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jueves, 14 de abril de 2011

La República secuestrada


14 de abril de 1931-14 de abril de 2011.

Han pasado ocho décadas desde aquella mañana en que, arropados por el entusiasmo de las masas que se lanzaron a la calle, los políticos solialistas Saborit y Besteiro proclamaron por iniciativa propia la República desde el balcón del Ayuntamiento de Madrid, como consecuencia de los resultados de las elecciones municipales celebradas dos días antes, cuyos resultados, favorables al republicanismo en las grandes ciudades y a la monarquía en el resto, sirvieron de plataforma para el cambio de régimen.

Desde el momento de su nacimiento hasta la fecha, la República ha sido secuestrada y les ha servido de rehén a unos y otros para el negocio chantajoso de sus visiones históricas. Cualquier actitud, cualquier frase, como el “No es esto, no es esto”, del filósofo Ortega, han sido manipuladas a conveniencia. A los republicanos feroces –que los hubo, y muchos-, la República les sirvió para sacar al exterior un sentimiento de odio que desencadenó lo peor de las páginas de sucesos. Los franquistas y falangistas asesinos –que los hubo, tantos como los otros y por más tiempo- encontraron en ella la coartada para montar un régimen represivo y dictatorial cuyos ecos no hemos dejado aún de oír. En los últimos años, la República provoca ensoñaciones nostálgicas en quienes no vivieron aquella realidad ni tienen la menor idea de cuál fue su proyecto. Algo han oído y algo están viendo en la televisión. Y con eso les basta. A la más mínima, salen a la calle con banderas tricolores convertidas en símbolo provocador. Les suena Azaña y se les ha pegado como un parche la idea de que aquella página de la historia estuvo protagonizada por obreros cultos, jornaleros que recitaban romances, señoritos residentes de izquierdas y escritores valientes y comprometidos con la causa. ¡Ya, ya! Hay que leer. Y cuidado con las tertulias de los medios, que son enfermedad de alto riesgo.

La República es para los menos, entre los que me encuentro, un motivo de reflexión de lo que podía haber sido esta nación nuestra si los militares sin escrúpulos y los políticos mercaderes de izquierdas, de derechas y más o menos nacionalistas no la hubieran secuestrado. La República es hoy una cromolitografía alegórica colgada en la pared más un sillón que invita a sentarse a leer libros de memorias.

¡Viva mi República!

jueves, 8 de abril de 2010

Carta a José Mota

Mi prima Aurora me pide que le saque esta carta en el blog porque ella todavía no ha puesto en marcha el suyo. Cumplo con el encargo.

Amigo Mota, verás:
Suelo entretenerme un rato la noche de los viernes con tu programa y voy a referirme al corte que titulas "El cansino histórico" porque yo doy Historia en mi colegio. Todas las veces, un campesino de los de antes pasa en cuestión de segundos del baboseo halagador al denuesto, la descalificación y el insulto. Hasta ahí, nada que objetar. A los personajes históricos se los ama o se los odia a conveniencia. Pero quiero advertirte sobre algo en lo que seguramente no has reparado, a no ser que haya salido en alguno de los programas que me he perdido. Y es que nunca nos sacas a las mujeres y, claro está, nos sentimos discriminadas. Me han llegado quejas de algunas miembras del OIGENUCA (Observatorio de la Igualdad de Género Número y Caso), al cual pertenezco, y están indignadas. A todas nos gustaría ver cómo te las apañas con Juana de Arco, Isabel la Católica, Ana Bolena, La Monja Alférez o Madame Curie: ¡marimacho!, ¡rompetronos!, ¡zorrupia de corte!, ¡trompetera!, ¡batasucia! Anda que no tendrías epítetos. Pero lo que no tienes es güevos para meterte con nosotras.
Mira a ver si puedes hacer algo AL RESPECTO para ayudarnos en nuestra lucha por hacernos más visibles todavía.

Ya le he dicho a mi prima Aurora que a mí no vuelva a meterme en líos.

domingo, 7 de marzo de 2010

Mujer trabajadora

Un cóctel con dos partes de feminismo rampante, una parte de política de igualdad, otra de militancia progre y unas gotas, apenas tres o cuatro, de sindicalismo es lo que se nos ofrece estos días, vísperas de la fiesta del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer (Trabajadora). Lo de prescindir del calificativo es como decir "ni trabajadora ni ..., la mujer y ya". Pues vale, menudas están, como para oponerse.
Siempre me pasa igual, que me invade el escepticismo cuando llega la fecha. Seguramente se debe a que toda la vida la he pasado rodeado de mujeres trabajadoras, algunas de las cuales han sido mis jefas. Mi relación con ellas ha sido natural, tan natural como si se hubiera tratado de hombres. Cuando alguna jefa salió pedorra e hijaputa, procuré machacarla, pero no más de lo que hubiera hecho con un jefe. Y cuando me tocó descubrirme ante otras, lo hice. Desde antes de tener uso de razón, he visto cada mañana salir a mi madre "a la oficina", como ella decía. Luego iba a buscarla a Hacienda y ella aprovechaba para mandarme a algún recado. He visto a mi padre ir a la compra, cocinar, limpiar, lo que entonces no se llamaba "compartir" aunque lo fuera. Así que a estas alturas, me cuesta mucho ponerme en el plan de admirar el papel de la mujer en la sociedad, reivindicar los derechos femeninos y reconocer que los hombre somos casi todos unos canallas. Menos solemnidad y más sencillez en palabras y actitudes nos vendrían que ni pintadas.

martes, 16 de febrero de 2010

Cucurrumachos


Lo de Navalosa el domingo de Carnaval no se parece a nada. Es como entrar en un episodio oscuro del pasado, tan lejano que resulta difícil relacionarlo con algo de lo que uno sabe o ha estudiado. Mi amigo el Adjetivero se hubiera puesto las botas allí la otra tarde: ancestral, misterioso, inquietante, aterrador, primitivo, espeluznante... Se me olvidaba uno que le habría encantado: tribal. Eso es lo que le gusta al Adjetivero: atascar la prosa y el discurso con toda clase de residuos que hay que ir despejando para encontrar la idea. Prefiero quedarme con los sustantivos y los verbos. Para vestirse, mantas pingueras, de las que han acabado con los años sirviendo de cubresomieres en las casas. Sacos de heno o paja para hacerlos llover con prudencia sobre los asistentes. Cuernas de carnero, huesas, quijadas, caretos de vacuno para asustar, aunque los niños ya nacen aquí curados de espanto. Crines, cabellos, greñas para ocultar el rostro. Tocones, raíces, troncos de parra para llevar en la mano. Y cencerros, muchos cencerros, que suenan como si la manada de lobos hubiera irrumpido en la majada. La estética, si la hay, consiste en retorcer lo cotidiano.
Serranas y serranos hacen corro alrededor del mayo a estas alturas seco, custodiado por otro corro menor en el que un mocito serio, "la vaquilla", espera la muerte. La gente asiste al ceremonial con poca bulla, casi lo mismo que a un oficio de pasión. Cuando suena el disparo que derriba a la vaquilla, todo se vuelve fiesta: suenan la dulzaina y los parches, los cucurrumachos se hacen amables y se dan a conocer despojándose de sus máscaras, las mozas reparten chocolate y bizcochos y todos se muestran satisfechos por haber participado en un rito, el suyo, cuyo origen desconocen. Estos cucurrumachos ya no son ganaderos que entienden de vaca implada y vaca con paralís. Son ingenieros, empleados de banca, profesores que vienen al pueblo desde la capital para encontrarse con la tradición. Pero vuelven, que eso es lo importante.
Mañana es Miércoles de Ceniza. Don Carnal cederá el paso a doña Cuaresma y se terminarán los adefesios por unas semanas, hasta que lleguen los otros, los de estación y penitencia.







viernes, 8 de enero de 2010

El cantar de Laporta

Estudiábamos filología catalana en cuarto de carrera y aprendimos a amar aquella lengua de oriente que parecía haber nacido para la poesía. Reparen en lo siguiente -nos decían-: mientras en el ámbito del castellano, el Cantar de Mio Çid inaugura una corriente épica que ya va a ser constante en la literatura, en Cataluña la creación literaria se estrena con una poesía lírica de corte trovadoresco, propagadora del ideal del 'amor cortés'. Eso nos enseñaron.
Medio siglo de aquello (¡Dios, qué vertigo!) y ha tenido que venir Joan Laporta a rellenar el hueco tremendo que lastraba al catalán desde sus orígenes cuasi provenzales. ¡Cómo que no hay épica popular en nuestra cultura! Esto lo arreglo yo -se dijo- y de paso me preparo para el salto del fútbol a la política: "El Barça representa la épica que guía a los pueblos sometidos hacia la libertad", dijo. Y se quedó tan ancho.
O sea, que la épica del verso monorrimo y el romance ha sido sustituida por el fuera de juego dudoso, la apertura por las bandas, va a haber un cambio, la mano involuntaria y el ¡gooool! con quince o veinte oes. ¡Qué será cuando conquisten Valencia!

martes, 29 de diciembre de 2009

Calendario fashion

Ayer lunes daba gozo pasear de día por la ciudad: once grados, húmedo tirando a lluvioso, nubes cubriendo las sierras que se contemplan desde el Rastro y las primeras cigüeñas en Santa Ana y Las Gordillas (¿o es que no se han ido y reparo ahora en ellas?). Se veía que la gente estaba respirando después de tres días de cocina, televisión, brasero y familia. Trajín en las tiendas, paquetería y mucho papel de regalo para la segunda y tercera parte de "estas fiestas tan entrañables", como repite cada año el Rey. En Ópalo, entran carretadas de la nueva edición de la Gramatica de la Academia. ¡Qué pereza, a estas alturas otra vez con la gramática! Pero habrá que comprarla, ¡120 euros!, para ver qué dice sobre cómo usan el en Cuba y Puerto Rico.
De repente reparo en que todo el mundo lleva en la mano un papel enrollado, como los balidos de los Austrias. ¡Es el calendario!, claro. ¿Mira que si se me pasa y me quedo sin él? La Caja, el Santander, Marcam, Velasco, Perfumerías Avenida, yo qué sé... compiten para ver quien anuncia mejor que Reyes cae en miércoles, la Semana Santa a primeros de abril y la Santa en viernes.
Yo soy más de la Caja para esto de los calendarios, principalmente por las fotos. Este año, vienen de naturaleza y paisajes vistos desde arriba, unos pedazo fotos que te dan ganas de ponerte las botas y salir a hacerlos tuyos. Pero me pongo a mirar con atención en qué cae mi cumple, que es lo que importa, y ahí empieza el problema, porque les ha dado la manía a los diseñadores de calendarios de no poner el día de la semana y así no hay manera de saber en qué día vives. Cada hoja con dos meses, ¡hala!, todo seguido, unos en negro y otros en rojo, como si se alternaran meses laborables con otros festivos. Y todo en cuatro cuartas de calendario en vertical, lo que me va a obligar a poner un clavo casi en el techo. En fin, que será muy fashion, pero he tenido que ponerme a escribir a mano lunes, martes, miércoles... y a separar los meses... y a meter en un círculo rojo los domingos y fiestas de guardar pera poner orden en la sucesión de los días. Estoy por comprarme un taco de aquellos.
Ya por la noche cambió el tiempo. Se puso a llover, se vaciaron las calles y las luces de tómbola barata que cuelgan de balcón a balcón adquirieron la conciencia de su fealdad cuando se vieron reflejadas en el espejo de la calle.
Era día de Inocentes.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Esta vez, no

Ha comenzado la cuenta atrás de la Navidad. Sigo escribiendo la palabra con mayúscula, porque me sigue emocionando como lo cuenta Lucas, en plan familiar; más que como lo hace Mateo, que se mete en jardines de reyes, inocentes y egipcios. Yo creo que Mateo lo hizo para lucirse en la historia del arte, como inspirador de artistas que veinte siglos después serían convocados a exponer en Las Edades de Hombre. Mi "erasmismo" apenas llega más allá del belén napolitano que han expuesto estos días en el portal de Los Serrano, según se pasa la gorda de Botero a la derecha. Como no se anden con ojo los de seguridad, me lo traigo a casa.
Esta vez, no voy a cumplir con los ritos: no voy a ir por la calle diciendo feliz navidad a todo bicho viviente como un gilipollas, no voy a cenar viendo cómo raphael castiga las cuerdas vocales y se sube medio tono en los sostenidos, no voy a poner colgajos en la puerta ni en la bombilla de la despensa; no pienso comer ni un langostino congelado modelo tigre ni voy a brindar con champandelaviuda, no voy a ponerme a pensar en las navidades de mi infancia para terminar lloriqueando, no voy a escribir el cuentodenavidad de todos los años. Al primero que me cante un villancico, le suelto una copla de la pantoja, que también aparecerá, lo estoy viendo, largando de que se le enamora el alma y la lorza izquierda.
Este año no estoy de buen humor y me ha dado por pensar en los negrazos del centro de Madrid (ayer estuve allí), perseguidos por los municipales defensores de los derechos de las discográficas y las productoras. En las gentes del Sahara, celebrando la vuelta a casa de Aminetu Haidar, la activista con gafitas. En los amigos de Cuba preparando el congrí, el puerco y el ron y haciendo de tripas corazón, ¿hasta cuándo, Raúl?
En fin, que siempre digo que no voy a escribir un cuento de Navidad y ya me estaba saliendo.
Feliz Navidad, amigos, ya veis, como un gilipollas.