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lunes, 18 de mayo de 2020

Atriles y tribunas para una pandemia

Dentro de unas semanas cumpliré ochenta años. No solo no me importa confesarlo, sino que me siento satisfecho de haber sobrepasado con creces el año 1984, aquel hito que me parecía inalcanzable en tercero de bachillerato, cuando don José Muñoz nos reveló en clase de historia que un tal Orwell había escrito un libro con ese título. El confinamiento me pilla recuperándome de una intervención quirúrgica a vida o muerte y una hospitalización que ha coincidido con la fase crítica de la COVID 19, así que me ha tocado vivir en directo el trajín y el desconcierto de las UCI, los cambios de una planta a otra a medida que la pandemia iba ganando terreno, incluso el traslado de centro cuando la situación se convirtió en crítica. Mi familia me ha salvado. También buena parte de los sanitarios que me han atendido se merecen mi gratitud profunda; algunos otros, los menos, ni fu ni fa.
Ahora, contemplo la vida desde la butaca que he instalado frente al balcón y vigilo en plan vieja del visillo el comportamiento de la gente: mira, este no guarda la distancia social, aquel lleva la mascarilla en el cuello, esa ha decidido que la pandemia no va con ella… Admiro con envidia el vuelo enloquecido de los vencejos. Leo con la Flaca  el Quijote, como otras veces que he estado malo. Oigo la radio y echo un vistazo a la prensa en Internet. Estoy empeñado en terminar un librito de memorias de infancia que he ido adelantando por entregas hace tiempo en este blog. Hago esfuerzos por no vomitar si me encuentro con ellos y ellas en el paso rápido por la pantalla, hablando sin la menor empatía desde sus tribunas y atriles (ellos y ellas, innombrables, lo siento). Miro con nostalgia un proyecto de edición que se nos quedó colgado en la imprenta en febrero, pendiente solo de revisar las pruebas (¿llegará algún día a presentarse?). Me entretengo devorando series, hojeando revistas antiguas de nuestra librería y sacando tiempo para ponerme al día de lecturas pendientes. Doy paseos por la casa: treinta y dos pasos de un extremo a otro, calculo que unos veinticuatro metros, o sea más de setecientos metros en media hora (que es lo más que aguanto de un tirón), por tres tirones al día son algo más de dos kilómetros. Hablo por “guasap” con la familia y los amigos.

En fin, hago lo que puedo por no convertir en cárcel el confinamiento.
Procuro no salir de casa: además de no confiar en los del atril, me resulta deprimente encontrarme las calles vacías, la gente como zombis, los establecimientos cerrados y las palomas guarras arrullándose a sus anchas. ¡Vaya primavera de mierda!

Así que dejen de dar bandazos y de animarnos a los viejos con canciones de ánimo, conciertos a media tarde y mensajes de aliento. Ocúpense en decirnos la verdad desde el atril, en proteger a los sanitarios, garantizar la atención de los desasistidos y aceptar de una vez que el estado de alarma no basta, que el estado es excepcional, se llame como se llame.

Y muestren alguna empatía con los que estos años de atrás han venido echando una mano en las familias: cuidando a los nietos, ayudando a los hijos a pagar el alquiler o la hipoteca, estirando sus pensiones. Se merecen algo más que acabar siendo un número en la estadística de los fallecidos. 

viernes, 3 de enero de 2020

2019-2020. Antes de entrar dejen salir

Renuncio a hacer balances. Tampoco quiero hacer una lista de buenos propósitos que, por lo general, conducen al aburrimiento. Mi memoria, cada día que pasa más selectiva, hoy solo retiene lo acontecido los últimos días. Es lo que sigue:

23 de diciembre. Coincido en la churrería Alameda de El Rollo con Óscar. La cola de los vecinos de San Nicolás sale por la puerta. Comentamos las ventajas e inconvenientes de preferir el chocolate al café con leche para mojar. Tema bizantino.

24 de diciembre. La Flaca me saca a pasear por El Soto, que todavía muestra las huellas del temporal reciente: prados que perecen lagunas y algunos patos que debían de pasar camino del Sur y se han encontrado con el regalo del arroyo Grajal corriendo. Por la noche, cena familiar con los hijos y la nieta. No oímos el discurso del Rey ni las gansadas de la tele. Improvisamos las nuestras.

25 de diciembre. Felicitaciones desde Estocolmo, Amancio (Cuba), Amberes, Argel, Madrid, Ávila. La tarde para ver en Netflix Los dos papas, una peli reveladora.

26 de diciembre. Suenan en la radio los ecos desganados de las negociaciones más bien negocios de ellos, con el ruido de fondo de tribunales, abogacías del Estado, partidos políticos y analistas: ¡un asco! Por alguna razón relaciono la confusión con la pularda rellena de ayer y estoy a punto de potar.

27 de diciembre. En el Mercado Chico se agolpa la gente para reforzar la despensa con vistas a Nochevieja y el Año Nuevo. Mi verdulero de cámara me mira con desconfianza cuando pido dos kilos de zanahorias, kilo y medio de calabaza y un par de granadas. Apenas se atreve a desearme feliz salida y entrada.

28 de diciembre. Recibo mi pedido de vinos y cavas catalanes. Mi rechazo de los “indepes” no llega a la paletería de maridar la política con la mesa: impugnar el queso Roquefort  por lo del Dos de Mayo o el ron cubano por el Desastre del 98. Dada nuestra historia, apenas podríamos poner en el plato algo más que nabos y borraja.

29 de diciembre. Nos las prometíamos felices en Madrid visitando la exposición de Los impresionistas y la fotografía  en el Thyssen, pero la cola y la hora prevista de acceso nos hacen desistir (otro día será); así que atravesamos la Acrópolis madrileña ─Neptuno, el Ritz en obras, la Academia, el Casón, el Salón de Reinos─ para entrar en  en El Retiro y pasear por el jardín del Parterre recordando otro tiempo. El sol y la mañana radiante anuncian UN PORVENIR mejor (otro día explicaré esto). Camino del almuerzo, entramos en Casa Mira: una cajita de marron glacé en recuerdo de Mamá y un roscón de Reyes, todo carísimo y el personal de la tienda como cuando Galdós. La comida en un restaurante gallego previa reserva. No se puede hacer caso de opiniones de los clientes en los foros.
Llegamos ansiando una buena merluza a la gallega, como aquella que servían en Pereira, en la Calle Cervantes; pero no, lo que sirven es merluza a la vasca en salsa verde, o un cogote, por cierto reseco. Pido llevarme las sobras (casi todo) para preparar un sopa de pescado con el acompañamiento de unas almejas para la comida de mañana. Eso me pasa por no ir donde siempre, a Las Bravas del callejón del Gato.

30 de diciembre. La sopa resultó riquísima.

31 de diciembre. Vamos a Pradosegar a felicitar a los amigos. Charo nos pone al día de acontecimientos y afanes, y nos regala unas morcillas de las de toda la vida. Ángel se pelea con la estufa. Ángeles y Begoña nos reciben en la casa familiar, (año 1903 reza en en dintel), que sigue guardando el recuerdo de los veranos de la infancia. Águeda se ha caído por la escalera y está magullada. Ya en casa, más felicitaciones y deseos de que antes de entrar dejen salir. Cena sencilla con cava. Pactamos no cumplir con el ritual de las doce uvas, ni con el de ver las memeces de Mota y los demás.

1 de enero. La mañana pegado al televisor. Primero la Misa desde San Pedro del Vaticano, ¡brillante espectáculo! El papa Francisco anda algo cojo.Y después, el Concierto desde Viena, este año dirigido y protagonizado por el letón Andris Nelsons, un entusiasta disfrazado de catalfalco. Genial todo: la misa y el concierto. La mañana de Año Nuevo es el último respiro antes de que mañana (hoy ya cuando escribo) dé comienzo el “año de la pularda”. ¡Que Dios nos tenga de su mano!

domingo, 10 de julio de 2016

Omara Portuondo & Diego el Cigala

Diego el Cigala y Omara Portuondo en el Circo Price de Madrid: un concierto olvidable. 


Leo críticas del día siguiente y me afirmo en la idea de que yo ya no veo bien. El Cigala acusa cierto cansancio existencial, se le nota. Todas sus canciones me sonaban a lo anterior con Bebo Valdés, aunque la voz desgarrada sigue siendo estremecedora. Le empieza a sobrar virtuosismo, ese manierismo molesto de los consagrados. Y Omara, echando mano de recursos cada vez que perdía la letra de sus boleros a base de son, de frases musicales repetidas hasta la extenuación, de alguna que otra payasada perdonable (son ochenta y cinco años). Sigue manteniendo la voz de cuando le cantaba al Comandante "No se rinde nadie, no señor". La sala casi al completo de cubanos de Omara y madrileños de Diego (La Flaca y yo), entregados ellos a la adoración a los dioses. Un fallo nuestro: olvidamos la petaca de Havana Club en casa. Hubo hasta su miaja de baile en las butacas.
Lo mejor, los músicos. ¡Cuánto siento no poder nombrarlos ahora! Ni los programas de mano, que no los había, ni las críticas se han ocupado de ellos. Pero escuché un solo de contrabajo, largo, profundo, arrebatado, que fue lo mejor de la noche.
El "Siboney" de Omara me transportó a la infancia, cuando mi madre me lo cantaba en la cama: "Mamá, cántame Siboney". Eso fue antes de que me llevaran a vivir en el palacio, pero es una historia para otro lugar. La nostalgia de mamá y del castrismo se nos borró con un cóctel de ginebra más tónica (lo de yintoniz no acaba de entrarme) en una terraza popular de Atocha.

domingo, 7 de julio de 2013

Mujer amamantando en la piscina: alma mater

O sea, madre nutricia.


La costumbre de amamantar a las crías es muy natural y está muy bien, pero de ahí a que la madre le dé la teta al bebé en la piscina media un abismo. ¡Dónde se ha visto! En la piscina puede uno sonarse la nariz con la excusa de respirar mejor, soltar la capa de crema para crear veladuras multicolores en la superficie, resoplar las babas mientras se ganan metros practicando el crol, abrir las piernas en compás con disimulo para que llueva oro, dejar la pelambrera que la alopecia impone; pero dar el pecho al bebé, ¡qué falta de higiene! y, además, aquí está prohibido comer y dar de comer, señora, así que no me obligue a llamar a seguridad, si usted quiere puede bajar a vestuario y allí lo amamanta usted, además esto es una indecencia, otra cosa sería que se bañara sin lo de arriba como aquella chica de la tumbona, que eso no está prohibido por el reglamento, pero así por conveniencia no, además no se pueden hacer consumiciones de ningún producto que no se haya adquirido en la cafetería en el caso de que usted optara por darle al niño el pecho allí, que ya le he dicho que no es posible y luego está lo de la contaminación del medio ambiente, se le puede derramar leche en el agua y pegarles a los demás cualquier cosa. Así que no insista y, si tiene alguna queja, diríjase a la concejalía de consumo y medio ambiente, que yo soy un mandao, ¡leche!

martes, 21 de mayo de 2013

LOMCE, la última reforma (por ahora)

Este profesor recién jubilado, que pasea un  viernes por El Grande, contempla a los chicos de Secundaria iniciándose en el ritual del fin de semana: ellas compitiendo por ser las más originales en atuendo y ellos, los pobres, boquiabiertos ante tanta exhibición. Han sido sus alumnos hasta el otro día. Algunos incluso lo saludan. Viven ajenos a la última reforma, como si no fuera con ellos. Y es que, en verdad, no va con ellos.
La educación, o tal vez debería decir la enseñanza, ya no sé a qué atenerme, se ha convertido en una enorme mesa de cocina en la que ensayan sus recetas los políticos, que ofician de auténticos chefs, comandando equipos de pedagogos advenedizos (los buenos nunca intervienen en estas aventuras), sindicatos de profesores, asociaciones de padres, sindicatos de estudiantes, asesores de consejerías y rara vez, profesores de aula, seleccionados, eso sí, rigurosamente por su adhesión al proyecto de turno. El panorama, contemplado desde la experiencia de las siete u ocho reformas que ha padecido este profesor que acaba de jubilarse, produce más pena que otra cosa. El docente que traemos hoy aquí, al que pueden poner el nombre y apellidos de alguno de los miles de profesionales de la enseñanza, se graduó a finales de los sesenta. Era maestro o licenciado y fue contratado en un colegio para dar treinta horas de clase semanales más complementarias, hasta sumar cuarenta. Preparaba a sus alumnos para aprobar reválidas y superar el Preu. Si era despedido por el titular, podía acudir al sindicato de enseñanza y actividades diversas, donde convivían garrulos que habían puesto un colegio de barrio con doctores en física, profesores de autoescuela y trapecistas. O bien había hecho oposiciones o se había apuntado a las listas de interinos, que fueron creciendo a la par que la población en edad escolar hasta convertirse en inmensas bolsas de trabajadores de la enseñanza que hubo que convertir en funcionariado  de aquella manera. Este profesor, que tiene poco o nada de personaje imaginario, tuvo que poner en marcha la Ley Villar, allá por los setenta, y adaptar sus métodos a un modelo de educación personalizada basado en la evaluación continua y la coeducación: EGB en tres ciclos, un bachillerto de tres años (el BUP) y un Curso de Orientación Universitara que se remataba en la Selectividad. A finales de los setenta, ya con la democracia, los políticos todavía demostraban alguna sensatez y fueron capaces, con los pactos de la Moncloa, de consensuar y poner en pie una ley de financiación que permitió llenar España de colegios e institutos, construidos deprisa y corriendo, pero construidos al fin. A partir de ahí, fue el desastre. El primer gobierno socialista paralizó una reforma / retoque de los ciclos de EGB y del Bachillerato para ensayar la LOGSE, en la que metieron mano a degüello los nuevos gobiernos autonómicos, interviniendo en los currículos (los antiguos programas) con contenidos más o menos caprichosos. Era la época de Maravall y Rubalcaba, que tuvieron que vérselas con una huelgona de un mes en la enseñanza pública. La cosa se solucionó por agotamiento,  de los sindicatos de profesores, que no de Rubalcaba. Así que el profesor sin nombre pero real se lamió las heridas y aprendió lo que era el aprendizaje significativo que predicaban por toda la geografía aquellos apóstoles: Álvaro Marchesi, César Coll, Elena Martín… ¿Quién se acuerda ya de ellos?; aprendió a evaluar diferenciando contenidos de conocimiento, procedimentales y actitudinales; se puso a educar en temas transversales (la paz, la libertad, la tolerancia, el trabajo en equipo) desde su docencia de matemáticas, filosofía o educación física (lo deseable no cuajó, porque ya se sabe que la resistencia de los claustros a la novedad, desde los tiempos de fray Luis de León para acá, no tiene parangón); este profesor se sometió a cursos de formación y adoctrinamiento que le eran necesarios para acumular puntos con vistas a su promoción salarial, que de no ser por eso, no habría asistido. La burocracía en los centros se hizo asfixiante. Cuando le llegó el turno al Partido Popular, Aguirre, con la excusa de controlar el gasto, comenzó por descabezar todo el sistema de formación del profesorado que los socialistas habían puesto en marcha con los Centros de Profesores. Para ello se inventó una ley de calidad y llevó al ministerio a un escuadrón de asesoras muy arregladitas, con más laca que ideas en la cabeza y un tufillo a Opus que cantaba (de esto tampoco se acuerda ya nadie). Mientras, los virreinatos habían seguido haciendo de las suyas, restando carga horaria a las clases de Español, inventándose programas de Historia que no eran sino pura mitología regional y, sobre todo, poniendo de manifiesto que santa Rita, Rita, aquí no vuelve a entrar Madrid, como ellos dicen, si no es para soltar la pasta. A Pilar del Castillo, algo más sensata, ya no le dio tiempo a hacer gran cosa, menos mal. Este profesor al que no hemos puesto nombre no recuerda muy bien a Cabrera y algo mejor a Gabilondo, el ministro que inundó las aulas de ordenadores para que los estudiantes aprendieran de todo con las nuevas tecnologías, incluso ortografía con el corrector de Word. Pero sí tiene recientes las discusiones sobre quién debía dar Educación para la Ciudadanía, si el interino de Lengua que tiene que completar horario o el de Filosofía, que como ya da Ética…, como si la ciudadanía fuera algo que se pudiera enseñar así, en plan rifa y por turnos.

Las últimas ocurrencias del ministro Wert, con la reforma recién aprobada, pasan por suprimir Ciudadanía y sustituirla por Cívica y Constitucional, arrancarle un curso a la ESO para dárselo al Bachillerato, reformar la Formación Profesional a la alemana, establecer filtros al final de los ciclos y aprobar un estatuto del docente “que ofrezca a los profesores la posibilidad de desarrollar una carrera desde su entrada en el cuerpo hasta la jubilación, en que hacerlo bien tenga su recompensa”. O sea, Pavlov. Nuestro profesor piensa que menos mal que acaba de jubilarse y ya no tendrá que perseguir la recompensa haciéndolo bien, porque a saber lo que entienden el ministro y sus acólitos por hacerlo bien. La portavoz socialista ya ha anunciado que la reforma Wert va a durar lo que tarden ellos en llegar al gobierno y, por su parte, catalanes y vascos han manifestado: esta no es cosa que vaya con nosotros, faltaría más. ¿Y los profesores? ¡Ah, los profesores! Escúchenlos: muchos son el modelo de la desmotivación profesional. ¡Vaya panorama! Hasta la próxima reforma, que no tardará.

domingo, 4 de marzo de 2012

Ya sé leer

La abuela está enseñando a la nieta a leer. Le llevo un cuento de El patito feo, en una preciosa edición de Bruño de hace ya unos años, y ella me invita a entrar en su habitación, lejos de los demás, aislada conmigo para que pueda aplaudirle sus progresos, tú no, mamá, yo sola con el abuelo, y la madre se retira algo contrariada aunque comprende que la niña quiere protagonizar una sesión privada. Entro y me siento en una silla diminuta para ponerme a su altura, esperando que voy a encontrarme con el balbuceo de un párvulo, el… pa… ti… to… na… da… ba…, pero ¡qué va! La nieta recorre su vista por la frase, apenas se le oye un rumor tenue que es poco más que el pensamiento y luego, 'de corrido' –como nos ordenaba don Gaudencio cuando entonces− y mirándome a los ojos recita el patito nadaba por el estanque detrás de mamá pata… Veo en su carita la satisfacción de quien está descubriendo el mundo a través de la lectura y comprueba que tantos signos en la calle, en los carteles y en los libros la están esperando para que ella despliegue la magia que descifra el significado. La vieja teoría del signo lingüístico de Saussure se hace realidad amable en el ejercicio de esta niña de cuatro años que se autoevalúa con una sonrisa  abierta, triunfal, al margen del protocolario progresa adecuadamente que le pondrá la seño. ¡Ojalá le dure el entusiasmo! y no naufrague en la galaxia de ciberpasmados® que se pasan la vida absortos en sus pantallitas.

domingo, 12 de febrero de 2012

Los intocables del país

Leo el periódico con calma de domingo. El resto de la semana le echo un vistazo a la prensa digital en plan barrido, aunque prefiero la radio: amanezco con es.Radio para ponerme un chute de fiereza, oigo a mediodía a Luis Sánchez en la SER, y alguna noche me duermo con la COPE; en fin, un lío del que me desintoxico con Radio Clásica o mis propias músicas como fondo mientras escribo, corrijo, catalogo ... Calculo que dedico a informarme una hora y media al día. Pero hoy domingo, que entregan la peli de Los intocables de gratis, como que me veo comprometido a corresponder leyendo El País en plan exhaustivo, es decir, desde la mancheta de primera hasta la columna de Manuel Vicent, pasando por suplementos y revistas, ¡agotador! Reconozco que nunca he dejado de leer con interés este diario desde su aparición cuando un amigo que escribía en ABC profetizó estos no duran más allá de seis meses, ¡qué sagacidad!
Pero este domingo, la lectura me deja el ánimo hecho una mierda: la bloguera Yoani Sánchez recordándome lo que he vivido en persona año tras año en Cuba cada vez que he querido entrar en mi correo-e, los sindicalistas que sí pero que no convocaremos la huelga general no sea que los pocos trabajadores que van quedando se cabreen con nosotros más si cabe, Siria desangrándose en las playas de Oriente, los españoles que han emigrado a Noruega viviendo de la caridad, el Gobierno prometedor sacando pecho con un De Guindos que cada día pone peor cara, los cañeros de Nicaragua muriéndose de cosa del riñón sin que nadie les haga caso, los de Nóos dando ejemplo de cinismo, el Partenón de Atenas convertido en polvorín que puede estallarnos en la cara, los deportistas españoles bajo sospecha (¿?) de meterse de todo, enfermos que se pagan el alquiler del quirófano privado con sacrificio porque ya no aguantan más...
Menos mal que que hoy los intocables del país entregan Los intocables. Me la pienso ver esta noche con una bolsa gigante de pipas y un mojito largo muy largo de ron en honor de mis amigos cubanos poco o nada importantes en el aparato, que no tienen acceso a Internet, a ver si se me ocurre algo para acabar con tanto desorden en las calles.

martes, 22 de noviembre de 2011

Ya pasó

Como les dicen a los niños cuando les ponen la vacuna o les curan la herida: ¡Ya pasó! Ya he vuelto, un poco quebrantado pero entero. Quince días recorriendo la provincia de Ávila y los barrios de la capital me han devuelto la perspectiva para separar realidad de apariencia. Ahora veo las elecciones, en las que acabo de participar, como aquellas arquitecturas efímeras del Barroco que se montaban para la entrada del rey en la ciudad, la muerte de la reina o el nacimiento del príncipe. Mucho aparato, mucho pintarrajo, pero tras una semana de lluvia o sol intenso no quedaba ni rastro del boato.
Me quedaré con los detalles humanos de esta experiencia y tal vez los convierta en algo escrito cuando cese el ruido que se ha instalado en mi escritura. Me inquieta que más de siete mil quinientas personas hayan señalado mi nombre en la papeleta. ¿Cómo voy a corresponder yo ahora?

Vuelvo a mi blog, que es ya una adicción de la que no quiero salir, con la intención de seguir siendo incorrecto siempre que me parezca, y ahora más, después de haber tenido que morderme la lengua con algunos viejos enfurruñados, ¿por qué están tan cabreados? con su pensión garantizada, sin hipoteca, el hogar para jugar al tute por las tardes, su chocolate con churros gratis en las fiestas, la quincena pagada en La Manga, "oiga, a mí no me dé, que yo no quiero saber nada de política, además yo voto al PPSOE"; y ellas poniéndote cara de haberte sorprendido saliendo del lavabo de señoras. ¿Qué les pasa? Están regañaos y ni ellos mismos saben por qué. Deben de ser los programas de telegentuza los que les han robado la amabilidad que dan los años.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Me presento al Senado

Pues sí, me presento a un escaño del Senado por Ávila dentro de la formación de Unión Progreso y Democracia.


Me acompaña Luis Represa, que se presenta al Congreso. Así que me he instalado en facebook por unos días, porque me han obligado, mira que las redes sociales son esenciales en esto de las elecciones, tienes que estar, tienes que estar. Pues venga, si hay que estar se está.
En consecuencia, hasta el día 21 dejo esta casa y me traslado a:
http://facebook.com/jesusarribasc

En el muro de esa nueva casa alquilada por una quincena estoy colgando un diario de campaña, seguramente borrador de algo que puede crecer cuando acabe todo esto.
Y ahora, seguidores del blog, tengo que pediros el voto, que si no mi jefa de campaña me regaña:

SI LO TIENES CLARO, VOTA UPYD

SI NO LO TIENES CLARO, VOTA UPYD

VOTA SENTIDO COMÚN

Hasta el día 21. Prometo volver sin dar la barrila.

viernes, 28 de octubre de 2011

Niño rico / niña pobre

¿Recuerdan aquella campaña del preservativo? Salía un profe con bigotito preconstitucional metiendo mano en las bolsas de gimnasio de los estudiantes y en una de ellas encontraba un condón. Reunía a los chicos y chicas y preguntaba justiciero ¿de quién es esto? Y ellos, correctos y fuenteovejunos, respondían coralmente mío, mío, mío… en defensa de su derecho a la intimidad, hasta dejar abochornado al profe. Fue una ocurrencia de la ministra Matilde Fernández. Por aquellos días, yo era profesor sin bigotito  de instituto y me sentí ridículo con la lectura que los consumidores de publicidad podían hacer de nuestro papel. Llegué a proponer, incluso, alguna acción judicial contra la ministra, pero mis compañeros de sindicato no me secundaron. (Estábamos muy cansados de las gansadas que el nuevo currículo de la ESO nos estaba imponiendo, por ejemplo con aquello de los conocimientos, los procedimientos y las actitudes para evaluar a los alumnos. Los había que no merecían otra calificación  que la que don Jesús Sánchez Reyes arrojaba sobre alguno de nosotros cuando entonces: cero patatero, sentenciaba ante una  ecuación mal resuelta, y a otra cosa. Protestamos contra aquella ordinariez  del póntelo pónselo y nos llamaron de todo.


Vuelven los socialistas a desacreditar el mundo de la educación con motivo de la campaña para las elecciones generales del 20N. Una vez más hacen que nos sintamos incómodos los profesores, por lo menos algunos. Ahora en el anuncio sale un niño rico hijoputín, acompañado por su tata (ya sé que ahora no se dice así, pero cuando yo, sí), imaginando un futuro en el que la niña pobreperohonrada cuidara de los hijoputines de él y así generación tras generación.
Niño rico / niña pobre = enseñanza privada / enseñanza pública.
Para quien ha pasado (es mi caso) por la enseñanza privada de academia de barrio, a ver si decís en casa que tienen que venir a pagar antes del viernes, por la enseñanza privada de élite en puestos de dirección, por la concertada y por la pública, es decir, por todas las modalidades posibles, esta nueva perla de los creativos del PSOE es otra muestra más de qué es la educación para los sectarios: un arma de confrontación. Menos mal que esta vez hay contestación en el seno del partido, me consta. La enseñanza es un mundo desconocido, por desgracia, a pesar de tanta intervención de padres, alumnos, profesores, personal no docente, agentes sociales y otras especies. En los centros hay de todo. En mi instituto tuve como alumnos, en la misma aula, a la hija de un embajador, al hijo de un ilustre periodista, al hijo de una señora que tuvo que ponerse a asistir cuando la anterior crisis llevó al paro a su marido, al hijo del portero de mi casa, a los hijos de un catedrático de Economía vecino mío, ¿sigo? Hoy son profesores, empresarios, vendedores de coches, catedráticos, camareros, algunos marginales. Y en el colegio de élite del que fui director tuve como alumnos a chicos y chicas que eran hijos de constructores, diplomáticos, pequeños empresarios que se estrechaban el cinturón, familias que habían pedido una beca. Aquellos estudiantes hoy son médicos, periodistas famosos, don nadies perdidos en el mundo de la droga, campeones de gimnasia, escritores, actores. Yo fui en Ávila niño de escuela pública, pero con tata. Mi hijo fue niño de colegio privado pero sin tata. Mi nieta es niña de colegio concertado, unas veces con tata y otras sin ella. Ni al abuelo, ni al hijo ni a la nieta se nos habría ocurrido jamás imaginar un futuro como lo hace el hijoputín.
Retiren el anuncio. Tengan un poco de decencia. Respétennos por una vez. Y a los padres del niño que hace de hijoputín y a los de la niña que hace de niña pobre pero encantadora, ¿no les da vergüenza embarcar a sus hijos en esta publicidad? Quiero imaginar, en su descargo, que los padres del actor llevan a su hijo al colegio público del barrio y los de la niña, a un colegio de mucho pago.

martes, 18 de octubre de 2011

La Conferencia de Paz


Aquel año el Comité Nobel Noruego lo tuvo más bien crudo para decidir quién iba a recibir el Nobel de la Paz en el Ayuntamiento de Oslo. La Conferencia de Paz de San Sebastián había sido un éxito, un hito decisivo en el camino emprendido para solucionar el conflicto vasco, según algunos; y según otros, una traición humillante para las víctimas. Para hacer más fácil la comprensión de lo que ocurrió aquel año en la reunión calificadora del Comité, nos referiremos a sus componentes como Uno, Dos, Tres, etc. Pues bien, Tres propuso que el premio le fuera concedido a Bertie Ahern, antiguo primer ministro irlandés por la confianza que había infundido en que la Comunidad Internacional y Europa mediarían entre los dos enemigos irreconciliables: España y Euskadi. A Dos le parecía mejor que el Nobel lo recibiera Koffi Annan, exsecretario de la ONU, porque al ser negro se podían matar dos pájaros de un tiro (lo de “matar de un tiro” después se corrigió en el acta y lo de “negro” también, por aquello de no volver a dar pistas a ETA, al Ku Klus Klan y a otras varias organizaciones amantes de la paz y de la cohesión social a lo largo de la reciente historia. Pero Tres, que era el más documentado del Comité les hizo reparar en que Koffi ya lo había recibido en 2001, así que nada. Uno subrayó el papel moderador del dirigente del Sinn Feinn, Gerry Adams, enemigo de imponer nada y que, además, debería haber recibido el Nobel de la Paz ya hace años, para entrar en la nómina de los “espúreos”: Kissinger, Arafat, Begin, Shimon Peres y Obama (lo de “espúreos” lo pensó, pero no lo dijo). Cuatro era partidario de dárselo a Patxi López, por su contribución a la creación de eufemismos, tales como “concordia de la ciudadanía vasca”, “ ciclo terrorista”, “consolidación de la convivencia democrática” y otras perlas del politiqués; pero Tres, que estaba interviniendo en plan mosca cojonera, protestó diciendo que eso era cosa de academias de la lengua, no del Nobel de la Paz. Cinco presentó la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero, que había venido trabajándoselo desde hacía años y, como ya no era presidente, estaba buscando algún brillo postrero. Pero Seis llevaba la candidatura de Rubalcaba, auténtico artífice de todo el conglomerado de políticas antiterroristas de los últimos años. Por fin entró en el Comité Siete, un antiguo miembro de ETA, recolocado en el Comité y dijo: “En nombre de la Organización, les digo que los merecedores del Premio Nobel de la Paz de este año son las víctimas de nuestros asesinatos: 313 civiles, 209 guardias civiles, 154 agentes del Cuerpo Nacional de Policía, 106 militares, 32 políticos, 26 policías locales, 13 ertaintzas, 11 jueces, más cientos de mutilados y miles de familiares y amigos que no han podido superar el recuerdo de nuestras acciones”. Todos los del Comité se sumaron a la propuesta y aquel sí fue un Nobel de la Paz sonado.

miércoles, 23 de marzo de 2011

¡Oh, qué bonita es la guerra!


La sesión del Cogreso de los Diputados de ayer, con Zapatero intentando justificar lo injustificable y, tras él, todos los demás, excepto Llamazares, componiendo la figura para salir airosos del ruedo, silencio y algunos pitos, me ha traído a la memoria otro conflicto personal de hace cuatro décadas.
El director de escena Carlos Herans montaba en el colegio SEK de Arturo Soria, que yo dirigía por entonces, la obra ¡Oh, qué bonita es la guerra!, de Joan Littlewood (el dibujo que encabeza este artíulo es el diseño para el escenario: un regalo de Carlos). Era y es un excelente director, pero era un "rojo" y el SEK no estaba para muchas rojerías, le advertí de parte del patrón de ambos. El montaje y la puesta en escena fueron inolvidables, como otros suyos (Tiempo del 98, de Juan Antonio Castro) que le valieron primeros premios en el Certamen Nacional de Teatro Juvenil. Lo de Carlos acabó con el tiempo como el rosario de la aurora. El SEK perdió con su despido a uno de los mejores profesores (nunca he dejado de lamentar mi presencia en aquello) y yo no perdí al amigo porque los dos entendimos que la amistad estaba por encima de otras fidelidades.
Ayer por un rato me sentí otra vez descolocado, esta vez por otro rojo con el que de vez en cuando estoy de acuerdo. El "quién te ha visto y quien te ve", arrojado por Llamazares a la cara del presidente, fue una llamada a la conciencia y la confirmación personal de que van siendo ya varias las ocasiones en que no me veo representado por mis previsibles "legítimos representantes". A Llamazares solo le faltó rematar la faena con la segunda parte del título que el poeta Miguel Hernández le puso a su auto: Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras.
Ahora resulta que a la tipología de las guerras -mundial, civil, carlista, de religión, de los Cien Años, etc.- hay que añadir una nueva categoría: la guerra humanitaria, diseñada para salvar a la población civil del despotismo de sus gobernantes, eso sí, con la condición de que huela a petróleo en la zona, que si no, de qué, a la población civil que le vayan dando.
Como comerciantes honrados, tendríamos que devolverle a Gadafi el dinero de la factura de aquellas armas que le vendimos hace poco y ahora le embargamos o destruimos con la ayuda, humanitaria, de nuestros cuatro flamantes F-18, la fragata, el submarino amarillo (amarillo el submarino es) y todo el resto de material, humanitario por supuesto, que le estamos enviando, ministra Carme, pronúnciese [kármae] con la [a] final algo cerrada, que todavía me acuerdo algo de mi curso de catalán en Filología.
Oh, qué bonita es la guerra humanitaria, Carlos.

domingo, 13 de marzo de 2011

Una peli de monjitas


SECUENCIA PRIMERA.

Señor comisario, que hay dos monjitas que quieren verlo. ¿Dos monjitas, qué quieren, no vendrán a pedir? No, señor comisario, vienen a poner una denuncia, pero dicen que quieren hablar con usted? Pues que pasen. Buenos días, hermanas, me pillan de milagro porque es domingo, ¿qué se les ofrece? Pues verá usted, señor comisario, dice la de más edad y parece también que con mayor autoridad, que nos han robado todo nuestro dinero de la celda donde lo teníamos mientras estábamos en misa.
¿Cuánto dinero? Pues calculamos que millón y medio. ¿Millón y medio de pesetas? No, de euros. El comisario, institivamente, se tienta la pistola por debajo de la mesa, por si acaso, aunque pronto se tranquiliza, esto va a ser una broma de la tele, piensa, pues se van a enterar. Oiga, hermana, ¿medio millón de auros en una celda?, pero ustedes no se han enterado de que hay bancos y cajas de ahorros, y luego está también Nueva Rumasa. ¡Uy!, quite, quite, buenas están las cajas, teníamos allí una parte y lo hemos sacado, no le digo más. Pero, ¿cómo tenían tanto dinero?, ¿ustedes a que se dedican?, ¿es que han vendido el convento? No, señor comisario, nuestro lema histórico es “Ora et labora” y la parte del “labora” la cumplimos con trabajos de restauración, y además aquí, la hermana Isabel pinta. ¿Restauración, alguna cadena de restaurantes? No, restauración de papel, encuadernación, dorado, todo eso, y ya le digo que aquí la hermana Isabel pinta. ¿Pinta qué? Pinta retratos. Al señor comisario se le ve echando cuentas mentalmente por encima y que no le salen. Vamos a ver, hermana, ¿me va usted a decir que de la encuadernación y de los cuadros han podido ahorrar millón y medio de euros, no estarán hinchando la cifra con vistas al seguro? No, señor comisario, en la poliza no hemos declarado el dinero. Pero el dinero ¿dicen ustedes que es legal?, lo tendrán declarado en Hacienda, ¿por qué no vienen a poner la denuncia acompañadas de su abogado? Al comisario se le nota que es de buena familia. La hermana Isabel, la pintora, acaba por fin de caer en la cuenta, y nunca mejor dicho. ¡Uy!, señor comisario, qué tontas estamos con lo del euro y la peseta, en realidad no es millón y medio, sino cuatrocientos mil como mucho. ¿Euros o pesetas? Las dos monjitas se miran para ponerse de acuerdo y se levantan mientras el comisario las examina por encima de las gafas, todavía sin saber bien si se trata de una broma. Discúlpenos, señor comisario, volveremos mañana con el abogado, o si no, mejor que venga él solo. El comisario llama al agente. Bermúdez, ordene que las sigan, a ver a dónde van esas ahora.

Para que luego se pregunten los espectadores de “Cine de barrio” de dónde sacaba la generación de Ozores las historias para sus películas de culto. Pues de la lectura de los periódicos.

viernes, 11 de marzo de 2011

11-M 2011

Este es un país de extremos. Hoy es un día como para que todas las personas de bien estuviéramos unidas en el dolor, acompañando a las víctimas del 11-M en el recuerdo: a los muertos, a los heridos y a los familiares. Pero no, cada uno va por su lado porque los políticos y los medios ya se encargaron, desde minutos después de aquella tragedia, de sembrar cizaña y oscurecer en lo posible lo que pasó. Sonroja echar una mirada al pasado reciente: el acoso a las sedes del PP aquella tarde, el portavoz proclamando lo que se merecía y no se merecía España, la policía sembrando el vacío desolado de pruebas falsas y ocultando las buenas, los medios afínes al poder mirando para otro lado y los otros, los más próximos a la oposición, sin soltar la presa ni dar respiro. Y lo que es más grave, las asociaciones de víctimas politizadas, divididas, manejadas por intereses políticos, cuando su única reivindicación debería haber sido obtener justicia de la Justicia y apoyo de la sociedad. Hoy, siete años más tarde, cuando ya parece irrisorio (no lo es del todo) relacionar aquel crimen horrible con la participación de España en la guerra de Irak, siguen sin esclarecerse zonas de sombra demasiado comprometedoras. Pero hay una desmovilización de las conciencias que ahora están ya en otros asuntos: ERES falsos, corrupción, paro, limitaciones de velocidad, neumáticos con el 20 por ciento de descuento, calificación de la deuda, el Barça, elecciones… En fin, que hemos decidido (o han decidido, yo no) echar más tierra sobre los muertos y levantar una nube cegadora de polvo sobre aquella página espantosa de nuestra historia.
No quiero pasar página. Me niego a que unos cuantos políticos prepotentes y unos periodistas ególatras, a veces enfrentados y otras de acuerdo según convenga a sus partidos y sus empresas, me conduzcan a conclusiones interesadas, al pensamiento políticamente correcto. A mí no se me ha pasado aquello y no quiero que se me pase hasta que no me digan quiénes fueron los asesinos, con qué arma cometieron la masacre, por orden de quién lo hicieron y qué interés tenían las fuerzas de seguridad en enmerdarlo todo. Lo único que tengo claro hasta el momento es el recuerdo de las víctimas y el Cui prodest, es decir, a quién favoreció la carnicería. Me da igual si alguien me acusa de retrógado, proclive a las tesis de un periódico o de de otro, fascista, anarquista o cualquier otra lindeza. Quiero la verdad, la exijo, tengo derecho a ella en este caso y en todos los casos. Reclamo mi derecho a que no se me tome por idiota.

miércoles, 23 de febrero de 2011

¿Dónde estaba el 23-F?


Es la pregunta a la que todos, incluidos Tejero y Bono, estamos invitados a responder. Pues verán:
Eran como las seis y media de la tarde y me dirigía a mis clases del bachillerato nocturno en el Instituto Simancas de Madrid: Arturo Soria - García Noblejas - Zaratán. Al llegar a la Cruz de los Caídos pongo la radio: algo pasa en el Palacio del Congreso. Casi me preocupa más lo que pueda estar ocurriendo en el instituto, la verdad (soy jefe de estudios). Por aquellos años los antiguos penenes, ya funcionarios, no se han desprendido aún de sus consignas reivindicativas e identifican a la junta directiva con la caverna (así nos denominan), alineados ellos con una asociación de padres dirigida por un ama de casa comunista que acostumbra a entrar en las clases cada lunes y cada martes para llevarse a los chicos a la mani que toque. Sin embargo, tengo los mejores recuerdos de aquellos años: estábamos vivos. Cuando llego al insti, efectivamente está ocurriendo lo que me temía: desbandada general. Los alumnos son gente adulta. Recuerdo a una azafata, un guardia urbano, una madre de familia, dos camareros, todos ellos con obligaciones familiares y preocupación en ese momento. Y los profes, lo mismo: el rojerío, como llamábamos con más condescendencia que cordialidad (lo confieso) a la anticaverna, aterrorizados porque se veían ya protagonistas de otra causa general o, por lo menos, del exilio. Lara (disimulo los nombres) salió corriendo a salvar el fichero de los socialistas de la agrupación de Ventas, eso dijo. Después contó que lo había destruido. Y Cuesta se despidió de mí con solemnidad como salido del cuadro de Torrijos y sus compañeros, perdonándome como si yo estuviera implicado en el golpe. El caso es que se marcharon y me dejaron allí solo con los bedeles: ¿Qué hacemos, don Jesús, cerramos? Llamé al director y le transmití la misma pregunta: ¿qué hacemos? Me aseguré de que no quedaba nadie procaverna ni anticaverna dentro y ordené cerrar. Despues vino la noche de los transistores. Por la mañana me vestí de clase media, cogí el carné del Ateneo como salvoconducto (el Ateneo de Madrid está muy próximo al Congreso) y me fui al lío en el Metro: no quería perdérmelo. El carné me sirvió para pasar los tres cordones policiales de seguridad: "Lo siento, tengo que ir al Ateneo, que está en Prado". Por Santa Catalina desemboqué en la Carrera de San Jerónimo y, allí apostado, presencié la espantada de los guardias por las ventanas, la salida de los diputados y el trajín de tricornios y gorras de plato. Algún fascista que otro lanzaba arribaespañas que inquietaban a casi todos.
Una historia vulgar, nada heroica, la mía, que no podré contar jamás a la nieta porque ya la veo bostezando. Del 23-F me ha quedado a mí también un cierto aburrimiento que estos días se acrecienta cuando en las televisiones y en la prensa veo que cada cual echa su cuarto a espadas en una partida de mus interminable.

lunes, 21 de febrero de 2011

El bucle se ve borroso

Sonsoles está hacieno las prácticas en la televisión local. Sueña con llegar a presentar un noticiario, pero de momento tiene que conformarse con salir acompañada del monitor y del cámara para preguntarles a los viandantes si este año hace más frío que el pasado, o lo que opinan sobre el botellón: hay que llenar como sea. Pero Soles, como la llaman los amigos, no tiene un pelo de tonta, aunque haya aprendido a hacerse un poco la ñoña cuando quiere que algún viejuno se decida a responder a sus preguntas programadas, porque, si por ella fuera, lo que preguntaría es ¿cómo le trata a usted su nuera? Tiene un cuaderno de notas pequeño, que nunca deja olvidado porque en él escribe aquello que, de conocerse, le impediría en el futuro llegar a conseguir su meta. Un cuaderno negro, vaya.
Soles ha escrito hoy:
"El bucle. Para reforzar el mensaje. Abrir el noticiario con la noticia en avance, precedido de alguna declaración motivadora, del tipo: Les avanzamos la principal noticia del día. Ráfaga breve y: El presidente se ha reunido este mediodía... bla bla bla.... Ahora entra el sumario de las demás noticias del día, donde debe subrayarse de nuevo la principal, algo así como Además de la reunión del presidente con bla bla bla..., otras noticias ocupan la agenda del día (lo de la agenda queda muy técnico), de las que pasamos a informarles a ustedes. Cuando hayas terminado con el sumario, nueva coletilla: Vamos ya con la información. Y ahí a mogollón: Como les adelantábamos, el presidente se ha reunido este mediodía... bla bla bla... pero tú no te cortes, Soles, que el cámara tiene material para cinco minutos lo menos y hay que aprovecharlo todo, así que extiéndete en la redacción para que salga en imagen el séquito entero de alcaldes de Muñoencina, Blascobizcos y Povedilla la Chica, que eso les gusta arriba. Si te pasas, no importa, que en realización vuelven a poner a los alcaldes y en paz. Y al final, ya sabes, Soles, no puede faltar un resumen, encabezado con una de las fórmúlas que has aprendido, Y este es el resumen de las principales noticias que les hemos venido contando. Y tú sin miedo, Soles, con dos cojones (porque como es su cuaderno negro, Soles escibe en él sin reparo), repites: El presidente se ha reunido este mediodía... bla bla bla... Eso es lo que tienes que hacer, Soles, eso es lo que te han dicho. Lo de menos es que el jodido presidente se haya reunido o haya dejado de reunirse con tres o cuatro alcaldes de la comarca. Lo importante es que salga el presidente lo más posible, porque eso es lo que quiere el partido, y el partido es quien manda. A ti qué mierda te importa si el presidente parece que anda cazando moscas mientras habla, eso no es cosa tuya. Tú no eres más que una mensajera, no la única: después vendrá la tertulia de la noche, en la que los expertos analizarán con su agudeza habitual la acción del presidente. Y el domigo el resumen dominical, en el que la reunión del presidente volverá a ocupar lugar destacado. Se trata de que el presidente, su imagen y su ronroneo discursivo acaben corroyendo el cerebro del informado hasta que llegue a convencerse de que ni se le pase por la mente que hay más gente además de ellos en el panorama, presidente, alcalde, los que sean, pero ellos, solo ellos. Y si no estás conforme con el trabajo que te espera, Soles, querida, haz caso de lo que te propuso mamá, que a lo mejor tenía razón: dedícate a la prensa rosa, que es más directa".
Así que Sonsoles se lo está pensando. Lo malo es que va a tener que irse a Madrid, porque aquí prensa rosa, lo que se dice rosa no sé yo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Marta Domínguez, la diosa rota

Siempre que voy a Palencia con tiempo paseamos por las orillas del Carrión, que todavía ofrecen un paisaje natural de ribera a regañadientes de algunos mandamases, empeñados en desmochar cualquier vestigio de vegetación de las márgenes del río. Y siempre, Marta, sales tú como tema de conversación: que si eres muy maja (ya sabes cómo hablamos en Castilla) y muy simpática, que siempre saludas y sonríes cuando pasas corriendo, corriendo, que siempre se puede contar contigo. En fin, que eres el orgullo de Palencia. Y fuera de Palencia, ni te digo. Hemos estado pendientes de ti: de ver si las fuerzas te alcanzaban para el hachazo final en la recta, de tu sufrimiento en los últimos quinientos, de los empujones. Hemos compartido contigo himnos, medallas, también decepciones. Te hemos puesto de ejemplo ante los jóvenes que ya no corren ni delante de los guardias ni por nada porque todo está en movimiento continuo y no encuentran dirección ni sentido. En fin, Marta, que nos has jodido la ilusión de verte arropándote con las banderas entre aclamaciones.
A ver qué hacemos ahora los aficionados al atletismo, Marta, con nuestros sentimientos. Qué hacemos con aquellos aplausos que te dedicamos, con las medallas que celebrábamos como si fueran nuestras, con los nervios que derrochábamos en cada competición, con el entusiasmo. Nos sentimos un poco ridículos y tristes. Y estamos a punto de pasarnos al fútbol en plan forofo, aunque solo sea para poder desahogarnos gritándole ¡hijoputa! al árbitro.
No sé si desde Cuba voy a poder seguir tu peripecia (aquello es un limbo informativo), pero cuando vuelva preguntaré por ti.
Todavía te deseo suerte, ya ves. Ojalá todo hubiera sido una pesadilla.

martes, 26 de octubre de 2010

Carta abierta a Rosa Díez

Querida Rosa:
He leído en tu blog el relato de lo acontecido en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid el otro día, cuando fuiste invitada a dar allí una conferencia. Tu relato, que no podrá ser desmentido porque hubo testigos, me ahorra adjetivos y me permite quedarme en la reflexión. Lo de niñatos, hijos de papá, alevines de naziprogre, kaóticos de pacotilla y otras exhibiciones verbales me lo reservo hasta que llegue a alcalde de Valladolid o de cualquier otra plaza fuerte, que ya voy viendo yo que a este paso no me va a llegar, una lástima.
Ya habrás visto, Rosa, cómo está el panorama de la Universidad después de que la tan ansiada Ley de Autonomía Universitaria se instaurara, un putiferio, vaya: decanos que son rehenes de sus votantes, profesores que dependen de la opinión de sus alumnos para seguir en los departamentos dando sus horitas de docencia, empleados de administración y servicios que aspiran a dejar de serlo cuanto antes para zurrar la badana a quienes ahora se la están zurrando a ellos, estudiantes que confunden la libertad de expresión con el insulto… En fin, Rosa, un cachondeo. Los que hemos estado dentro en los últimos años hemos visto de todo. Está por escribirse la novela de la universidad pública de hoy, como Payno escribió hace más de medio siglo la de entonces en El curso, una obra de adolescencia, mala como era de esperar, pero convertida con los años en documento de época. No necesito decirte que has sido víctima de la acción de una minoría “cualificada”, que hay otra mucha gente allí a la que le repugna la violencia verbal, la falta de educación y el secuestro de la democracia.


Cuando estuviste en Ávila paseando por sus calles, te enseñé la inscripción oxidada sobre la peana de un ventanal del Palacio de los Dávila. Te llamó la atención el refrán antiguo que después acabó aprovechando Cervantes: Donde una puerta se cierra otra se abre; y pediste hacerte una foto allí. Paso por la plazuela de La Fruta, como seguimos llamando en Ávila a ese lugar, casi a diario y me aplico el refrán cada vez que algo no me sale.
Haces bien en proclamar al final de tu artículo: Batalla ganada. La resistencia es la única forma de vencer y convencer que nos queda honradamente a quienes hemos renunciado al insulto y a dar voces. Lo que los demás entienden como victoria es otro asunto que a mí, la verdad, me interesa más bien poco mientras la cosa del voto siga como ahora está.
Ven otro día.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El Evangelio de San Juan y la Huelga General

Madrid, 28 de septiembre, víspera de la huelga, siete y media de la tarde. A la entrada de la Biblioteca Nacional, coches oficiales con sus chóferes y escoltas anuncian presentación de libro y canapés. No puedo quedarme, una lástima, porque el libro puede defraudarle a uno, pero el canapé a esa hora, nunca. Diez metros más allá, la CNT la tiene montada con pancartas y octavillas porque han debido de echar a una trabajadora, una tal Marta, seguramente una protestona -como si lo viera que es eso lo que dice de ella la directora- una roja, vaya. Debo irme si queremos llegar a tiempo al María Guerrero para ver a Rafael Álvarez "El Brujo". La Flaca necesita un café y yo también. En El Gijón nos clavan catorce euros por dos cafés y seis pastas chiclosas, (¡ay, Umbral, esto ya no es lo de aquella noche que tú llegaste). El María Guerrero sigue siendo igual de decadente y hermoso que hace medio siglo, cuando íbamos a ver a Ionesco y a Beckett aprovechando algún despiste de la censura. El Brujo despliega sus artes juglarescas del yo me lo guiso y yo me lo como en este espectáculo que cierra trilogía: El Evangelio de San Juan, del cual es director, autor, escenógrafo e intérprete. Música, magnífica, en directo. Dos horas de predicación heteredoxa del evangelio de la luz, en clave de cartel naif o estampita chola . Cuanto más sabe el espectador del texto de San Juan, mejor, más lo disfruta. El ejercicio dramático de El Brujo es mucho más que un monólogo, porque de sus manos, de los gestos, de sus cambios de ritmo y los registros de voz envidiable brota el espectáculo del Bautista en el Jordán, la tarde de bodas en Caná o la Samaritana dando de beber al Hijo del Hombre. Risas, complicidad del lector-espectador laico o que ha decidido serlo por dos horas. Ni una irreverencia, aunque no sé yo cómo lo verían algunos de mi ciudad que se me vienen a la cabeza.
Todo es perfecto esta noche de otoño. A la salida, nos vamos a tomar algo a la taberna Almirante, donde antiguamente los estudiantes sacábamos las entradas reservadas a la claque. Hoy es un lugar de tapeo postceremonial, con las mejores croquetas de marisco, y mesas entre las que puedes elegir a tu gusto sin que un mesero miserable pretenda estabularte. Cuando salimos, ya es 29 de septiembre, el día de la Huelga.
Al llegar a Ávila, compruebo que la ciudad va a ser hoy el bastión de la protesta. En ningún escaparate falta el anuncio de que no se va a abrir, de que la adhesión a la huelga es incondicional. Por la mañana es otra cosa. No sé si la risa floja reprimida procede de lo que le he oido al juglar anoche o de ver el cabreo de los comerciantes arrancando las pegatinas. Por la tarde, la sorpresa: la mani convovada por los sindicatos recorre las calles del centro y suma más manifestantes que penitentes hay en las procesiones, todas juntas, de la Semana Santa. Es un soplo de esperanza: no todo está dormido en esta ciudad.

martes, 14 de septiembre de 2010

Vuelvo a Granada

No había estado en Granada desde hace más de treinta años, cuando cursaba el doctorado en Málaga. Volvía con el recuerdo sublimado de aquellos días y la esperanza de encontrar la ciudad como entonces la descubrí, desperezándose de la larga siesta que la había convertido durante décadas en símbolo y rutina de "la indisoluble unidad de España": Granada por los Reyes Católicos, Tanto monta monta tanto, Yo le arrancaré a esta Granada los granos uno a uno, Llora como mujer lo que no has sabido defender como un hombre y todos los demás tópicos al uso aprendidos en la Enciclopedia Álvarez. Me he traído la impresión de que el despertar de aquella siesta imperial no ha sido el más deseable, por lo menos en lo que se refiere al visitante de la ciudad. El centro histórico de la antigua capital nazarí es un muestrario de cómo se puede embadurnar con pintadas cualquier superficie sin arte ni gracia alguna. Los restaurantes de menú compiten por servir gazpacho de cartón -¡en Andalucía, oiga!- y una fritura que oyes vocear indecorosamente al camarero, ¡marchando una fritura de menú!, lo que te hace entender que la buena es la otra. Mientras almuerzas, un mendigo te pone en la mesa un mecherito con un papel mugriento que recoge minutos más tarde, una anciana desaliñada abre su mano sobre el mantel para que pongas en ella una moneda, la gitana se empeña en regalarte la ramita de romero y leerte la mano, el acordeonista coloca su instrumento a medio metro escaso de tu oído para implantarte en él la versión balcánica de un tango. En la Capilla Real de la Catedral, que cobra la entrada por libre, es decir, una para el templo y otra para la Capilla, después de apoquinar te piden ¡diez céntimos más! por un díptico que explica de mala manera el monumento. Te acercas a los sepulcros de Los Reyes Católicos y de Juana y Felipe y a nadie del Cabildo o del Patronato o de lo que sea se le ha ocurrido que hay procedimientos para dejar contemplar lo que no puede verse desde abajo: un estrado, unos espejos, en fin, algo.

La Alhambra ha sido convertida en un barracón de feria, a 13 euros la entrada, donde hay que hacer cola aunque hayas reservado con veinte días de antelación y el recargo correspondiente. Ni un cartel didáctico que explique el monumento, porque para eso están los audioguías, que también producen ingresos. Solo flechas que indican por dónde debes continuar para salir cuanto antes. Está prohibida la fotografía con flash, pero nadie hace caso. Los visitantes manosean las yeserías y atauriques, abrazan los fustes de las columnas para hacerse la foto en plan morisco, echan palomitas a las carpas de los estanques. ¡Vamos, vamos, que queda mucho por ver! Empiezo a entender que los islamistas radicales quieran recuperar el lugar. En los jardines del Generalife, un grupo de imsersos se rinde y deciden quedarse sentados a la entrada intercambiando recetas de conejo mientras regresan los más entrenados del paseo. Decido poner el oído, así por lo menos aprendo algo. La estancia en Granada se ha salvado por la visita a la Huerta de San Vicente para buscar en la casa familiar el fantasma del poeta: seis visitantes, gatos en el jardín que maúllan de memoria el Romancero gitano. Y la compañía de un guía que da la impresión de haber estado allí merendando en el verano de 1931.

En fin, que mucho voy a tener que oír a Miguel Ríos antes de decidirme a volver a Granada.