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lunes, 2 de abril de 2012

San Juan y Amancio Prada en Segovia

La Semana de Música Sacra de Segovia llega en 2012 a celebrar su XXX edición. El próximo miércoles (santo), en la iglesia de San Juan de los Caballeros, Amancio Prada interpretará una vez más su versión ya clásica del Cántico espiritual, la cumbra poética de la poesía mística y amatoria del Siglo de Oro. Hace treinta y cinco años de su estreno y aquella música emocionante sigue tan viva como entonces. Estos días que preceden me preparo para el acontecimiento. Vuelvo a recorrer las majadas, los sotos y el otero buscando al Amado, en una lectura personal del texto que ha ido cambiando con los años. Ya no es el Cántico que expliqué tantas veces; ni el que me emocionaba cada vez que buscaba lo esencial en la poesía, lo último, lo que no permite una entrada más al interior. Ahora el Cántico es un poema imprescindible, música y letra que se ha implantado en la memoria como un mantra y deja su eco cuando menos lo esperas. Mi concepto de la religión ya no es nada sin la estética. Por eso, las "semanasantas de corneta, tambor y lágrima", ya sean de interés comarcal, provincial, nacional o cósmico, me parecen un chafarrinón, lo que no impide que las contemple con interés por otros motivos ajenos a la devoción.

Nota a pie de página.- He adquirido las entradas para "Amancio Prada y la Escolanía de Segovia" por Internet, a través de la Oficina de Turismo de Segovia. Por la gestión me han cobrado 54 céntimos, sin bancos ni bankias. Y estoy seguro de que no se va a suspender, como ha ocurrido en Ávila con el concierto de El Cigala (¿cuántas suspensiones en el último año?).  Menos mal que los Reyes me trajeron dos discos de este nazareno,  ¡ay, señor, qué cruz!

sábado, 19 de junio de 2010

Una noche con Gabino Diego


A Gabino Diego le gustan las críticas, las buenas y las malas. Las colecciona, se las aprende y luego las suelta en sus actuaciones, engastadas en una antología de textos de fabricación propia eficacísimos. Me temo que esta no le va a valer, a lo mejor no llega a verla nunca ni falta que le hace, pero es el aplauso a su trabajo: en formato pots (¡huy, lo que he dicho!).
Gabino es ese chico feo y tontolhaba que siempre llegaba tarde a clase en el insti, al que tenía que ir la madre a llevarle el bocadillo en el recreo porque él se lo dejaba en casa. Así lo encasillaron desde el comienzo de su carrera: como un zangolotino que busca al abuelo gruñón al que no conoce de nada, como el joven rey que se empeña en ver a la reina en pelota en contra del plan de salvación del otro Diego-Juan, o como el pajillero que admira los procedimientos ex-peditivos del detective Torrente: en fin, la víctima que nos cae simpática y acaba siendo nuestro primo, ese al que hacemos objeto de todas las bromas pesadas.
Pues bien, con ese pasado juega en su espectáculo, sin cortarse un pelo, en un ejercicio de risa de sí mismo que le deja al espectador sin otra salida que aplaudir hasta romperse las manos de aprobación por lo que ve y de ternura por el personaje que compone. Gabino, con un registro de voces envidiable para quien solo tiene una y monótona (yo, sin ir más lejos) y unos cuantos gestos bien elegidos, puede ser su amigo Jorge Sanz, chuleta y practico; Carmen Mairena, salida y exagerada; Fidel Castro echando pestes en la mesa redonda contra el imperalismo yanky y los marincosones que no le comprenden, el poeta que ha descubierto que hay palabras como "maceta" que son poesía en sí mismas o su maestro Fernán Gómez mandando a la mierda a quien se le ponga por delante. ¡Ah, el hilo conductor de Gina Piccirilli, que bueno!
Lo que compone es más que un monólogo, de esos que se han puesto de moda y te suelta cualquier pelagatos en cuanto te sientas a tomar una copa en una sala medio a oscuras. Es la reválida de un grandísimo actor cómico, con unas ganas de agradar que le hacen parecer siempre el principiante que se presenta al casting con pocas esperanzas.
Gracias, Juan, por recomendármelo. De su parte y de la mía: busquen el espectáculo por ahí y vayan a verlo, verán cómo se olvidan durante hora y media de la crisis esa. ¡Crisis, dices tú de crisis!: la sala de cámara del Lienzo Norte, casi quinientas butacas, llena en las dos sesiones.

domingo, 13 de junio de 2010

Serrat y Hernández, sociedad limitada

Madrid, 1972. El Seiscientos no contaba en su equipamiento espartano con autorradio, así que me las arreglaba con un "transistor" y una antena improvisada que captaba lo más perenterio y de aquella manera. No recuerdo qué hacía yo aquella tarde por la Ciudad Universitaria, seguramente volvía de la facultad, de alguna gestión del doctorado. A la altura de Cardenal Cisneros comienza a sonar una música que oigo por primera vez. Es emocionante: conozco la letra, me la sé de memoria, pero ¿qué hace Serrat cantando esta letra? Aparco (entonces se podía aparcar) bajo los árboles de la glorieta y me dejo llevar por el sentimiento de desamparo que provocan en mí las Nanas de la cebolla de Miguel Hernández. Desde aquel día, en mis clases, cuando he tenido que explicar al poeta, siempre he elegido que los estudiantes se aproximaran al poema a través de Serrat.

Ávila, 2010, Lienzo Norte. (¡Dios, han pasado casi cuarenta años!) Algo más de media entrada. Este público no es el mismo que el del concierto recopilatorio del año pasado o, al menos, faltan muchos de los que llenaron la sala aquella tarde. Serrat ha vuelto sobre Miguel Hernández con nuevas canciones. Mi memoria musical, que es demasiado, me traiciona una vez más y no me deja disfrutar del concierto: me he quedado anclado en aquella otra voz (El niño yuntero, Para la libertad, Elegía), tan fuerte y directa. Ahora también suenan estas canciones, y otras, pero la orquesta se come a veces los trémolos excesivos del cantante y la voz se pierde entre los instrumentos. Estas Nanas ya no me emocionan si no es por el recuerdo de aquellas y Para la libertad hoy no es el himno generoso de un poeta-soldado que entrega cuanto tiene, la juventud, en defensa de su ideal; sino la canción secuestrada por un público que se aprovecha de esta poesía y de la que se le ponga a mano para sentirse "partidario". Aplaudo, aunque el aplauso no lleve el entusiasmo que el concierto ha despertado en el público. Es el aplauso al reconocimiento del artista por lo bien que componía y cantaba, y al recuerdo de aquella emoción de juventud.

lunes, 24 de mayo de 2010

Lienzo Norte: contenedor cultural

El joven concejal de Juventud tiritaba aquella mañana de fiesta en Vallespín, frente a San Esteban, abrazado al pendón secular y esperando que de una puñetera vez sacaran a San Segundo de la ermita. Sacar el santo y ponerse a granizar fue todo uno. El grupo Urdimbre hizo el último tramo de la procesión inventándose una danza a la carrera, y al Obispo se le veía soñando con una diócesis que celebrara la fiesta del patrón a mediados de julio.
A lo que vamos. A mí el concejal de Juventud me cayó bien, bromeando allí con los maceros mientras tiritaba sobre los adoquines. He estado un día en la oficina que tiene en Pla y Deniel a recoger unas entradas. No me las dieron porque no tenía la edad adecuada pero, eso sí, fueron muy amables. A lo que vamos, decía. Que un concejal que tirita y bromea sonriente es muy de admirar en estos tiempos de envaramiento. Pero hete aquí (esta expresión está algo anticuada, lo reconcozco, la sustituiré): pero oyes, que el otro día me sale en Diario de Ávila con no sé que del Lienzo Norte y se refiere a él como "contenedor cultural". Se me cayó el alma a los pies, oyes. No podía ser que en tan pocos días el concejal se hubiera envarado.
Esta manía mía de andar siempre con la gramática y el diccionario a vueltas me va a traer un disgusto cualquier día. "Contenedor. 1. Embalaje metálico grande y recuperable...". No, esto no es. "2. Recipiente amplio para depositar residuos diversos". ¡No me puedo creer que el Concejal haya tenido en la cabeza esta segunda acepción! No puede ser que se haya atrevido a calificar de residuos la actuación de la tonadillera-chorizo, o los corridos étnicos de aquellos mexicanos. Con lo importante que está siendo lo que él califica de "contenedor cultural", con sus ferias de artículos de rebajas, sus primeras comuniones, las tapas y las gogós del Benja en las noches del verano y los ejerciciós espirituales masivos. Un poco más de respeto, mi joven Concejal, para este espacio multi-uso que ha venido a ponernos en la modernidad.
Que conste que tengo las entradas para el concierto de Serrat. Me gustan los poetas que ya siempre escriben el mismo poema y los cantantes que van perdiendo la voz poco a poco con estilo.