cela y Delibes. La aparición más tarde de Oficio de tinieblas 5 de Cela en 1973 y Las guerras de nuestros antepasados de Delibes en 1975, ambas con un esfuerzo de renovación un tanto postizo,  confirmó que algo estaba removiendo los cimientos de la narrativa en español desde la otra orilla del Atlántico. Un texto airado y jeremíaco de Gironella en ABC Cultural o en Blanco y Negro (no lo he guardado) defendía la cruzada contra el colononialismo de vuelta que nos venía de América de mano de la novela. Todo acabó serenándose con el equilibrio aportado por los nuevos narradores y la renovación de los viejos maestros, pero aquellos fueron tiempos apasionantes.
Ahora, que todo el que puede aporta alguna anécdota sobre García Márquez, dejo aquí la mía, de cómo conocí al autor en la edición de EDHASA de 1969, con cubierta diseñada por Vicente Rojo, hoy ya un icono; y de cómo disfruté de aquella lectura entonces de vanguardia con mis alumnos. Después han venido otros muchos títulos, pero ya no ha sido lo mismo.

sábado, 22 de marzo de 2014

Fulgencio Argüelles en Ávila




El pasado día 4 de marzo pasó por Ávila el novelista Fulgencio Argüelles, invitado a participar en el Club de Lectura que dirige María José Bruña en la Escuela Universitaria de Educación y Turismo de Ávila. Me lo había anunciado dos meses antes El Jardinero, viene a hablar de “El palacio azul de los ingenieros belgas” [Acantilado, 2003] por si quieres leértelo. Sus sugerencias de lectura son más bien prescripciones y, por mi cuenta, sumé “Los clamores de la tierra” [Alfaguara, 1996]. Para “El palacio…”, Argüelles ha buscado la voz narradora de un niño, aprendiz de jardinero, que cuenta la historia desde su perspectiva y solo desde su visión, dejando zonas de sobrentendido al lector, con un estricto cuidado de la estructura narrativa y una riqueza de vocabulario deslumbrante.
He vuelto al Mieres de las visitas de infancia que recreé en un capítulo de “El cuento de todos los días”, cuando el Caudal bajaba negro por su cauce y los geranios de Alberto, el maestro de párvulos, amanecían cada día con las hojas vestidas con el polvo del carbón que todo lo invadía, y a la lectura de los “libros mineros” de Ciges en su etapa socialista (“Los vencedores” y “Los vencidos”) y he buceado en el recuerdo de una de mis lecturas de infancia: “La aldea perdida” de Palacio Valdés. Pero nada comparable con el diseño de este niño, Nalo, que nos introduce en las Asturias minera de 1920-1934, y de personajes femeninos que parecen extraídos de las páginas en offset de un Blanco y Negro de aquellos años.
Asturias es una ensoñación histórica en “Los clamores de la tierra”. Lo que uno leyó sobre el reinado de Ramiro I en el Padre Mariana o en Sánchez Albornoz se ha convertido aquí en una novela con mucho más que el puro argumento: el relato sobre un tiempo altomedieval que deja ver al trasluz un proceso de investigación histórica y antropológica poco frecuente en estos tiempos, en que el género de la novela histórica  se ha convertido en la mayor tomadura de pelo del mercado editorial.
Volver a Oviedo ya no será lo mismo desde ahora, subir al monte Naranco para ver la ciudad en construcción desde Santa María no será posible sin oír los gritos de dolor del traidor Nepociano, las profecías del sabio Magilo y los proyectos de Arbidel.
Ahora soy yo quien recomienda. Busquen los libros de Fulgencio Argüelles y déjense de leer historietas adobadas con mercadotecnia. Recuperen el antiguo gusto por la mejor literatura y abandonen la novela de ketchup y pepinillo.